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«TELDE NO ES LA AGENDA PARTICULAR DE SU ALCALDE»

Lo lamentable del cambio de fecha del Pleno de Telde es lo que revela sobre la manera de entender el gobierno municipal. Cuando se acuerda un calendario en la Junta de Portavoces y después el alcalde lo modifica unilateralmente, se transmite un mensaje preocupante: los compromisos con los representantes de la ciudadanía quedan subordinados a las prioridades de quien ocupa la Alcaldía.

Según la información aportada, el Pleno ordinario de octubre debía celebrarse el viernes 30, a las nueve de la mañana, conforme a lo acordado la semana anterior. Finalmente, Juan Antonio Peña adelantó la sesión al jueves 29, dejando libre la mañana de la visita del Gobierno de Canarias por el 675 aniversario de la fundación de Telde.

La coincidencia exige explicaciones. Si existía una incompatibilidad entre ambas convocatorias, lo razonable era plantearla a los portavoces, justificarla y acordar una solución. Consultar para después decidir por cuenta propia vacía de sentido el diálogo institucional.

El programa de la visita resulta especialmente ilustrativo. Todo está medido: llegada del presidente a las 10:30, recepción de los portavoces, reseña del cronista, fotografías de familia, traslado a la Casa Condal y unas palabras del alcalde ante los consejeros. A las 10:50 debe haber terminado la recepción.

Hay precisión para organizar los saludos y las fotografías. Esa misma diligencia debería aplicarse al respeto de los acuerdos municipales.

Conviene ser rigurosos: el documento presenta una visita institucional y una reunión del Consejo de Gobierno. Eso, por sí solo, no permite afirmar que se trate de un acto de partido. Pero tampoco impide cuestionar el aprovechamiento político de una convocatoria institucional ni la decisión de acomodar a ella el calendario del Pleno. La afinidad política nunca debería otorgar a una visita más consideración que a los compromisos adquiridos con la corporación.

El Pleno es el espacio donde el gobierno debe responder, la oposición fiscaliza y los asuntos de la ciudad se someten a debate. Su organización merece una consideración que no puede depender de la conveniencia del alcalde. Presidir la institución obliga también a respetar a quienes discrepan y a quienes tienen exactamente la misma legitimidad democrática para representar a los vecinos.

La salida de Héctor Suárez y Pilar Mesa, según lo relatado, hizo visible el desacuerdo con la medida. El resto de la oposición optó por permanecer, pese a compartir el rechazo al cambio. Continuar en sus puestos puede responder a la voluntad de ejercer su labor de control, pero esa permanencia no debe confundirse con conformidad ni servir para restar importancia a lo sucedido.

A mi juicio, el fondo del problema es la confusión entre dirigir un Ayuntamiento y disponer de él. La Alcaldía no convierte los acuerdos colectivos en decisiones provisionales, válidas únicamente mientras encajen en la agenda de su titular. Una institución pierde calidad democrática cuando la consulta se convierte en un trámite y la voluntad del alcalde acaba imponiéndose como única regla.

Peña debe explicar cuándo conoció la programación del viernes, por qué se había acordado previamente celebrar el Pleno ese día y cómo se comunicó después su modificación. Son preguntas concretas sobre una decisión concreta. Responderlas sería una muestra elemental de respeto.

Telde merece celebrar su historia y recibir a las instituciones de Canarias. También merece un alcalde que entienda que la representación de la ciudad empieza por el trato a su propia corporación. El respeto institucional no se acredita posando junto a un presidente: se demuestra cumpliendo la palabra dada a los compañeros de Pleno.

Maribel Castro; directora de canariasinformativa.com

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