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«QUE VUELVA EL DOBLE PRECIO»

No hay nada en esta vida que me guste más que hacer una rutita por mi Isla cuando llega el fin de semana. Hago la compra el viernes, me levanto temprano en la mañana del sábado, pongo la cafetera, prendo la música, cocino lento y guardo con celo toda la comida en la nevera de mano.

Primero los hielos al fondo, pongo las bebidas, después los tápers, frutita fresca ya pelada y cortada, huevos sancochados y una latita de berberechos para jincársela a las papas fritas de bolsa más tarde. Me llevo limón y pimienta para aliñarlos, también unas aceitunas, queso del país que no falte, si se me antoja pues una tortilla de papas o pechuga de pollo bien empanada. Que dé para enyesque, almuerzo y merienda.

Después preparo la mochila. Meto una toalla y bañador, que seguro que cae un margullo en la playa, también el pulover no vaya a cambiar el tiempo y empiecen a arreciar los alisios, las gafas de sol, la crema 50, también la de cara que no me engrase tanto, las cadenitas de acero bañadas en oro que le dan el toquito, me pongo guapo que viene el pibe a recogerme.

“¿Vamos a la cumbre a patear?” Me pregunta cuando estoy cargando el portabulto. Vamos, vamos. Los altos de San Mateo, Cruz de Tejeda, Culata, Bentayga, Ayacata, Ventana del Nublo. Qué bonito está todo, cómo se nota lo que llovió este año. Ños, pero hay fleje pinocha y matojo seco, por favor que no haya ningún incendio, que a uno se le estremece el corazón viendo cómo está ardiendo la Península Ibérica y cómo se calcinó la Isla siete años atrás. No lo pienses más que lo atraes, que las palabras tienen fuerza, me voy diciendo.

En uno de esos pueblos cumbreros pasamos por un bochinche de carretera. En el mismo tramo habíamos visto dos restaurantes cerrados. “Mira, ¿si paramos aquí y nos tomamos algo?” Venga, dale. Llega la Doña. “Chiquillos, tengo ensaladilla, salpicón de pescado y garbanzada. Y por supuesto pan calentito con alioli. Se los dejo a buen precio. ¿Qué quieren para tomar?”

Ay por dios, con toda la comida que tenemos en el coche. No pasa nada, se guarda para después. “¿Ya saben qué quieren comer? No les puedo ofrecer más nada porque la cosa está fatal, ya es que casi nadie para, los guiris no consumen, estoy yo sola en cocina y atendiendo porque no me salen los números para contratar a alguien más”. Cuando terminamos y pedimos la cuenta, nos dice que 15 cada uno y listo. “A los turistas les cobraría más”, nos suelta y se va riendo. 

Nos quedamos algo sorprendidos, pero también pensé en cómo cambió la sociedad canaria en tan poco tiempo. Esta práctica era muy habitual en mi niñez, adolescencia y juventud. Tú te ibas al sur y sabías que a ti te iban a cobrar mucho menos que a un guiri. Daba igual que fuese comida, bebida, un taxi, la entrada a una discoteca, ropa… Un alemán, nórdico, inglés o francés se podía permitir pagar lo que le pidiesen, pero tú no. El pueblo canario tenía un pacto de solidaridad implícito, oculto, silencioso, al que no se le ponía palabra, para que no perdiésemos poder adquisitivo. Es el mismo pacto social que tienen muchos destinos turísticos de países empobrecidos.

Con la entrada en la Unión Europea, la consolidación del mercado único, la legislación sobre competencia y las presiones del propio sector turístico, esa práctica fue desapareciendo progresivamente. Se argumentaba que era discriminatoria, perjudicaba la imagen del destino y generaba inseguridad jurídica. Excusas. Lo que buscaban era ganar más, aunque eso perjudicase a la gente de aquí.

Y tú te ves ahora, unos años más tarde, con que le dieron la vuelta a la tortilla. Un guiri contrata un turoperador en origen, con un paquete de todo incluido y paga infinitamente menos que tú por acceder a cualquier bien o servicio que se provee en Canarias. A ellos la reserva de un hotel les sale por la mitad de precio que a ti. Consumir en su establecimiento les sale más barato que a ti. Ellos se vienen de vacaciones, mientras que casi la mitad de la población canaria no puede permitírselo. Economías de escala y consolidación financiera.

La competitividad del destino turístico de Gran Canaria se había sustentado en el sol, la playa y, por supuesto, porque era barato, por los bajos salarios. Pero esto ahora es una ficción. Después de la pandemia y con la expansión del turismo por toda la Isla nuestros precios son de los más altos del Estado español, pero a la cola en sueldos. Nos están poniendo precios de guiri pero con salarios canarios. Esa es la trampa. ¡Sólo la cesta de la compra aumentó más de un 30 % en apenas 5 años!

Pero claro, ponte tú a escuchar a los dirigentes insulares, canarios y españoles. La cosa va viento en popa. Tenemos unos datos macroeconómicos estupendos. Más turistas y más gasto turístico que nunca en la historia. Me pregunto en serio, ¿cómo pueden estar tan desconectados de la realidad? ¿Acaso no se dan cuenta que a la gente cada vez le cuesta más llegar a fin de mes? Y encima con unos servicios públicos que van a peor, fruto de las concesiones, externalizaciones y privatizaciones, sostenidos a base de precarizar a los trabajadores públicos.

Nos quitaron el doble precio pero nunca nos dieron el doble de sueldo.

Pero no quiero que vuelva el doble precio en sí. Esa no es la cuestión. Era un titular de publicidad engañosa, como lo de que vivimos en un paraíso. Quiero que vuelva una Gran Canaria donde el sueldo de quien vive aquí alcance para disfrutar de su propia tierra. Hace poco lo hablaba con mis compañeras de Drago Canarias, Carmen y Mar. Tenemos que abandonar el victimismo, la indefensión aprendida, el fomo identitario, las maguas anticipadas. No voy a luchar por una Canarias que ya dejó de existir y que no va a volver. Brego por la del presente y por la del futuro.

Seguiré llenando la nevera los sábados por la mañana. Haciendo rutas. Disfrutando de mis paisajes. Construyendo país en los marcos de lo posible. Aceptando que las realidades cambian, pero sobre todo, luchando para que la gente de a pie llegue a fin de mes, con mejores servicios públicos, que el sueldo les dé para vivir aquí y que se puedan ir de vacaciones una, dos y tres semanas a donde les venga en gana. Que lo puedan hacer los guiris. Y nosotras también.

Luis de la Barrera, portavoz de Drago Gran Canaria

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