La emisora que durante casi un siglo acompañó a generaciones de canarios queda relegada detrás de una nueva marca. Podrán llamarlo renovación; para quienes conocimos y amamos aquella radio, es un entierro.
No todas las muertes se producen cuando un corazón deja de latir. Algunas ocurren cuando se borra un nombre, se arrincona una historia y se convierte toda una vida en una simple nota al pie.
Con profunda tristeza hay que decirlo: a Radio Las Palmas la han terminado de matar.
Seguirán funcionando sus micrófonos. Continuarán encendidas las luces de sus estudios. Habrá programas, entrevistas, tertulias, música y publicidad. Técnicamente, la emisora seguirá emitiendo. Pero aquella Radio Las Palmas que formó parte de la memoria sentimental de varias generaciones comienza a desaparecer bajo una nueva denominación.
Ahora se presenta como Radio Islas–Radio Las Palmas. La propia emisora define el cambio como una renovación para representar a las ocho islas. Sin embargo, para muchos de nosotros no es una renovación. Es el principio de una despedida. Radio Las Palmas ya no encabeza su propio nombre: ha quedado colocada detrás de un guion, como el apellido antiguo de una marca nueva, esperando que el paso del tiempo termine de borrarla.
Y eso duele.
Radio Las Palmas no era una marca comercial cualquiera. Era la radio decana de Canarias. Su propia historia sitúa el inicio regular de sus emisiones el 20 de septiembre de 1929, y recuerda que permanece en manos de la misma familia desde 1950, durante tres generaciones. Casi un siglo de historia que no puede resumirse en una operación de imagen corporativa. Así lo recoge la presentación oficial de la emisora.
Cuando emitía en Onda Media, su señal viajaba mucho más lejos que cualquier campaña publicitaria. Atravesaba montañas, costas y océano. Se escuchaba en buena parte de Canarias y llegaron llamadas de oyentes desde Madeira. No necesitaba proclamarse radio de todas las islas porque las ondas, libres y poderosas, ya la llevaban mucho más allá de Gran Canaria.
Era la radio que sonaba en las cocinas, en los talleres, en los comercios, en los taxis y en aquellas casas donde el transistor permanecía encendido desde primera hora de la mañana. Era compañía para quienes estaban solos, altavoz para quienes nadie escuchaba y refugio para quienes necesitaban ayuda.
Fue la radio del pueblo.
Y hablar de Radio Las Palmas obliga a recordar a Mara González, que en paz descanse. Mara no utilizó el micrófono únicamente para hablar: lo convirtió en una herramienta de solidaridad. Gracias a su voz y a la respuesta de los oyentes, instituciones y causas sociales como la Ciudad de San Juan de Dios, hogares de acogida y numerosas familias necesitadas encontraron ayuda, atención y esperanza. Su trayectoria quedó unida para siempre a la defensa de los más desfavorecidos desde los micrófonos de EAJ-50 Radio Las Palmas. Mara comenzó allí su carrera en 1966.
Aquella radio no preguntaba de qué partido era quien llamaba, cuánto dinero tenía o en qué barrio vivía. Abría el micrófono y escuchaba. Eso era Radio Las Palmas: una puerta abierta en medio de una sociedad donde demasiadas puertas permanecían cerradas.
Por sus estudios pasó una parte esencial de la historia de la radiodifusión canaria. Locutores, periodistas, técnicos, colaboradores y comunicadores que después continuaron sus carreras en otras emisoras aprendieron allí el oficio y dejaron allí una parte de sus vidas.
Radio Las Palmas estuvo vinculada a grandes cadenas nacionales, fue Cadena SER en Gran Canaria, fue Radio Voz y vivió distintas etapas empresariales y radiofónicas. Pero, pasara lo que pasara, el nombre de Radio Las Palmas siempre iba por delante. Las cadenas cambiaban, los acuerdos terminaban y las programaciones se renovaban, pero aquel nombre permanecía porque era lo verdaderamente importante.
Hasta ahora.
Hace años se apagó definitivamente su Onda Media. Aquel fue el primer gran silencio. Después quedó la FM, con una cobertura mucho más limitada que la vieja señal que cruzaba el mar. Y ahora llega el golpe definitivo: relegar su nombre histórico para intentar construir una marca territorialmente más amplia.
La dirección ha expresado su propósito de extender la emisora por todo el archipiélago mediante repetidores y acuerdos con otros medios. Esa ambición empresarial puede comprenderse, aunque no necesariamente compartirse. La propia emisora ha explicado su expansión regional.
Tal vez alguien haya pensado que llamarse Radio Las Palmas dificulta entrar en Tenerife o presentarse como una emisora para toda Canarias. Tal vez se haya considerado que el nombre histórico limita comercialmente el proyecto. Pero también existe un viejo refrán que conviene recordar: quien mucho abarca, poco aprieta.
La audiencia no se conquista escondiendo la identidad. Se conquista haciendo buena radio.
Radio Sevilla no necesita cambiar su nombre para ser escuchada fuera de Sevilla. Radio Barcelona no reniega de Barcelona para tener prestigio. Radio Club Tenerife no ha tenido que ocultar Tenerife para formar parte de una gran cadena. Los nombres históricos no son obstáculos: son patrimonio, credibilidad y memoria.
Radio Las Palmas no era solamente una referencia geográfica. Era una manera de hacer radio. Era cercanía, historia y pertenencia. Era una voz reconocible en medio del ruido. Cambiar el lugar que ocupa ese nombre significa romper un vínculo emocional que ningún estudio de mercado podrá medir.
Lo más doloroso es que esta transformación se produzca bajo la tercera generación de la misma familia. Porque recibir una emisora histórica no significa heredar únicamente unas frecuencias, unos estudios o una empresa. Significa recibir la responsabilidad de proteger un nombre que ya no pertenece solamente a sus propietarios: también pertenece a sus trabajadores, a quienes pasaron por sus micrófonos y a los miles de oyentes que la hicieron grande.
Podrán decir que Radio Las Palmas no ha desaparecido porque su nombre todavía figura después de “Radio Islas”. Podrán asegurar que solamente se trata de una evolución. Pero todos sabemos cómo comienzan estas desapariciones: primero se coloca el nombre histórico detrás de un guion, después se pronuncia cada vez menos y finalmente acaba reducido a una fotografía en blanco y negro.
Radio Islas podrá crecer, conseguir repetidores y alcanzar nuevos territorios. Podrá incluso obtener buenos resultados. Pero nunca podrá sustituir el lugar que Radio Las Palmas ocupa en la memoria de Canarias.
Porque una frecuencia se compra, una marca se registra y una programación se modifica. La historia, sin embargo, no se fabrica en un despacho.
Hoy no despedimos únicamente tres palabras.
Despedimos las voces que nos despertaron durante décadas. Despedimos las llamadas de los oyentes, las campañas solidarias, los boletines informativos, los partidos de fútbol, las dedicatorias musicales y aquellas madrugadas en las que una voz al otro lado del transistor conseguía que nadie se sintiera completamente solo.
Hoy despedimos una parte de nuestra propia vida.
La señal continuará sonando, pero algo se ha apagado para siempre.
Descanse en paz Radio Las Palmas.
La radio que fue de todos.
La radio que cruzó el mar.
La radio que nunca debió perder su nombre.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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