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OLGA SANTANA: «LA REMUDAS ESTÁ SOLA, VIGILANCIA POLICIAL, CERO»


La histórica dirigente vecinal recuerda en ONDA GUANCHE los años de intensa actividad social en el barrio y reclama más presencia policial, un comedor social y una mayor atención de las administraciones.

La Remudas fue durante décadas uno de los ejemplos más visibles de la fuerza que llegó a tener el movimiento vecinal en Telde. Asociaciones, dirigentes comunitarios y vecinos organizados impulsaban actividades culturales, deportivas y sociales, reclamaban mejoras ante las administraciones y atendían directamente las necesidades de las familias con mayores dificultades. Una de las protagonistas de aquella etapa fue Olga Santana Moreno, expresidenta de la Asociación Vecinal Teberite, que ha vuelto a poner voz a las carencias del barrio y a reivindicar aquella forma de trabajar pegada a la calle.

Santana recuerda una época en la que La Remudas contaba con varios colectivos vecinales activos y en la que las asociaciones constituían un auténtico punto de encuentro para los residentes. Su etapa al frente de Teberite estuvo especialmente marcada por el trabajo social. Durante años, explica, se organizaron campañas para conseguir juguetes destinados a los niños de las familias con menos recursos, además de alimentos para hogares que atravesaban momentos especialmente complicados.

La antigua dirigente vecinal recuerda las gestiones realizadas con entidades como Casas de Galicia para garantizar que ningún niño del barrio se quedara sin regalo el Día de Reyes. Aquellas campañas suponían largas jornadas de trabajo de toda la junta directiva, recogiendo y distribuyendo juguetes hasta bien entrada la madrugada.

«Nunca se quedaba un niño sin un juguete», rememora Santana, que también destaca la ayuda prestada a familias que no disponían de recursos suficientes para cubrir necesidades tan básicas como la alimentación. Para ella, aquella etapa representaba una forma de entender el movimiento vecinal basada en la solidaridad directa, la insistencia ante las instituciones y el conocimiento personal de los problemas de cada familia.

Su trayectoria quedó reflejada incluso en el artículo de opinión “A poder que ellas puedan”, publicado en 1999, una referencia que vuelve ahora a recuperar la memoria de una etapa en la que las asociaciones vecinales tenían una presencia constante en la vida pública del municipio.

«Aquí no existe ninguna asociación vecinal»

Más de dos décadas después, la visión que Santana ofrece sobre la realidad actual de La Remudas es mucho más pesimista. La histórica dirigente sostiene que aquel tejido asociativo prácticamente ha desaparecido y lamenta la pérdida de capacidad reivindicativa del barrio.

«Aquí no existe ninguna asociación vecinal», asegura, contraponiendo la situación actual con aquellos años en los que los colectivos mantenían una presión constante sobre el Ayuntamiento para reclamar soluciones.

Uno de los ejemplos que recuerda especialmente es la reivindicación de presencia permanente de la Policía Local. Santana relata cómo en su etapa como dirigente vecinal consiguió que agentes recorrieran a pie determinadas zonas del barrio y estuvieran presentes especialmente durante las horas de entrada y salida de los colegios.

La situación, afirma, cambió posteriormente y uno de los problemas que considera actualmente más graves es precisamente la falta de vigilancia policial continuada.

«Estamos solos. No tenemos vigilancia ninguna», denuncia. Santana reconoce que los agentes acuden cuando se produce una llamada o una incidencia concreta, pero considera insuficiente ese modelo y reclama una presencia preventiva que permita recuperar la sensación de seguridad.

Su valoración es contundente: «Vigilancia policial, cero».

La antigua presidenta vecinal sostiene que los residentes necesitan una presencia policial más estable y recuerda que llegó a plantear que alguno de los numerosos locales sociales existentes en La Remudas pudiera convertirse en una pequeña dependencia policial desde la que prestar servicio al barrio.

Preocupación por la inseguridad

Santana vincula la ausencia de vigilancia permanente con diferentes episodios de inseguridad que, según relata, se han producido en la zona. Uno de los casos que recuerda es el sufrido por una mujer mayor que habría sido víctima de un robo violento en su vivienda, un episodio que utiliza para ilustrar la sensación de desprotección que asegura existe entre parte de los residentes.

