El éxito del TAZ Lanzarote en el Campeonato de Canarias de grappling muestra el valor de los clubes que forman deportistas sin recibir la visibilidad de las grandes disciplinas.
Por Vidal Bolaños
Cuando se habla de deporte, casi toda la atención termina concentrada en las mismas competiciones, los mismos clubes y los mismos protagonistas. El fútbol ocupa horas de televisión, portadas y debates, mientras cientos de deportistas entrenan diariamente en disciplinas que apenas encuentran espacio en los medios.
Sin embargo, el deporte canario no se construye únicamente dentro de los grandes estadios.
El club TAZ Lanzarote se proclamó campeón por equipos en el Campeonato de Canarias de Grappling Gi, celebrado el pasado 5 de septiembre en la Ciudad Deportiva de Lanzarote. El conjunto consiguió 63 medallas: 35 de oro, 20 de plata y ocho de bronce.
Los números son importantes, pero detrás de cada medalla existe un proceso que rara vez aparece en una fotografía. Hay horas de entrenamiento, sacrificios familiares, desplazamientos, lesiones, derrotas y una disciplina que se mantiene incluso cuando no existe público observando.
El mérito también pertenece a quienes no subieron al podio. En los clubes deportivos se aprende que el trabajo de un compañero puede ayudar a mejorar a todo el equipo. Quien entrena, corrige, acompaña o anima también forma parte del resultado colectivo.
El grappling, el jiu-jitsu y otras modalidades de combate han crecido durante los últimos años en Canarias. Aun así, continúan lejos de la visibilidad y los recursos de los deportes mayoritarios. Muchos clubes sobreviven gracias al esfuerzo de entrenadores, familias y pequeñas entidades colaboradoras.
La insularidad aumenta las dificultades. Un deportista peninsular puede desplazarse por carretera hasta una competición. En Canarias, participar en un torneo celebrado en otra isla implica billetes, alojamiento, comidas y organización familiar. Si la prueba se desarrolla en la Península, el coste puede hacer imposible la participación.
No basta con felicitar a los deportistas cuando regresan con medallas. El apoyo debe existir antes de la competición, cuando necesitan instalaciones, material y ayuda para desplazarse. Los reconocimientos posteriores son importantes, pero no pagan un billete ni garantizan que un joven pueda continuar entrenando.
También debemos reconocer la función educativa de los clubes. Practicar una disciplina de combate no consiste en aprender a ejercer violencia. Cuando existe una formación responsable, se trabajan el respeto, el autocontrol, la constancia y la aceptación de normas.
Un niño que aprende a perder sin humillar y a ganar sin burlarse está recibiendo una enseñanza útil para toda la vida. En una sociedad en la que muchas veces confundimos fortaleza con agresividad, los buenos entrenadores enseñan que la verdadera capacidad aparece cuando una persona sabe controlar su fuerza.
Los clubes también pueden convertirse en espacios de integración. En ellos coinciden menores y adultos con realidades diferentes, unidos por un objetivo común. Para muchos jóvenes, la pertenencia a un equipo representa una protección frente al aislamiento, el abandono escolar o determinadas conductas de riesgo.
Por esa razón, las administraciones deberían contemplar el deporte base como una inversión social. Cada euro destinado a una escuela deportiva puede producir beneficios en salud, convivencia y prevención. No se trata únicamente de formar campeones, sino de crear hábitos saludables y comunidades más unidas.
El éxito del TAZ Lanzarote también demuestra que las islas no capitalinas pueden organizar competiciones y desarrollar estructuras deportivas de calidad. La descentralización resulta fundamental. Los deportistas de Lanzarote, Fuerteventura, La Palma, La Gomera, El Hierro o La Graciosa no deberían sentirse obligados a abandonar sus islas para acceder a oportunidades.
El reto será transformar los resultados actuales en continuidad. Una generación con talento necesita competiciones regulares, entrenadores formados y un camino que le permita progresar. Si el apoyo aparece únicamente después de una victoria, probablemente llegará demasiado tarde para muchos.
Los medios de comunicación también debemos ampliar la mirada. Informar sobre estas disciplinas no supone quitar espacio a otros deportes, sino mostrar la verdadera diversidad de la actividad deportiva canaria.
Las 63 medallas obtenidas por el TAZ Lanzarote son una excelente noticia. Pero su mayor valor está en todo lo que representan: trabajo silencioso, comunidad, disciplina y perseverancia.
Hay victorias que no nacen bajo grandes focos. Se construyen en pequeños gimnasios, con familias esperando al final del entrenamiento y deportistas que siguen adelante sin saber si algún día alguien contará su historia.
Esta vez la historia ha sido contada. Ahora corresponde conseguir que el apoyo continúe cuando las medallas hayan dejado de ocupar los titulares.
Vidal Bolaños, escritor y comunicador
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