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‘EL PULSO’ DE JUAN SANTANA EN ONDA GUANCHE DEVUELVE EL MICRÓFONO AL PADRE BÁEZ EN UN EMOTIVO HOMENAJE A SU VIDA Y SU VOZ

Juan Santana Hernández recupera en la radio digital de Onda Guanche una entrevista de cincuenta y cinco minutos que reúne los recuerdos, la fe, las heridas y el legado del sacerdote.

Hay entrevistas que, con el paso del tiempo, adquieren un significado distinto. Las palabras permanecen, pero escucharlas cuando su protagonista ya no está convierte una conversación en un encuentro con la memoria. Eso ocurrió en «El Pulso», el programa de la radio digital de Onda Guanche que presenta Juan Santana Hernández, con una emisión dedicada al recuerdo del padre Fernando Báez.

El periodista abrió el programa desde el cariño y la amistad, anunciando la recuperación de una entrevista de cincuenta y cinco minutos en la que el sacerdote había hablado de su vida sin esconder sus emociones. «Hoy no vamos a hablar del padre Báez, vamos a dejar que sea él quien vuelva a hablarnos», expresó Santana antes de devolverle simbólicamente el micrófono.

La conversación permitió reencontrarse con un Fernando Báez cercano, espontáneo y de carácter reconocible. Al repasar sus cincuenta años de sacerdocio, explicó que su vocación se había construido con la educación familiar, la formación recibida y su disposición a servir. Decir sí, abrir puertas y atender a quienes acudían a él eran, según relató, los principios que habían marcado su camino.

Uno de los momentos más emotivos llegó al recordar su salida de las parroquias de Lomo Magullo, Cazadores y La Breña. Báez describió aquella separación como una pérdida profundamente dolorosa: sentía que le habían arrebatado a su familia espiritual. El recuerdo del regreso a Lomo Magullo, del encuentro con sus feligreses y de los aplausos con los que lo recibieron dejó al descubierto una herida que seguía abierta.

También expuso su versión sobre sus enfrentamientos con responsables políticos y eclesiásticos. Fueron sus propias palabras las que reflejaron cómo había vivido aquellos episodios. Su idea del sacerdocio incluía tanto anunciar el Evangelio como denunciar lo que consideraba injusto, aunque esa actitud le hubiera ocasionado conflictos.

Sin embargo, junto al dolor apareció reiteradamente el perdón. Aseguró que no guardaba rencor y que podía saludar y abrazar a quienes consideraba responsables de su sufrimiento. La fe y la obediencia, explicó, lo habían sostenido en los momentos de mayor soledad.

La entrevista evocó también los años compartidos en la radio, con recuerdos de Mara González, Santiago García Ramos y Ramón Álvarez. Entre anécdotas y muestras de afecto, Báez defendió la radio como compañía, información, formación y cercanía: una presencia cotidiana capaz de llegar a quienes necesitan escuchar una voz amiga.

Hubo espacio para su labor espiritual en San Juan de Dios y en la Obra Social de Jesús Abandonado, para su relación con el entonces antiguo colaborador y después alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, y para su dedicación a la escritura. Al preguntarle cómo quería ser recordado, señaló sus más de treinta libros como una huella que deseaba dejar a quienes quisieran conocerlo después de su muerte.

El cierre adquirió una especial fuerza en esta nueva escucha. Fernando Báez se despidió bendiciendo al presentador y a los oyentes, y deseando que la emisora siguiera acompañando a la gente.

Juan Santana Hernández recogió esa despedida con emoción y agradecimiento. «El Pulso» convirtió así una entrevista recuperada en un homenaje íntimo: el recuerdo de un sacerdote que encontró en la radio otra manera de estar cerca de los demás y de un amigo cuya voz todavía tiene mucho que contar.

 

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