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NUEVA CANARIAS, LA SANIDAD NO ES UN TRAMPOLÍN POLÍTICO

Nueva Canarias y Román Rodríguez deberían explicar con claridad qué posición mantienen ante el conflicto médico. ¿Consideran insuficiente la propuesta del Gobierno? ¿Qué mejoras reclaman? ¿Qué salida defienden para evitar la huelga? Criticar es fácil; contribuir a resolver exige algo más.

Mi sospecha es que este conflicto puede resultar demasiado atractivo para quienes buscan recuperar protagonismo político. Es una sospecha, no un hecho acreditado. Pero merece una respuesta política clara: ¿se quiere facilitar un acuerdo o convertir el malestar sanitario en desgaste del Gobierno?

A Román Rodríguez cabe exigirle una posición concreta. Si quiere intervenir en este debate, que explique qué propone y qué respalda. La sanidad pública no puede convertirse en una plataforma de relanzamiento personal ni en un instrumento de revancha partidista.

Y los dirigentes de SEMCA y CESM deben rendir cuentas de sus decisiones. Si las mejoras ofrecidas son insuficientes, que expliquen dónde fallan. Si carecen de garantías, que detallen cuáles faltan. Pero si existe una posibilidad seria de acuerdo, su obligación es agotar esa vía y consultar a los profesionales con toda la información disponible.

Se dice que «cuando el río suena, agua lleva». Pero ese refrán no sustituye las pruebas. Lo que despeja las sospechas son los documentos, las propuestas y las decisiones transparentes. Que el Gobierno publique sus compromisos y que los sindicatos expliquen sus exigencias. Así podremos distinguir entre una discrepancia laboral justificada y un conflicto que podría resolverse.

Los médicos merecen representantes que defiendan sus condiciones laborales con independencia. Los pacientes merecen que nadie utilice su espera para obtener rédito político. Y Nueva Canarias debe saber que cualquier intento de aprovechar partidistamente este conflicto merecería una crítica contundente.

Una huelga es una herramienta legítima para conquistar derechos. Convertirla en una herramienta electoral sería una deslealtad con los profesionales y con toda la ciudadanía.

Juan Santana Hernandez, Periodista y Locutor

2 respuestas

  1. Los médicos estamos con SEMCA y CESM. Punto.

    Señor Santana, pide que expliquemos dónde falla la propuesta del Gobierno. Se lo explico, porque es fácil: basta con poner nuestro pliego al lado de lo que firmó UGT con el SCS. Y no hablo solo de dinero. Hablo de descanso, de seguridad para los pacientes y de que un médico quiera quedarse en Canarias.

    Cuántos pacientes por consulta: un grupo de trabajo.
    Descanso más allá del saliente: solo si cae en fin de semana o festivo, y si hay plantilla.
    Descanso tras una guardia localizada con actividad: no está.
    El tiempo de solape en los cambios de guardia, que regalamos cada día para que la información de los pacientes no se pierda: ni se paga ni se compensa.
    Complemento de destino del 24 al 26: no está.
    Mejoras para los mayores de 60: no está.
    Concurso de traslados permanente: no está.
    Productividad variable, y que no te la quiten por estar de baja: no está.
    Estabilidad en el empleo: no está.
    Seguro de responsabilidad civil: no está.
    Quinto módulo: no está.
    Mejoras para los médicos funcionarios: no está.
    Colaborador docente: cero euros.

    Y la carrera profesional, su gran titular, es según su propio texto para todo el personal del Servicio Canario de la Salud. No es una mejora para los médicos. Además, no lleva importes por nivel ni fechas de abono.

    Nuestra propuesta está cuantificada: unos 72 millones al año. La suya no tiene cifra, ni partida en los presupuestos de 2027, ni calendario de aplicación.

    Un ejemplo que cualquiera entiende. Los digestivos o los cardiólogos que hacen por las tardes programas para reducir las listas de espera cobran una tarifa fija desde 2014. Doce años después, siguen cobrando lo mismo. Ni un euro de actualización en más de una década. Y luego se extrañan de que falte gente para hacer las pruebas que los pacientes llevan meses esperando.

    No somos políticos, somos médicos. Llevamos meses pidiendo al director del SCS, Adasat Goya, un calendario de negociación real. Lo que hemos recibido es dilación y un pacto por separado con UGT, firmado sin consultar al colectivo. Nosotros sí hemos consultado, servicio por servicio, y la gran mayoría respalda la huelga.

    Canarias puede ser un destino que atraiga y retenga médicos en la sanidad pública, o un sitio del que se van. Con este acuerdo se van, y las listas de espera las pagan los pacientes.

    Es su decisión, señor Goya: píldora azul o píldora roja.

  2. Si la profesionalidad de los médicos de Canarias estuviera al nivel del rigor periodístico que demuestra el señor Santana en esta información, la población canaria tendría motivos para preocuparse seriamente.

    El periodismo exige ética, rigor, contraste de fuentes y responsabilidad, especialmente cuando se difunden acusaciones que pueden dañar la reputación de un profesional. Presentar la defensa legítima de la profesión médica como un supuesto trampolín político, sin aportar argumentos ni pruebas que lo sustenten, dice mucho más de quien construye ese relato que de quien es objeto de él.

    Vicente Mújica, como representante del sindicato SEMCA, ha dado la cara por sus compañeros, del mismo modo que lo han hecho los representantes de CESM, defendiendo una sanidad pública que merece condiciones laborales dignas y acuerdos que respondan a las necesidades reales de los profesionales y de los pacientes.

    Los médicos de Canarias no pedimos privilegios. Exigimos lo justo, lo razonable y lo necesario para ejercer nuestra profesión con garantías y ofrecer a nuestros pacientes la atención que merecen. Un acuerdo suscrito entre una organización sindical y la Administración no convierte a esa organización en representante del sentir de toda la profesión médica, ni legitima un pacto que no cuenta con el respaldo de los médicos a los que pretende afectar. La representación sindical no debería confundirse con un cheque en blanco para decidir en nombre de quienes no comparten ni avalan lo firmado.

    La crítica es legítima. La información, imprescindible. Pero convertir la discrepancia profesional en una descalificación personal no es informar con rigor: es contribuir a desacreditar a quien se atreve a dar la cara.

    La profesionalidad de un médico se demuestra en el ejercicio de su responsabilidad. La de un periodista, en la veracidad, la independencia y el rigor con los que informa. Ambas deberían estar a la misma altura.

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