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«CIUCA Y JUAN ANTONIO PEÑA: EL ALCALDE CONDUCE, PERO EL PARTIDO GUARDA LAS LLAVES»

El problema es que en política las llaves empiezan a hacer ruido cuando llega la hora de decidir quién conduce el siguiente mandato. No hay una ruptura formal, pero el camino hacia 2027 ha abierto un pulso silencioso entre el poder electoral del alcalde y el control orgánico de Daniel Reyes.
 
En la política de Telde existe una regla bastante fiable: cuando todos se esfuerzan demasiado en explicar que no pasa nada, conviene acercarse un poco porque, probablemente, algo está pasando. No necesariamente una guerra, ni una ruptura, ni uno de esos divorcios políticos con comunicado, lágrimas de cocodrilo y reparto de asesores. A veces se trata simplemente de dos poderes que conviven bajo el mismo techo mientras cada uno comprueba, discretamente, a nombre de quién está escriturada la casa.
 
Eso es lo que parece estar ocurriendo entre CIUCA y su principal activo electoral, Juan Antonio Peña.
 
No hay constancia de que el alcalde haya abandonado el partido, de que se haya iniciado un expediente contra él ni de que CIUCA haya buscado oficialmente otro candidato. Peña continúa siendo vicepresidente de la formación, alcalde de Telde y una de las figuras destacadas de Primero Canarias. El matrimonio político sigue en pie. Otra cosa es que duerman siempre en la misma habitación estratégica.
 
La distribución de poderes quedó definida en enero de 2025. Daniel Reyes asumió la presidencia de CIUCA y Juan Antonio Peña pasó a ocupar la vicepresidencia. El reparto parecía perfecto: Reyes cuidaba el partido y Peña gobernaba la ciudad. Uno administraba las siglas y el otro los votos. Uno tenía la llave de la sede y el otro la de la Alcaldía.
 
El problema es que en política las llaves empiezan a hacer ruido cuando llega la hora de decidir quién conduce el siguiente mandato.
 
Daniel Reyes aseguró en mayo que mantener a Peña como candidato en 2027 constituía una «línea roja». Llegó a afirmar que CIUCA preferiría concurrir en solitario antes que aceptar una alianza que apartara al alcalde. El respaldo parecía blindado, lacrado y entregado ante notario. Pero, casi al mismo tiempo, dejó una frase bastante menos ceremonial: «Hay cuestiones que el alcalde gestiona de una manera y el partido de otra».
 
Reyes explicó que compartía el 99 % de las decisiones de Peña. Una cifra aparentemente tranquilizadora. Aunque la historia demuestra que los grandes problemas políticos suelen instalarse precisamente en ese 1 % restante, el mismo espacio diminuto donde caben una candidatura, un pacto electoral, varios puestos de salida y algún compañero convencido de que merece seguir cobrando por servir a la ciudadanía.
 
Peña tampoco ayudó demasiado a despejar las incógnitas. En una entrevista concedida a El Pulso afirmó que no sabía dónde estaría dentro de un año y dejó abierta la posibilidad de ocupar otra responsabilidad institucional. Acto seguido elogió generosamente a Daniel Reyes, de quien aseguró que «quedaría bien donde quisiera estar». En política, cuando un dirigente no confirma su candidatura y dedica flores al presidente de su partido, los analistas empiezan a escuchar música de sucesión, aunque después resulte que solamente estaba sonando la radio.
 
Más tarde, Peña manifestó su deseo de repetir como candidato, siempre que CIUCA lo decidiera. Y ahí aparece el verdadero nudo: Juan Antonio Peña quiere continuar, pero la proclamación formal no le corresponde exclusivamente a Juan Antonio Peña.
 
La incorporación a Primero Canarias ha añadido otra planta al edificio. Dentro de CIUCA, Daniel Reyes es el presidente y Peña el vicepresidente. Sin embargo, en Primero Canarias el alcalde de Telde ocupa una vicepresidencia relevante, mientras Reyes figura como miembro del Consejo Político. Dicho elegantemente: en la casa local manda orgánicamente Daniel Reyes, pero en el nuevo hotel municipalista la suite principal teldense la ocupa Juan Antonio Peña.
 
