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«¿Y DESPUÉS DE LAS ELECCIONES, QUIÉN SE ACUERDA DE LA GENTE?»

A veces me hago una pregunta muy sencilla: ¿para qué visitan los políticos los gimnasios, las asociaciones, los colectivos y los barrios cuando se acercan unas elecciones?

Durante las campañas todo son sonrisas, fotografías, abrazos y promesas. «Vamos a hacer», «vamos a solucionar», «vamos a ayudar». Los candidatos recorren las calles, escuchan problemas, estrechan manos y aseguran comprender las necesidades de los ciudadanos.

Pero después llegan las elecciones, algunos alcanzan el poder y demasiadas de aquellas promesas parecen quedarse olvidadas junto a los carteles electorales.

Entonces, cuando el ciudadano necesita realmente una respuesta, aparecen las puertas cerradas, la burocracia, las esperas interminables y, demasiadas veces, la falta de soluciones.

Y mientras tanto hay personas que lo están pasando verdaderamente mal.

Familias que necesitan una vivienda. Personas buscando desesperadamente un empleo. Ciudadanos que requieren asistencia social. Hombres y mujeres que simplemente necesitan que alguien los escuche.

Y también están quienes duermen cada noche en la calle.

¿Quién se acuerda de ellos cuando ya han pasado las elecciones? ¿Quién los visita cuando no hay cámaras, fotografías ni votos que pedir?

Hay otra realidad que también debería obligarnos a reflexionar sobre cuáles son nuestras prioridades.

Cada vez vivimos episodios de calor más intensos y existen centros educativos donde los niños tienen que soportar temperaturas muy difíciles durante su jornada escolar. Garantizar unas condiciones adecuadas y seguras para nuestros menores debería ocupar un lugar prioritario en cualquier administración pública.

Sin embargo, vemos cómo determinadas celebraciones pueden destinar 12.000, 20.000 o incluso 24.000 euros a fuegos artificiales y otros gastos festivos.

Las fiestas, las tradiciones y la cultura forman parte de nuestra sociedad y también merecen apoyo público. Pero eso no debería impedirnos formular una pregunta legítima: ¿estamos estableciendo correctamente nuestras prioridades?

¿No sería razonable estudiar si una parte de esos recursos podría destinarse a climatizar centros educativos, mejorar instalaciones públicas, atender emergencias sociales o ayudar a familias que atraviesan situaciones límite?

No se trata de estar contra las fiestas. Tampoco contra la política.

Se trata de prioridades.

Porque detrás de cada partida presupuestaria y de cada decisión política existen personas.

Niños pasando calor en las aulas. Familias que no llegan a final de mes. Personas que no tienen un techo donde dormir. Ciudadanos esperando durante meses una respuesta de la Administración.

La política no puede consistir únicamente en aparecer en los barrios cuando se aproximan unas elecciones.

Las personas no deberían convertirse en importantes solamente cuando llega el momento de pedirles el voto.

Gobernar también significa escuchar cuando ya no hay campaña, atender cuando no hay cámaras y buscar soluciones cuando la fotografía ya no genera rédito político.

Porque la verdadera utilidad de la política no debería medirse por las promesas realizadas antes de unas elecciones, sino por las respuestas que reciben los ciudadanos después de ellas.

Y quizá convendría recordarlo más a menudo:

la política debe estar al servicio de las personas los 365 días del año, no solamente cuando llega el momento de pedir su voto.

Alejandro Mena es un reconocido gran maestro e instructor nacional de Krav Maga y artes marciales en el municipio de Telde 

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