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«ESTO NO ES UN HOTEL, AQUÍ NO SE VIENE A MESA PUESTA»

Año 2022. No recuerdo muy bien cómo di con Drago Canarias, si fue porque lo leí en prensa, lo vi publicado en redes sociales o alguna conocida me habló del incipiente proyecto político. Me da a mí en la chopa que fue un pisquito de las tres. El caso es que me vibró en mis adentros, punzada en el corazón mediante, después de tanto desamor con opciones políticas con las que me había ilusionado y por supuesto votado.

Un partido progresista, soberanista, que tiene el legítimo anhelo de que Canarias sea el paraíso que soñamos para nuestras chinijas, con el drago de fondo como el que me había tatuado en 2018 en mi costado izquierdo, con siete ramas que eran una por cada isla —que me perdone La Graciosa— y por cada persona de mi familia a la que quiero con locura y de forma incondicional.

“Les voy a escribir un correo, a ver si me responden, porque quiero participar”, le dije a mi amiga Alejandra cuando vivía en Lanzarote. “Tiene buena pinta”, me contestó ella. Tenía mucho hartazgo encima por entonces, con la clase dirigente y sus amigotes de la patronal. Llevo más de 10 años trabajando en el ámbito jurídico, de los cuales gran parte los he dedicado a prestar servicios para diferentes entidades y organismos públicos, viéndome en la obligación de lidiar con los intereses espurios de muchos políticos y empresarios.

Contratos adjudicados a dedo bajo la excusa de los patrocinios y su retorno de la inversión, de los derechos exclusivos de propiedad intelectual e industrial o por razones técnicas. Convocatorias de subvenciones pervertidas con criterios subjetivos o concedidas de forma directa con la excusa del interés público. Medios de comunicación que organizaban un evento al que había que soltar perras, sí o sí, so pena de acabar brutalmente criticados. Planes de ordenación modificados en función de los intereses de la especulación urbanística y la masificación turística. ¿Sigo? ¿Les suena?

Nada de lo anterior es ilegal, pero sí es profundamente inmoral, obsceno, salvaje y contrario a los intereses de una población trabajadora a la que cada vez le cuesta más llegar a fin de mes, con la cesta de la compra por las nubes, los precios de la vivienda disparatados y los servicios públicos por el piso. ¿Cómo se llegó hasta aquí? Pregúntenselo a quienes llevan gobernando estas Islas desde hace más de 40 años.

Mi rabia no era solo con la derecha nacionalista —qué puede uno esperar de ella…—, sino con aquellos partidos progresistas y nacionalistas que habían obtenido MUCHA representación institucional en todo tipo de esferas de poder. Ayuntamientos como Las Palmas de Gran Canaria, cabildos como el de Gran Canaria y gobiernos como el de Canarias. Estamos hablando de cientos de personas que pudieron haber materializado el deseo que tenía gran parte de la población canaria para frenar un modelo de masificación turística que, con cada día que pasa, nos empobrece más y más, destruye nuestro territorio y diluye nuestra identidad canaria como azucarillo botado en buchito de café.

Nada de eso ocurrió. Para sorpresa, decepción y frustración de muchas personas canarias, fuimos viendo cómo aquella gente apretó a fondo el acelerador del monocultivo turístico, la depredación del territorio y la precarización de nuestros servicios públicos. Fue en esta época cuando comenzaron las campañas de promoción para atraer hordas de nómadas digitales a nuestras islas, cuando se aprobaron instrumentos de ordenación para levantar decenas de miles de camas turísticas, cuando se aumentaron las concesiones a la sanidad privada y se externalizaron servicios públicos como los de limpieza o seguridad. ¿Unidad de qué y para qué? Esa es la gran pregunta que muchas personas nos hacemos.

“Me respondieron, Alejandra. Que hagamos una videollamada”. Desde entonces, llevo cuatro años sin parar, con reuniones, asistiendo a actos, pateando la calle, fundiendo postes con pegatinas, convenciendo a familiares, amistades y compañeros de curro para que militen, yendo a la radio, participando en manifestaciones, redactando artículos, notas de prensa, comunicados, formularios, documentos, propuestas y alegaciones, compartiendo por redes sociales o grabando vídeos. La edición todavía no es lo mío, pero al golpito se andará. Y desde aquí, mi mayor admiración por nuestro equipo de Prensa y Comunicación.

Lo que yo hago, en mayor o menor medida, lo hacen centenares de personas en las ocho islas. Cada una con el tiempo, los recursos y energía que pueden dedicarle, porque todas trabajamos, estudiamos o hacemos las dos cosas al mismo tiempo, además de las respectivas responsabilidades familiares, sociales y personales, que no son pocas. Pero militar en un espacio que ilusiona, motiva y en el que hay compañerismo y buen rollo hace posible no decaer. Ayuda mucho. Por eso, no hay semana en el año que no produzcamos numerosos contenidos.

Es lógico que quienes han vivido del cuento, la sopa boba y la vieja política se dediquen a decir que nos financian hoteleros o partidos políticos de corte caciquil. LOL. No entienden cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí sin tener detrás un chorro de asesores y cuentas bancarias. La táctica del ventilador, para que desparrame bien la mierda y nos acabe alcanzando el “todos son iguales”. Así se aseguran que gobierne la misma gente que nos tiene sumidas en la más absoluta miseria.

Pues mire, señoro o señorona, que usted haya sido incapaz de hacer algo digno por nuestro Archipiélago tiene mucho que ver con que, si no fuese por la trincadera y la mamanza política, no podría pagarse la hipoteca; porque no tiene ni un año cotizado en la privada. Por eso prefiere un pacto de sumisión con el PSOE, Coalición Canaria o PP a que llegue Drago Canarias con un programa de transformación real que revierta la situación miserable en la que se encuentra la mayoría de la población canaria.

Con perspectiva histórica, ojalá se estudie en las facultades y se comente en las barras de los bares todo el tiempo que dedicaron muchos de nuestros adversarios políticos —y sus amigos de la patronal— a frenar a Drago Canarias, mientras nosotras nos dedicábamos a trabajar, currar y bregar con el pisquito de tiempo libre que tenemos y 30.000 votos en tan solo seis meses de existencia como aval. Con más valentía, dignidad y honradez que nadie.

Y si alguien quiere compartir pella y vino con nosotras, que se ponga a amasar el gofio y a pisar la uva. Hay gente a la que no se le conoce programa para Canarias. Otra gente no sabe situar Canarias en un mapa. Después viene gente que no ha hecho ni una pizca de autocrítica después de haber hipotecado el futuro de Canarias. Pues como bien dice el refranero popular, quien quiera lapas que se moje el culo. Y como bien dice mi madre, esto no es un hotel, aquí no se viene a mesa puesta. Así que ya saben, nosotras no vamos a ser el tonto útil de nadie, así que pónganse a trabajar y dejen de dar vergüenza ajena.

Luis de la Barrera, portavoz de Drago Gran Canaria

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