Esta inversión de jerarquías no prueba una enemistad, pero tampoco parece la receta más adecuada para evitar pequeñas indigestiones políticas. Peña dispone ahora de una plataforma, unas relaciones y una proyección que van más allá de CIUCA. Su futuro ya no depende únicamente de la estructura local, mientras que la supervivencia electoral de CIUCA sí depende, en buena medida, de la popularidad de Peña.
 
El episodio de Juan Martel terminó de enseñar las costuras. El concejal afirmó públicamente que se trabajaba en una candidatura conjunta entre CIUCA y Coalición Canaria, encabezada por Peña. Apenas unas horas después, Daniel Reyes salió a negar que la Presidencia o la Junta Directiva de CIUCA hubieran mantenido esas conversaciones. Además, recordó que cualquier negociación debía ser autorizada por los órganos del partido.
 
El comunicado pretendía cerrar el asunto, pero dejó una ventana abierta de par en par: admitió que las palabras de Martel podían proceder de conversaciones particulares con «algún integrante» de CIUCA. El partido no reveló el nombre. Quizá por discreción, quizá porque en Telde también existen los secretos a voces y no conviene estropearlos pronunciándolos en público.
 
Solo caben dos explicaciones. O Martel convirtió una charla informal en una candidatura electoral completa, o alguien estaba explorando acuerdos sin que la dirección de CIUCA hubiera dado todavía su bendición. En ambos casos, la conclusión es la misma: el alcalde, el partido y sus posibles compañeros de viaje no estaban utilizando exactamente el mismo navegador.
 
De momento no existe una batalla abierta por la candidatura. Tampoco hay pruebas de que Daniel Reyes pretenda sustituir a Peña; sus declaraciones públicas sostienen justamente lo contrario. Lo que sí existe es una discusión soterrada sobre quién tendrá la última palabra, qué siglas aparecerán en la papeleta, hasta dónde llegará Primero Canarias, qué espacio ocupará Coalición Canaria y si Juan Martel entrará en el futuro proyecto con invitación oficial, pase de cortesía o silla reservada junto al escenario.
 
La relación se mantiene porque ambos se necesitan. CIUCA posee la organización, los concejales y una implantación construida durante años. Peña tiene la Alcaldía, el escaparate institucional y un tirón personal que, según distintos análisis políticos, supera actualmente al de la propia marca. Romper sería un mal negocio para los dos: el partido perdería a su mejor candidato y el alcalde tendría que levantar una estructura electoral nueva cuando la campaña ya empieza a asomar por la esquina.
 
Por tanto, no estamos ante un divorcio. Estamos ante una pareja política en régimen de separación de poderes: comparece unida en las fotografías, comparte el 99 % de las decisiones y reserva el 1 % restante para discutir quién manda realmente.
 
Tras el verano, CIUCA deberá reunir a sus órganos y comenzar a definir la estrategia de 2027. Entonces se comprobará si Juan Antonio Peña vuelve a ser proclamado sin sobresaltos, si la marca queda integrada en una candidatura más amplia o si aparecen diferencias que hasta ahora han sido envueltas en elogios, sonrisas y comunicados cuidadosamente redactados.
 
En Telde llevan años esperando la apertura de instalaciones municipales que siempre están a punto de abrir. La precampaña, en cambio, ha abierto puntual. Y dentro de CIUCA ya se escucha el ruido de las llaves.
 
Juan Santana, periodista y locutor de radio

2 respuestas

  1. como siempre,la manipulación está en la sombra,y se hace lo que diga la sombra,el alcalde no tiene protesta ninguna y lo manipulan,de ahí que todas las promesas que hizo, no se pueden cumples

  2. El alcalde habla mal de los Reyes está endiosado y eso paraliza la confiesa de Daniel. El alcalde está endiosado y pasará factura en las urnas porque no ha dado respuesta a las necesidades del
    Municipio solo fiestas.

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