Hay imágenes que definen a una ciudad. En Telde, la Fuente Dahora. En Las Palmas de Gran Canaria, la Fuente Luminosa. Durante décadas fueron dos referentes urbanos, dos espacios que daban personalidad a sus respectivos municipios y recibían a vecinos y visitantes como auténticas cartas de presentación.
Hoy, ninguna cumple la función para la que fue concebida.
La Fuente Dahora, situada en la principal entrada al casco histórico de Telde, lleva años fuera de servicio. El propio inventario municipal la cataloga como “no operativa” y el Ayuntamiento ha reconocido que su deterioro es tan importante que primero necesita un estudio para valorar si es posible rehabilitarla y cuánto costaría hacerlo. (Contratación del Estado)
En Las Palmas de Gran Canaria, la histórica Fuente Luminosa ha seguido un camino parecido. Después de más de medio siglo siendo uno de los grandes iconos de la capital, sus problemas estructurales han llevado incluso al Ayuntamiento a plantearse si merece la pena recuperarla o transformar completamente el espacio. (Radio Televisión Canaria)
Las dos historias tienen demasiados puntos en común.
No hablamos de dos bancos rotos o de una farola averiada. Hablamos de monumentos emblemáticos, de obras que forman parte de la memoria colectiva de miles de grancanarios. Sin embargo, durante años han permanecido apagadas, deterioradas y olvidadas mientras los gobiernos municipales, unos y otros, han ido dejando pasar el tiempo.
Porque el abandono no entiende de colores políticos.
En Telde han pasado distintos gobiernos y la Fuente Dahora continúa convertida en un monumento al olvido. En Las Palmas de Gran Canaria también se han sucedido diferentes responsables municipales y la Fuente Luminosa ha terminado siendo una plaza sin el protagonismo que durante décadas le dio nombre.
Resulta llamativo que las administraciones sean capaces de anunciar grandes proyectos, remodelaciones millonarias o nuevas infraestructuras mientras dos de sus símbolos urbanos permanecen fuera de servicio durante años. Si una ciudad no es capaz de conservar aquello que la identifica, difícilmente podrá convencer a sus vecinos de que existe una verdadera política de conservación del patrimonio urbano.
Las fuentes son mucho más que agua. Son historia, identidad, arquitectura y memoria. Cuando permanecen apagadas durante años transmiten un mensaje muy claro: que el mantenimiento ha dejado de ser una prioridad.
Quizá haya llegado el momento de preguntarse si una ciudad moderna consiste únicamente en construir cosas nuevas o también en cuidar aquello que generaciones anteriores levantaron con orgullo.
Porque cuando desaparecen los símbolos, también desaparece una parte del alma de la ciudad.
Y tanto Telde como Las Palmas de Gran Canaria parecen haber permitido, con demasiada facilidad, que dos de sus monumentos más representativos se fueran apagando… hasta desaparecer de la vida cotidiana de sus ciudadanos.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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