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PADRE BÁEZ EN ‘EL PULSO’ DE ONDA GUANCHE: «ME ECHARON COMO AGUA SUCIA DE LA IGLESIA»

La entrevista recuperada por Juan Santana Hernández en la radio digital de Onda Guanche recoge el dolor del sacerdote por su retirada de las parroquias y sus duras críticas al trato recibido de la jerarquía eclesiástica.

El padre Fernando Báez dejó en «El Pulso» un testimonio especialmente doloroso sobre su relación con los responsables de la Iglesia. En la conversación con Juan Santana Hernández, recuperada ahora como homenaje a su memoria, recordó cómo vivió su salida de las parroquias de Lomo Magullo, Cazadores y La Breña: como una separación de sus feligreses que le había dejado una profunda herida.

«Me echaron como agua sucia de la Iglesia», afirmó. La frase resumía su sentimiento de abandono, aunque su propio relato mostraba que continuó siendo sacerdote y que posteriormente desempeñó labores espirituales en San Juan de Dios y en la Obra Social de Jesús Abandonado.

Sus palabras más severas estuvieron dirigidas a quien identificó como el entonces vicario, después obispo auxiliar. Según contó, le exigió que firmara la renuncia a sus parroquias mientras debía hacer constar que lo hacía libremente. Báez describió aquel encuentro como una situación de presión, con gritos y una dureza que aseguró no haber experimentado antes.

Frente a esa exigencia, planteaba una pregunta: ¿qué había hecho para tener que abandonar a sus comunidades? En la entrevista defendió que no había cometido ninguna falta en su labor parroquial que justificara aquella decisión. También atribuyó su retirada a presiones políticas sobre el obispo, vinculadas a sus enfrentamientos con el Cabildo y con Antonio Morales. Esa fue la explicación que sostuvo ante los micrófonos del programa.

El sacerdote aseguró, además, que no le permitieron despedirse de sus feligreses y que durante una etapa no pudo celebrar públicamente. Santana recordó en la conversación que había acudido a él para bautizar a un nieto y que no pudo hacerlo.

Para Báez, perder las parroquias significaba mucho más que dejar un destino. Había dedicado años a atender a sus vecinos, celebrar misas y acompañarlos en bautizos, bodas y despedidas. Por eso comparó aquella separación con el sufrimiento de quien pierde a su familia: la Iglesia era su esposa espiritual y los feligreses, sus hijos.

«Ahora mismo yo me siento pastor sin ovejas», confesó.

Ese sentimiento volvió a aparecer al recordar una misa crismal en la catedral. Según relató, escuchar al obispo hablar de los sacerdotes y de sus respectivas comunidades le hizo sentir con mayor intensidad la ausencia de la suya. Contó que salió llorando y procurando esconderse de la gente. Desde esa experiencia cuestionó la coherencia entre las llamadas de la jerarquía a la unidad y el trato que él consideraba haber recibido.

También recordó cinco meses de aislamiento en su casa. Celebraba misa solo y, según explicó, sufrió especialmente por no poder confesarse, una práctica que había mantenido semanalmente durante años. Describió aquel tiempo como una reclusión y como la vida de alguien apartado de la comunidad.

Sin embargo, su relato también incluyó un gesto de acercamiento. Cuando el obispo fue a visitarlo, aseguró que lo recibió con alegría. Aprovechó entonces para pedirle que le permitiera volver a servir, aunque fuera como capellán de unas religiosas. Según contó, de aquella petición surgió su incorporación a San Juan de Dios.

En medio de las críticas, Báez reiteró que seguía sosteniéndose en la fe y en la obediencia. Defendió el perdón y afirmó que no deseaba vivir con odio ni resentimiento.

La entrevista de «El Pulso», presentada por Juan Santana Hernández en la radio digital de Onda Guanche, conserva así su versión de una de las etapas más difíciles de su vida. Un testimonio que permite escuchar el dolor de un sacerdote que se sintió apartado por sus superiores, pero que seguía buscando un lugar desde el que acompañar a los demás.

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