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QUINTA COLUMNA: «DE LA ZONA NOBLE A LA COSTA, EL PODCAST DEL DINERO PÚBLICO DESCUBRE DE REPENTE SU VOCACIÓN MARINERA»

El espacio semanal de una web beneficiaria de fondos procedentes de Gestel cambia de escenario después de que la centenaria entidad de San Juan donde grababa planteara una modesta contraprestación económica por el uso continuado de sus instalaciones.

Hay cambios de sede que responden a estrategias empresariales, otros a necesidades técnicas y algunos que, convenientemente adornados con literatura promocional, terminan convertidos en una histórica expansión territorial. En Telde asistimos estos días a uno de estos últimos casos.

El podcast de una página web local beneficiaria de dinero público a través de Gestel ha anunciado a bombo y platillo el comienzo de una nueva etapa desde la costa del municipio. Micrófonos hacia el mar, cámaras buscando la brisa y una repentina vocación por acercarse a los barrios costeros. Todo muy bonito. Solo falta la sombrilla.

Sin embargo, detrás de este súbito enamoramiento del litoral se esconde una explicación bastante menos romántica y mucho más relacionada con algo tan vulgar como pagar por utilizar unas instalaciones ajenas.

UNA ENTREVISTA, DOS PROGRAMAS… Y AL FINAL CASI PARECÍA LA SEDE SOCIAL

La historia comenzó en una prestigiosa y centenaria institución ubicada en el corazón histórico de San Juan. Allí aterrizó inicialmente el proyecto audiovisual con la aparente intención de realizar un programa y entrevistar, entre otros protagonistas, al propio presidente de la entidad. Todo cordialidad. Todo colaboración. Todo maravilloso.

Pero aquella visita que podía parecer puntual comenzó a reproducirse con una sorprendente facilidad. Primero llegó un programa semanal. Después aumentó la actividad. Y aquello terminó convirtiéndose prácticamente en un estudio de grabación habitual instalado en casa ajena.

Cámaras, focos, micrófonos, invitados y producción audiovisual pasaban periódicamente por unas dependencias cuyo mantenimiento, naturalmente, no se paga con aplausos. El modelo tenía una enorme ventaja empresarial, usar el local era gratis. Hasta que dejó de serlo.

EL ESCÁNDALO DE LOS 50 EUROS

Según la información trasladada a Onda Guanche, los responsables de la institución comenzaron a considerar razonable que una actividad privada desarrollada regularmente en sus dependencias aportara alguna pequeña colaboración para los gastos. Nada especialmente revolucionario. En torno a 50 euros mensuales. Cincuenta. Ni quinientos ni cinco mil. Una cantidad que cualquier negocio incorporaría probablemente a sus gastos normales de producción sin necesidad de convocar una cumbre económica internacional.

Pero, siempre según las fuentes consultadas, la propuesta no habría despertado demasiado entusiasmo en la dirección del digital. Y aquí aparece una de las mejores escenas de esta tragicomedia. Frente a la posibilidad de aportar dinero por utilizar regularmente unas instalaciones, habría surgido una contrapropuesta mucho más creativa: un banner publicitario en la página web.

El trueque digital llevado a su máxima expresión. Ustedes ponen el local.Ustedes ponen las instalaciones. Ustedes soportan el consumo. Ustedes mantienen el edificio. Y nosotros les dejamos unos píxeles. Como si aparecer en aquella web equivaliera a ocupar la portada dominical de The New York Times.

CUANDO EL INVITADO SE QUEDA DEMASIADO TIEMPO

La paciencia, incluso en las instituciones centenarias, tiene un límite. Y según la versión conocida por este periódico, la directiva terminó dejando claro que las instalaciones no podían continuar funcionando indefinidamente como estudio gratuito para una actividad ajena. Dicho de una manera más sencilla, se acabó el hospedaje. Lo verdaderamente sorprendente es que habría existido todavía un último intento para prolongar la estancia.

