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«RADIO LAS PALMAS NO NACIÓ AYER: PERDÓN A LAS VOCES QUE JAMÁS DEBIERON QUEDAR EN SILENCIO»

Una emisora puede morir dos veces: cuando apartan su nombre y cuando se olvida a quienes la hicieron grande. Este segundo artículo pretende corregir una injusta omisión y devolver a los pioneros de EAJ-50 el lugar que siempre les corresponderá.

Muchas personas me han escrito y han hablado conmigo después de la publicación de mi anterior artículo, «Adiós a Radio Las Palmas: han apagado el nombre de la radio decana de Canarias»⁠.

Además de felicitarme y compartir la tristeza por lo ocurrido, varias de ellas me hicieron una observación tan justa como dolorosa: al despedir a Radio Las Palmas olvidé mencionar a muchos de los profesionales que fueron su voz, su fuerza y su alma desde mucho antes.

Y tenían razón.

Mi artículo nació del dolor, pero el dolor no puede servir de excusa para dejar nombres fundamentales fuera de la historia. Si denunciamos que una dirección empresarial intenta relegar el nombre de Radio Las Palmas, no podemos cometer nosotros otra injusticia relegando a quienes la construyeron.

Por eso hoy no vengo a justificarme. Vengo a pedir disculpas.

Pido perdón a sus familiares, a sus compañeros, a quienes todavía conservan sus voces en la memoria y a todos aquellos que saben que EAJ-50 Radio Las Palmas no apareció de repente ni comenzó su historia con las generaciones que después recibieron las llaves de sus estudios.

Radio Las Palmas ya tenía historia, prestigio y solera cuando algunos de quienes hoy administran su legado ni siquiera habían nacido.

En el artículo anterior destaqué, con todo merecimiento, la extraordinaria figura de Mara González. Y no retiro ni una sola palabra. Mara fue inmensa, solidaria, cercana y convirtió el micrófono en una herramienta para ayudar a quienes más lo necesitaban.

Pero colocar a Mara en el lugar que merece no puede significar borrar a quienes estuvieron antes ni olvidar a quienes compartieron con ella décadas de radio. La memoria no es una tarta que haya que repartir en pequeñas porciones: reconocer a unos no obliga a disminuir a los demás.

La propia biografía de Mara recuerda que se incorporó como locutora de mesa a EAJ-50 Radio Las Palmas el 5 de marzo de 1966. También recoge su colaboración en espacios de Fernando Goyena y José María Ayaso, como La Caravana de la Simpatía y El Musical de Canarias. Es decir, Mara llegó a una emisora que ya tenía vida, oficio y nombres propios, y desde allí engrandeció todavía más una historia que otros habían comenzado mucho antes. Así consta en su trayectoria profesional⁠.

Entre aquellos nombres se encuentra, obligatoriamente, el de José María Ayaso Martínez. Una voz inseparable de la radio canaria y de la historia de la Unión Deportiva Las Palmas. Fue Ayaso quien estrenó por las ondas de Radio Las Palmas la grabación original del himno del equipo amarillo, realizada en los antiguos estudios de la emisora.

Y ahí aparecen también Gonzalo Monasterio, autor de la letra, y el maestro José Peón Real, compositor de la música. Tal vez hoy algunos piensen que la historia comienza cuando se diseña un logotipo nuevo, pero aquellos hombres ayudaron a crear algo mucho más difícil: una emoción colectiva. La propia UD Las Palmas conserva la historia de aquel estreno radiofónico⁠.

También está Fernando Goyena, otra de las grandes voces de aquella época; Reinaldo Montesdeoca Ramos; Felo Suárez; Santiago García Ramos; Laly Sánchez; David Hatchuell y tantos otros profesionales, locutores, periodistas, realizadores, técnicos y colaboradores sin los cuales Radio Las Palmas jamás habría llegado a ser la emisora que fue.

No todos estaban delante del micrófono. Algunos permanecían detrás de un cristal, junto a una mesa de sonido, pendientes de una línea telefónica o haciendo posible que la señal saliera al aire. Porque en la radio se escucha una voz, pero detrás de esa voz siempre hay muchas manos.

Santiago García Ramos llevó durante décadas el nombre de EAJ-50 por toda la geografía canaria, divulgando fiestas, tradiciones y acontecimientos. Su trayectoria ha sido reconocida públicamente como la de un comunicador indispensable para la memoria de Gran Canaria. El Ayuntamiento de Gáldar recordó expresamente su labor desde Radio Las Palmas⁠.

