Alejandro Guerra y Florentino López Castro protagonizan una edición intensa del programa de Juan Santana en Onda Guanche, entre la denuncia política, la reflexión sobre Canarias y la defensa de un periodismo libre y combativo.
No todo se publica. No todo se dice. No todo se cuenta. Pero, como volvió a quedar claro esta semana en El Pulso, la verdad sigue estando ahí, esperando a que alguien la nombre sin miedo. Y en esa tarea insistió una vez más el programa que conduce Juan Santana Hernández en la radio digital de Onda Guanche, con una edición marcada por dos conversaciones de fondo, de esas que obligan a escuchar con atención, pensar despacio y sacar conclusiones sin que nadie las mastique.
El programa arrancó con una declaración de intenciones que ya es marca de la casa: periodismo sin censura, verdad sin disfraz y una voluntad firme de llegar donde otros se detienen. Con ese espíritu se abrió una emisión que unió dos planos que, en realidad, terminan tocándose: el análisis de lo que ocurre en Canarias y la defensa de un modelo de comunicación libre, incómodo y sin obediencias.
El primer invitado fue Alejandro Guerra, abogado y escritor del libro Canarias vendida. Así se está gestionando la entrega, que regresó a los micrófonos de El Pulso para abordar uno de los asuntos que más revuelo ha generado en las últimas semanas: la presunta trama de empadronamientos irregulares detectada en Telde y también en Ingenio. Antes de entrar de lleno en materia, Guerra hizo balance de su paso por la Feria del Libro de Telde, donde aseguró haberse llevado una sensación positiva tras el contacto directo con los lectores y la venta de ejemplares de una obra que, según él mismo reconoció, no busca entretener sino incomodar y obligar a mirar de frente realidades que muchos prefieren esquivar.
A partir de ahí, la conversación subió de temperatura. Guerra sostuvo que el caso investigado encaja “como un guante” en la tesis que desarrolla en su libro y defendió una interpretación política y geoestratégica de fondo sobre el futuro de Canarias. A lo largo de la entrevista, fue enlazando el asunto de los empadronamientos presuntamente fraudulentos con una visión mucho más amplia sobre inmigración, identidad, control territorial y decisiones políticas que, a su juicio, se están tomando desde hace años de forma silenciosa. Sus palabras dibujaron un escenario inquietante, duro y abiertamente polémico, en el que alertó de una supuesta aceleración de procesos que, según su análisis, podrían tener consecuencias profundas para el archipiélago.
Más allá de compartir o no sus tesis, la entrevista dejó uno de esos momentos que definen el estilo de El Pulso: micrófonos abiertos a discursos incómodos, preguntas directas y espacio para que el oyente saque sus propias conclusiones. Juan Santana condujo la conversación con ese tono que mezcla cercanía, interés periodístico y voluntad de ir al fondo, dejando que el invitado desarrollara sus argumentos sin atajos ni maquillaje.
Tras un primer bloque cargado de política, derecho y reflexión territorial, el programa giró hacia otro asunto distinto en la forma, pero muy conectado en el fondo: el papel del periodismo y la evolución de los medios en un tiempo en el que la batalla por el relato también se libra en la pantalla del móvil. Ahí entró en escena Florentino López Castro, director de Onda Guanche, para explicar la nueva etapa de la plataforma digital.
La entrevista sirvió para presentar oficialmente la renovación estética y tecnológica del diario digital, que da un paso al frente con una web más moderna, visual, rápida y adaptada a los hábitos actuales de consumo informativo. Pero Florentino dejó claro desde el primer minuto que el cambio no es una operación cosmética. La piel puede ser nueva, vino a decir, pero la esencia sigue intacta: libertad, cercanía a la calle, independencia y vocación de contar lo que otros prefieren callar.
Durante la conversación, el director de Onda Guanche explicó que la transformación responde a una necesidad real de adaptación a los nuevos tiempos, en los que internet, el móvil y la inmediatez marcan el pulso del consumo informativo. Habló de servidores, velocidad, agilidad y experiencia de usuario, pero también de algo más importante: identidad. Reivindicó el valor de una marca construida desde hace años, vinculada a un periodismo que no depende de permisos ni de tutelas políticas, y subrayó que esa libertad es precisamente lo que diferencia a Onda Guanche en un ecosistema mediático cada vez más uniformado.
Florentino defendió además que el nuevo formato no supone una renuncia, sino un refuerzo. Más limpio, más legible y más funcional, sí, pero con el mismo compromiso de siempre. En ese punto, la entrevista dejó algunas de las reflexiones más interesantes del programa sobre el presente del periodismo local, el peso creciente de la radio digital, la importancia de las redes de difusión y el valor de conservar una hemeroteca sólida en tiempos donde algunos medios, pese a disponer de recursos, pierden memoria por el camino.
También hubo espacio para el reconocimiento mutuo, para subrayar el crecimiento del proyecto y para poner en valor una forma de hacer comunicación desde la pasión, la implicación personal y la vocación. Una conversación serena, pero con mensaje claro: en Onda Guanche se puede cambiar el envoltorio, mejorar la herramienta y actualizar la maquinaria, pero no se negocia el alma del proyecto.
Así, El Pulso volvió a construir un programa con dos entrevistas muy distintas, aunque unidas por un mismo hilo conductor: la necesidad de contar lo que pasa sin pedir permiso. Primero, con una conversación áspera, provocadora y de fuerte carga política sobre el presente y el futuro de Canarias. Después, con una reflexión sobre el lugar que debe ocupar un medio libre en un panorama donde muchas cabeceras se parecen demasiado entre sí.
El resultado fue una edición densa, viva y claramente reconocible en el sello del programa: ir al fondo, abrir debate y no conformarse con la versión cómoda de las cosas. En tiempos de titulares de usar y tirar, El Pulso volvió a apostar por la palabra, la conversación y la verdad dicha de frente.
Juan Santana Hernández cerró la emisión con la promesa de regresar la próxima semana. Y con la sensación de que, mientras haya cosas que no se publican, no se dicen o no se cuentan, seguirá habiendo motivos para encender el micrófono.
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