Jinámar merece más respeto institucional. Lo merece por su historia, por su gente, por su peso poblacional y por el potencial económico, social, agrícola, comercial y patrimonial que sigue estando, en demasiadas ocasiones, infrautilizado, olvidado o directamente maltratado por las administraciones públicas.
La pregunta puede sonar atrevida, incluso incómoda para algunos: ¿Jinámar, municipio independiente? ¿Y por qué no? Si otros municipios con menos de la mitad de habitantes cuentan con autonomía, recursos propios y capacidad de decisión sobre su futuro, resulta legítimo plantear por qué una zona como Jinámar, con más de 18.000 habitantes entre el Valle y el pueblo, no puede aspirar a tener mayor protagonismo institucional.
Jinámar no es un barrio menor. Jinámar no es una periferia condenada a esperar migajas. Jinámar tiene población, identidad, territorio, actividad económica, comercio, producción agrícola y ganadera, patrimonio histórico y espacios con enorme capacidad de desarrollo. Lo que falta no es potencial; lo que falta es voluntad política.
Contamos con grandes superficies comerciales, con productores agrícolas y ganaderos que abastecen nuestros mercados, con un mercadillo dominical que, bien gestionado, podría convertirse en una auténtica fuente de ingresos y dinamización económica para la zona. Pero para eso hace falta mirar a Jinámar con ambición, no con resignación. Hace falta defender que las inversiones, los proyectos, las subvenciones y todo aquello que genera riqueza en Jinámar revierta realmente en Jinámar.
No podemos seguir aceptando que nuestro entorno reciba siempre menos de lo que aporta. No podemos conformarnos con un modelo en el que las decisiones se toman lejos de la realidad diaria de nuestros vecinos. Jinámar necesita gestión cercana, planificación seria y una defensa firme de sus intereses.
Además, hablamos de un territorio con recursos patrimoniales y turísticos de primer nivel. Ahí están el gran parque, hoy abandonado y mal cuidado; la Noria, también olvidada; la Casona de la Condesa; y yacimientos arqueológicos de incalculable valor. Todo ese patrimonio podría convertirse en motor cultural, turístico y económico si existieran proyectos reales de mejora, rutas arqueológicas guiadas, recursos adecuados para visitantes y una estrategia seria de promoción.
Jinámar tiene historia suficiente para ser escuchada y futuro suficiente para ser respetada.
Una de las grandes apuestas debería ser la creación de un mercado fijo en el espacio del actual mercadillo, abierto de lunes a domingo y complementado con el rastro dominical. Un lugar donde los productores agrícolas puedan vender directamente sus productos, sin intermediarios, generando economía local, empleo, actividad comercial y orgullo de pertenencia.
Durante demasiado tiempo se ha mirado a Jinámar como un simple barrio dormitorio. Pero Jinámar es mucho más que eso. Es una zona viva, con fuerza social, con recursos, con infraestructuras y con una población que merece decidir sobre su propio desarrollo.
Por eso, plantear Jinámar como municipio independiente no debe verse como una ocurrencia, sino como una reflexión legítima. Tal vez algunos se escandalicen. Tal vez otros prefieran seguir mirando hacia otro lado. Pero lo cierto es que Jinámar tiene motivos de sobra para reclamar más respeto, más inversión y más capacidad de decisión.
Jinámar no pide privilegios. Pide justicia. Pide que lo que se genera aquí se quede aquí. Pide que sus vecinos dejen de ser tratados como ciudadanos de segunda. Pide futuro.
Y ante todo esto, la pregunta sigue en pie: Jinámar, municipio independiente? ¿Y por qué no?
Juan Medina, dirigente vecinal
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