Laly Sánchez contribuyó a abrir camino en una época en la que las mujeres tenían que luchar el doble para ocupar espacios de responsabilidad en los medios. Su voz, su rigor y su carácter forman parte de la historia de Radio Las Palmas y del periodismo canario.

David Hatchuell convirtió Antena Abierta, nacido en EAJ-50 en octubre de 1985, en una referencia informativa y ciudadana. Permaneció durante diecinueve años en Radio Las Palmas y construyó una enorme red de corresponsales que permitió escuchar la actualidad de los municipios y las islas. Una radio cercana, pegada a la calle y sin necesidad de inventarse ahora que Canarias tiene ocho islas.

Y ahí aparece la ironía inevitable.

Mientras la actual dirección presenta el nuevo nombre de Radio Islas–Radio Las Palmas como una fórmula para abarcar todo el archipiélago, aquellos profesionales ya habían conseguido llegar a las islas cuando no existían las redes sociales, las aplicaciones, los estudios de mercado ni las campañas de imagen corporativa.

Lo hicieron con talento, trabajo, teléfonos, unidades móviles, corresponsales y una vieja señal de Onda Media que cruzaba montañas y océanos.

No necesitaron esconder el nombre de Las Palmas para llegar más lejos.

Ahora parece que, para hacerse más grandes, han decidido empequeñecer el nombre que los hizo grandes.

Qué paradoja.

Quienes heredaron una emisora situada en lo más alto quieren presentarnos como modernidad lo que muchos sentimos como una renuncia. Se pueden heredar las acciones de una empresa, sus frecuencias, sus estudios y las llaves de sus despachos. Lo que no viene incluido en la escritura de propiedad es el derecho moral a actuar como si la historia hubiera comenzado con los actuales administradores.

Radio Las Palmas no nació con esta dirección.

No nació con Radio Islas.

No nació con una estrategia de expansión territorial.

Cuando algunos de los actuales responsables no habían nacido, José María Ayaso, Fernando Goyena, Gonzalo Monasterio, José Peón Real, Reinaldo Montesdeoca Ramos, Felo Suárez y muchos otros ya habían colocado a EAJ-50 entre las grandes emisoras de Canarias. Después llegaron Mara González, Santiago García Ramos, Laly Sánchez, David Hatchuell y nuevas generaciones que siguieron levantando aquella casa desde sus micrófonos.

La actual dirección tiene todo el derecho empresarial a buscar audiencia, ampliar cobertura y diseñar el proyecto que considere oportuno. Pero los oyentes también tenemos derecho a decir que una estrategia comercial no puede tratar casi un siglo de historia como si fuera un rótulo viejo que estorba en la fachada.

Podrán llamarlo evolución.

Nosotros podemos llamarlo desarraigo.

Podrán colocar Radio Las Palmas detrás de un guion.

La historia siempre volverá a ponerla delante.

Este segundo artículo es, por tanto, un acto de rectificación y también de justicia. Pido sinceramente disculpas a los familiares de todos los profesionales que no nombré y también a quienes, pese a estas líneas, continúen ausentes porque la memoria humana no alcanza a recordar una nómina tan extensa.

Ellos no fueron figurantes de la historia de Radio Las Palmas.

Ellos hicieron la historia.

Fueron quienes encendieron los micrófonos, salieron a la calle, transmitieron acontecimientos, narraron partidos, presentaron festivales, acompañaron madrugadas, llevaron ayuda a quienes la necesitaban y consiguieron que una emisora local se convirtiera en parte de la memoria sentimental de Canarias.

En mi primer artículo escribí: “Descanse en paz Radio Las Palmas”.

Hoy tengo que corregirme.

La historia de Radio Las Palmas no puede descansar en paz mientras intenten enterrarla detrás de otro nombre. Se levantará cada vez que un oyente recuerde una voz, cada vez que una familia pronuncie el nombre de uno de aquellos profesionales y cada vez que alguien vuelva a decir con orgullo:

Aquí, EAJ-50 Radio Las Palmas.

Porque los logotipos se sustituyen.

Las estrategias comerciales caducan.

Las direcciones pasan.

Pero las voces que hicieron historia nunca mueren.

Juan Santana Hernández
Periodista y locutor de radio

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