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«TELDE, ENTRE LA ESCOBA DE PLATINO Y LA BASURA DE CADA SEMANA»

La imagen no es una excepción. Es la postal repetida de una ciudad donde los enseres, los escombros, la poda y la falta de conciencia vecinal conviven con una gestión municipal que parece llegar siempre tarde.

Hay fotografías que no necesitan demasiada explicación. Basta mirarlas para entender que algo falla. Y falla mucho. Un colchón tirado en plena calle, restos de muebles, cajas, sacos, basura acumulada, palos de grandes dimensiones, televisores destripados y contenedores rodeados de residuos como si aquello fuera un vertedero improvisado. Esta imagen, desgraciadamente, no es una escena aislada ni una casualidad de un mal día. Según denuncian vecinos de la zona, estampas como esta se repiten prácticamente cada semana.

El Ayuntamiento de Telde anuncia mediante carteles que la recogida de enseres se realiza los lunes y jueves. Sobre el papel, todo parece organizado. En la realidad, no siempre ocurre así. Hay semanas en las que no se pasa, y en ocasiones los residuos permanecen acumulados durante muchos días, incluso durante dos semanas. Pero el problema no termina ahí, porque lo que se deposita en estos puntos no son solo enseres domésticos. También aparecen sacos de escombros, restos de obras particulares, poda de jardines privados, ramas, maderas, palos de gran tamaño y residuos que, normalmente, no entran dentro de la recogida ordinaria.

Y ahí está el drama: unos ensucian, otros miran para otro lado y el Ayuntamiento no consigue imponer orden.

Porque es evidente que hay ciudadanos que actúan con una absoluta falta de respeto hacia los demás. Llegan, descargan y se marchan. Algunos, según se denuncia, ni siquiera son vecinos del lugar. Aparecen con furgones, dejan sacos de escombros o restos de trabajos particulares y convierten una calle en un depósito clandestino. Pero también es evidente que una administración pública no puede limitarse a lamentarse ni a esperar que el civismo brote solo por generación espontánea.

La Concejalía de Limpieza del Ayuntamiento de Telde no está únicamente para recoger premios, hacerse fotos o presumir de reconocimientos como la llamada escoba de platino. Está para gestionar, inspeccionar, corregir, sancionar cuando haga falta y, sobre todo, educar. Porque en estos tres años de gobierno municipal no se ha visto una campaña seria, constante y eficaz de sensibilización ciudadana en aquellos puntos donde se sabe perfectamente que existe un problema repetido de falta de concienciación vecinal.

No basta con poner un cartel diciendo que los enseres se recogen lunes y jueves. Hay que explicar qué se puede dejar, qué no se puede dejar, cómo se debe avisar, dónde deben llevarse los escombros, qué ocurre con la poda particular y cuáles son las consecuencias de abandonar residuos en la vía pública. Y después de informar, hay que vigilar. Y después de vigilar, si se incumple, hay que actuar.

Porque una ciudad no se limpia solo con camiones. Se limpia también con autoridad, con pedagogía, con presencia en la calle y con una gestión que no se esconda detrás de los comunicados oficiales. Telde necesita una política de limpieza real, no una limpieza de escaparate. Necesita inspección en los puntos negros, seguimiento de los lugares donde se repite el abandono de residuos, control sobre quienes descargan escombros de manera ilegal y campañas que recuerden a los ciudadanos que la calle no es una prolongación del trastero ni del solar particular de nadie.

La imagen duele porque resume una forma de gobernar: la de reaccionar tarde, recoger cuando ya el daño está hecho y permitir que determinados lugares se conviertan en espacios degradados semana tras semana. Y duele también porque refleja una falta de respeto de parte de algunos ciudadanos hacia sus propios barrios.

Telde no puede conformarse con tener un cartel. Telde necesita gestión. Necesita conciencia. Necesita limpieza. Y necesita que la Concejalía responsable entienda que el prestigio no se mide por los premios que se exhiben, sino por las calles que los vecinos pisan cada día.

Porque mientras unos celebran reconocimientos, otros conviven con colchones, escombros, basura y abandono. Y esa es la verdadera fotografía de una ciudad que merece mucho más.

Juan Santana, periodista y locutor de radio

Un comentario

  1. Alucina de la manada de guarros, dónde está la policía para detener a estos hediondo manada de basura de ciudadanos que les gusta vivir entre pocilga. Dónde están los vecinos que no sacan fotos de esas personas tirando toda esa mierda, me imagino como tendrán sus casas.

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