Según las fuentes consultadas por Onda Guanche, un personaje estrechamente vinculado a la producción audiovisual del proyecto que también cobra de Gestel a nombre de su mujer por grabar vídeos en Youtube, habría tratado de convencer a responsables de la institución de que la presencia del digital aportaba precisamente prestigio al histórico colectivo. El argumento tiene mérito. Más de un siglo de historia esperando a que aparecieran unos micrófonos para alcanzar finalmente la respetabilidad social.

Y ENTONCES APARECIÓ EL MAR

Una vez cerrada la etapa de San Juan llegó la metamorfosis. Lo que podía haberse anunciado simplemente como «cambiamos de lugar de grabación» se ha transformado en una nueva etapa destinada a acercar el programa a la realidad de los barrios costeros. La casualidad geográfica es extraordinaria. Justo cuando desaparece la posibilidad de seguir utilizando gratuitamente el emplazamiento anterior, surge una irresistible vocación por escuchar las olas.

El podcast aterriza ahora en las dependencias de un colectivo social del litoral teldense. Y aquí la historia adquiere otra de esas maravillosas paradojas que solamente la política local puede ofrecer. Porque el nuevo anfitrión está presidido por una persona vinculada políticamente a una organización que ha recibido durante los últimos tiempos críticas constantes desde ese mismo entorno mediático. La política hace extraños compañeros de cama. Y al parecer también de podcast.

DEL CENTRO AL EXTRARRADIO, PERO TODO ES UNA ESTRATEGIA

La mudanza resulta especialmente curiosa porque el anterior emplazamiento estaba situado en pleno corazón institucional de Telde, rodeado por Ayuntamiento, actividad política y buena parte de la vida pública municipal. Un escenario casi diseñado para entrevistar políticos. Ahora toca costa. Naturalmente, todo forma parte de una ambiciosísima estrategia informativa. No vaya nadie a pensar que tiene algo que ver con aquellos insoportables 50 euros. Sería una maldad.

Si algún día terminan grabando en una finca de medianías, seguramente será para reforzar la cobertura del sector primario. Y si después aparecen en una cueva, será periodismo de investigación subterráneo. Aquí siempre existe una explicación editorial para cada mudanza.

DINERO PÚBLICO PARA UNOS, GASTOS PARA OTROS

Más allá de la ironía, existe una cuestión bastante más seria. Cuando una actividad periodística privada recibe recursos procedentes de una empresa pública municipal, resulta legítimo preguntarse hasta qué punto es razonable pretender que entidades sociales y culturales cedan además gratuitamente sus instalaciones para desarrollar esa actividad. Porque esas entidades tienen gastos. Tienen agua. Tienen electricidad. Tienen mantenimiento. Y tienen edificios que conservar. El concepto puede parecer revolucionario, pero utilizar regularmente un inmueble cuesta dinero.

Y solicitar una pequeña colaboración económica no convierte a nadie en enemigo de la libertad de prensa. Más bien al contrario, convierte a quien la solicita en alguien que sabe hacer cuentas.

LA NUEVA TEMPORADA DEL GRAN TRUEQUE TELDENSE

Así arranca la nueva temporada del podcast. Nuevo escenario. Nueva narrativa. Nueva vocación territorial. Y los mismos micrófonos. La versión oficial hablará de expansión, proximidad y compromiso con los barrios costeros. La realidad es considerablemente más sencilla, en el anterior emplazamiento llegó el momento en que alguien consideró que utilizar regularmente una casa ajena debía tener alguna contraprestación.

Y entonces, milagrosamente, apareció el mar. Porque en Telde hasta las mudanzas tienen relato periodístico.

El problema nunca fue abandonar San Juan. El verdadero drama parece haber sido descubrir que hasta para hacer periodismo financiado con dinero público hay lugares donde pretenden cobrarte 50 euros.

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