También expresa su preocupación por situaciones relacionadas con el consumo y tráfico de drogas y, especialmente, por la exposición de menores a determinadas conductas en espacios públicos.

Para Santana, que la Policía acuda únicamente cuando recibe una llamada concreta «no es la solución del barrio». Su propuesta pasa por recuperar la vigilancia preventiva y la presencia continuada de agentes.

Un comedor social para La Remudas

La seguridad no es, sin embargo, la única preocupación que plantea. Una de sus afirmaciones más duras durante la conversación está relacionada con la situación económica de algunas familias.

«En La Remudas hay gente que está pasando hambre», sostiene.

Ante esta realidad, considera necesario estudiar la creación de un comedor social que pueda ayudar a cubrir las necesidades alimentarias básicas de personas y familias en situación de vulnerabilidad.

Santana conoce de primera mano este tipo de necesidades. Durante su etapa al frente del movimiento vecinal asegura haber dedicado buena parte de sus esfuerzos a conseguir alimentos para quienes acudían a la asociación buscando ayuda.

Por eso considera que una iniciativa de estas características podría desempeñar actualmente una función importante en La Remuda, siguiendo modelos solidarios puestos en marcha en otros puntos del municipio.

Carreteras «parcheadas» y diferencias entre bloques

Sobre el estado general del entorno residencial, Santana diferencia entre determinadas zonas que, a su juicio, permanecen perfectamente cuidadas gracias a la implicación de sus residentes y otras donde el mantenimiento resulta claramente mejorable.

Cita como ejemplo los bloques 1, 2, 3 y 4, que considera «impecables», mientras advierte de una realidad diferente en otros puntos del barrio.

Sobre el estado de las carreteras, su diagnóstico vuelve a ser breve y contundente: «Parcheadas».

Los jardines, la limpieza y el mantenimiento de los espacios comunes forman también parte de las preocupaciones que sobrevuelan la conversación, asuntos en los que Santana reclama una mayor atención de las instituciones y especialmente del Ayuntamiento de Telde como administración más cercana al ciudadano.

El recuerdo de una generación de dirigentes vecinales

La conversación sirve también para rescatar nombres de una generación que marcó una etapa del movimiento ciudadano y político de Telde. Santana recuerda a antiguos dirigentes vecinales y personas vinculadas a la vida social del municipio, muchos de los cuales dedicaron años a reclamar mejoras para sus barrios.

Entre los recuerdos aparece también la figura del sacerdote Jorge Hernández Duarte, cuya labor social y trabajo con personas afectadas por las drogas destaca especialmente. Santana considera que aquella tarea permitió recuperar a numerosos jóvenes y sostiene que su compromiso merecería un reconocimiento público.

La exdirigente vecinal también reivindica la dedicación de quienes ejercieron responsabilidades públicas en otras épocas con pocos medios y una relación mucho más directa con los residentes, defendiendo una concepción de la política y del servicio público basada en estar permanentemente disponible para los ciudadanos.

Del movimiento vecinal organizado a la pérdida de capacidad reivindicativa

La mirada de Olga Santana sobre La Remudas mezcla orgullo y preocupación. Orgullo por todo lo conseguido durante aquellos años en los que asociaciones y vecinos lograban movilizarse para conseguir juguetes, alimentos, vigilancia policial o mejoras en los servicios; y preocupación porque considera que buena parte de aquella estructura reivindicativa ha desaparecido.

A sus ojos, el principal problema no es únicamente la existencia de carencias, sino la pérdida de una organización ciudadana fuerte capaz de exigir respuestas.

La histórica dirigente vecinal sigue defendiendo la misma filosofía que marcó su etapa al frente de Teberite: acudir a las instituciones, insistir, movilizarse y no permitir que los problemas terminen convirtiéndose en parte del paisaje cotidiano.

Casi tres décadas después de aquel “A poder que ellas puedan” publicado en 1999, Olga Santana mantiene intacto el carácter que la convirtió en una de las voces reconocibles del movimiento ciudadano de La Remudas. Su mensaje actual vuelve a ser tan sencillo como contundente: el barrio necesita organización, solidaridad y unos servicios públicos que estén presentes antes de que aparezcan los problemas y no únicamente cuando ya se han producido.

Manuel Ramón Santana

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