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EL PUENTE DE LOS SIETE OJOS EN TELDE: UN MONUMENTO HISTÓRICO CONVERTIDO EN VERTEDERO MES Y MEDIO DESPUÉS DE LAS FIESTAS SAN JUAN

Las imágenes hablan por sí solas. A los pies del histórico Puente de los Siete Ojos, una de las obras de ingeniería más emblemáticas de Telde y símbolo del patrimonio de la ciudad, continúan acumulados los restos de la Hoguera Municipal de San Juan. Han pasado más de seis semanas desde la noche del 23 de junio y el paisaje sigue siendo el mismo: montañas de cenizas, maderas quemadas, escombros y residuos esparcidos por el cauce del barranco.

Resulta difícil comprender cómo un espacio de semejante valor histórico y cultural puede ofrecer este aspecto en pleno mes de agosto.

La paradoja es evidente. El Ayuntamiento anunció con orgullo la habilitación de este enclave, junto al Puente de los Siete Ojos, como punto oficial para el acopio de materiales de la hoguera, asegurando que la iniciativa se desarrollaría con respeto al entorno y bajo criterios de seguridad y sostenibilidad. 

Sin embargo, la realidad actual contrasta con aquel discurso institucional.

La pregunta es inevitable: ¿quién es el responsable de que los restos permanezcan abandonados durante tanto tiempo?

Si se trata de residuos derivados de un acto organizado por el Ayuntamiento, la responsabilidad de su retirada corresponde al propio Consistorio. La limpieza viaria y la recogida de residuos forman parte de las competencias municipales, adscritas al área que dirige María González Calderín, mientras que la organización de la Hoguera Municipal dependió de la Concejalía de Festejos. 

No se trata únicamente de una cuestión estética. El Puente de los Siete Ojos, construido en el siglo XIX y considerado uno de los elementos patrimoniales más representativos de Telde, merece un entorno digno. El panel informativo instalado junto al monumento recuerda su importancia histórica, pero basta con levantar la vista para encontrarse con un escenario impropio de un espacio patrimonial.

La imagen proyecta una sensación de abandono institucional. Si un visitante llega hasta este lugar para conocer uno de los monumentos más importantes del municipio, lo primero que encuentra no es historia, sino un vertedero improvisado.

La limpieza de un espacio utilizado por el propio Ayuntamiento para una celebración oficial no debería convertirse en un asunto pendiente durante semanas. Si hubo capacidad para organizar la hoguera, también debería haberla para devolver el lugar a su estado original una vez finalizada la fiesta.

Porque las fiestas duran una noche.

El patrimonio histórico, en cambio, debe cuidarse los 365 días del año.

Juan Santana, periodista y locutor de radio

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