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«JINÁMAR, MUNICIPIO INDEPENDIENTE: ¿SUEÑO EFÍMERO U OPORTUNIDAD HISTÓRICA?»

Hablar de Jinámar como municipio independiente puede parecer, para algunos, un sueño lejano; para otros, una aspiración casi imposible. Sin embargo, para quienes conocen de cerca la realidad del barrio, esta idea no debería despacharse como una simple ocurrencia, sino como una reflexión seria sobre el futuro económico, social y político de una población con enormes posibilidades.

Durante demasiado tiempo, Jinámar ha sido utilizado como caldo de cultivo electoral. Un territorio donde, elección tras elección, se busca acumular votos a cambio de promesas, favores, pequeñas ayudas o migajas institucionales. Esa dinámica ha generado dependencia, conformismo y una peligrosa falta de voluntad colectiva para exigir un cambio profundo.

Y lo cierto es que Jinámar cuenta con condiciones que muchos otros núcleos de población no poseen. Tiene infraestructuras suficientes para plantear una gestión municipal propia. Cuenta con polígonos industriales situados estratégicamente, capaces de generar importantes ingresos. Dispone de áreas comerciales que atraen movimiento de personas, consumo y actividad económica. A todo ello se suman el IBI, el impuesto de circulación, el pequeño comercio local y una larga lista de negocios que demuestran que Jinámar no es un barrio improductivo, sino todo lo contrario: es un territorio con una gran capacidad económica.

La pregunta, entonces, es inevitable: ¿por qué Jinámar no puede aspirar a administrar sus propios recursos?

El problema no está únicamente en las instituciones. También está en una población que, en muchos casos, ha sido acostumbrada a conformarse. Mientras se acepten las migajas que ofrecen los políticos de turno, mientras se mantenga la resignación como forma de vida, Jinámar seguirá entregando el fruto de su esfuerzo para que otros lo gestionen y lo disfruten.

Ser un municipio libre e independiente no significa levantar fronteras ni romper vínculos con nadie. Significa tener capacidad de decisión, gestionar los recursos propios, planificar el desarrollo del territorio y crear oportunidades reales para sus vecinos. Significa dejar de ser un barrio tratado como periferia y empezar a verse como una comunidad con identidad, potencial y derecho a decidir su futuro.

Pero nada de esto será posible si la ciudadanía no despierta. Jinámar necesita decir “basta ya”. Necesita levantarse del sillón de la dependencia, del miedo y del conformismo. Necesita entender que su futuro no puede seguir condicionado por ayudas puntuales, promesas vacías o intereses partidistas.

Jinámar tiene población, actividad económica, suelo estratégico, comercios, industria y capacidad para crecer. Lo que falta es voluntad colectiva, valentía vecinal y una visión clara de futuro.

Porque mientras Jinámar no reclame lo que le corresponde, seguirá siendo fuente de riqueza para otros y no para sí misma. Y ese, precisamente, es el debate que ha llegado el momento de abrir sin miedo.

Juan Medina, dirigente vecinal

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