Los motivos por los que Jinámar debe aspirar a convertirse en municipio independiente son muchos, profundos y sobradamente conocidos por quienes vivimos o conocemos de cerca la realidad diaria del barrio. No se trata de un capricho, ni de una ocurrencia pasajera, sino de una reflexión que nace del abandono, de la falta de respuestas y de la sensación permanente de que Jinámar sigue estando lejos del centro de las decisiones.
En esta primera parte quiero detenerme en uno de los asuntos que más preocupa a la ciudadanía: la seguridad. Un problema que afecta directamente a la convivencia, al descanso, a la tranquilidad de las familias y a la protección real de los vecinos.
Uno de los principales motivos por los que muchos entendemos que Jinámar debe desmarcarse de Telde es la ineficacia de las actuaciones municipales en el barrio. Una ineficacia que se percibe en prácticamente todas las áreas de gobierno, pero que se hace especialmente grave cuando hablamos de seguridad ciudadana.
Cada poco tiempo asistimos al incendio de contenedores de basura, con el enorme coste económico que ello supone para las arcas públicas. Hablamos de bienes municipales que pagan todos los vecinos. Pero la situación se vuelve todavía más preocupante cuando, además de contenedores, se producen quemas de vehículos u otros actos vandálicos que ya sobrepasan cualquier explicación normal.
A este problema se suma otro no menos importante: el tiempo de respuesta ante cualquier incidente, accidente o emergencia que se produzca en Jinámar. Los efectivos municipales, como norma general, tienen que desplazarse desde Telde, siempre que no estén atendiendo otro servicio urgente en cualquier otro punto del municipio. Esta realidad genera una pregunta inevitable: ¿quién garantiza de verdad la protección del ciudadano en Jinámar?
¿Quién responde ante un acto vandálico? ¿Quién llega a tiempo ante un accidente de tráfico, laboral o doméstico? ¿Quién vela por la seguridad en los pasos de peatones de los centros escolares cuando los efectivos municipales no alcanzan para cubrir todos los colegios? ¿Quién pone orden en las entradas y salidas de los centros educativos, en los puntos conflictivos del tráfico o en las zonas donde el incivismo se ha convertido en rutina?
La seguridad no puede depender de la suerte. Tampoco puede depender de si en ese momento hay una patrulla disponible a varios kilómetros de distancia. Jinámar necesita presencia, cercanía, vigilancia y capacidad de reacción inmediata.
Y no hablamos solo de delincuencia o vandalismo. Hablamos también del cumplimiento de las ordenanzas municipales. ¿Quién controla el mantenimiento de la limpieza en las calles? ¿Quién exige responsabilidad a quienes no recogen los excrementos de sus animales en aceras, jardines o parques? ¿Quién pone freno a los coches aparcados en pasos de peatones, sobre las aceras, en zonas verdes o en espacios donde se impide el paso normal de los vecinos?
Todo esto forma parte de la seguridad y de la convivencia. Porque un barrio seguro no es solo aquel donde no se producen delitos, sino aquel donde existe orden, respeto, limpieza, presencia institucional y respuesta rápida ante los problemas.
Muchos de estos problemas no desaparecerían de la noche a la mañana con la independencia municipal de Jinámar. Sería ingenuo afirmarlo. Pero sí podrían suavizarse y encontrar una respuesta mucho más eficaz si el barrio contara con una Policía Local propia, cercana y vinculada directamente a las necesidades reales de sus vecinos.
Un municipio independiente permitiría planificar los recursos desde Jinámar y para Jinámar. Permitirá que las prioridades no se decidan desde lejos, sino desde la propia realidad del territorio. Permitirá que la seguridad, la limpieza, el tráfico y la convivencia no sean asuntos secundarios, sino ejes centrales de la gestión pública.
Jinámar no pide privilegios. Jinámar pide respeto, atención y soluciones. Y cuando durante años esas soluciones no llegan, es lógico que muchos vecinos empiecen a pensar que el camino pasa por tener voz propia, administración propia y capacidad propia para decidir su futuro.
Porque un barrio con tantos habitantes, tantos problemas acumulados y tantas necesidades pendientes no puede seguir siendo tratado como una periferia olvidada.
Continuará…
Juan Medina, dirigente vecinal.
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