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«UNA FÁBULA CAMPESTRE DEDICADA A DOS BURRITOS MELLIZOS»

A todos aquellos lectores que nos siguen en ACLARANDO VALSEQUILLO quizás les suene el seudónimo de «Luis Verde». Pues bien, se trata de un simple burrito que «dice residir» en La Barrera y que es hermano mellizo del burrito ‘Regalado», actualmente residiendo en Telde. Esta fábula va por ellos.
 
Había una vez, en un valle bañado por un sol cálido, un burro que vivía aburrido de su miserable vida . Era un burro aparentemente bien instruido, cargado de títulos universitarios, masters, diplomas y condecorado con medallas de fantasía. Sin embargo sentía que su existencia era monótona, insulsa y poco valorada, pero sobre todo, estaba convencido de que «se alimentaba mal».
 
Un día, mientras caminaba junto a una cloaca muy visitada por él, encontró una piel de león que algún cazador había dejado abandonada. Al verla, una idea astuta cruzó por su mente: «Si me pongo esta piel, todos me temerán y podré vivir sin esfuerzo, comiendo los mejores pastos y las mejores zanahorias de toda la comarca’.
 
Sin dudarlo, el burro se cubrió con la piel. Al regresar al pueblo, el efecto fue inmediato: las ovejas corrieron despavoridas, los perros guardias se escondieron bajo las casas y hasta los campesinos, llenos de terror, abandonaron sus cultivos y huyeron, creyendo que un león merodeaba por el lugar.
 
El burro, sintiéndose el amo del valle, comenzó a comer los mejores vegetales del huerto del alcalde. Se sentía poderoso y feliz, riendo por dentro ante su ingeniosa treta. Sin embargo, al ver a una hermosa burrita pastando cerca, olvidó su disfraz y salió corriendo hacia ella.
 
Lleno de alegría y queriendo llamar su atención, intentó relinchar con orgullo, pero, al abrir el hocico, lo que salió fue un rebuzno fuerte, sonoro y característico de su especie: «¡i-aaaa, i-aaaa, i-aaaa!»
 
El silencio que siguió fue absoluto. Y sonaron las alarmas. Los aldeanos, que escuchaban escondidos, reconocieron al instante el sonido. La mayoría salieron de sus escondites gritando, enfurecidos por haber sido engañados.
 
El burro, al verse descubierto, salió huyendo a toda velocidad, perdiendo la piel de león por el camino y regresando a su penosa y lamentable vida de siempre, cerca de las cloacas (su hábitat habitual), siendo señalado y repudiado por todos los que le han tratado en el pasado. Quienes le conocen dicen que, por esta vez, el cansancio y el desgaste es mucho mayor, que se lleva bien aprendida una vergonzante lección que le está haciendo mucha mella en su ánimo y su depauperado prestigio.
 
Moraleja: El hábito no hace al monje, y quien intenta engañar a los demás fingiendo ser quien no es, tarde o temprano termina revelando su verdadera naturaleza.
 
Aclarando Telde

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