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LA CARTA DEL DIRECTOR: «LAS SIETE VIDAS DE HÉCTOR SUÁREZ»

Hay políticos que sobreviven por cálculo, otros por silencio y algunos por obediencia. Héctor Suárez, concejal del Ayuntamiento de Telde, parece haber elegido el camino más incómodo, sobrevivir hablando. Y en una ciudad donde buena parte de la oposición se ha convertido en decoración institucional, eso no es poca cosa.

A Suárez han intentado enterrarlo políticamente de muchas maneras. Primero fue apartado del Gobierno municipal por decisión unilateral del alcalde Juan Antonio Peña, que justificó su cese en una supuesta “pérdida de confianza” y en la falta de “lealtad y compromiso” dentro del pacto que sostenían Ciuca, PP, Más por Telde y Coalición Canaria. Aquello ocurrió en agosto de 2023 y marcó el inicio de una guerra política que, lejos de acabar con él, lo colocó en el único lugar donde hoy parece tener sentido su papel, enfrente del poder.

Después llegó la maquinaria orgánica. Coalición Canaria terminó expulsando a Héctor Suárez y Pilar Mesa con falsas acusaciones de “faltas graves”, desobediencia y por votar en contra de los presupuestos municipales. La organización incluso les pidió que devolvieran sus actas. Pero Suárez no se fue. No entregó su voz. No desapareció del pleno. Al contrario, desde entonces, el concejal no adscrito se ha convertido en el único que fiscaliza al Gobierno con nombres, expedientes y preguntas incómodas.

Esa es quizá su primera vida, la del político que debía haber quedado fuera del tablero y sigue moviendo piezas.

La segunda vida nace de la judicialización permanente. Sobre Héctor Suárez se han colocado torticeramente sombras, sospechas y titulares. Algunas causas siguen su curso y deberán resolverse donde corresponde, en los juzgados, no en el medio financiado a través de Gestel por el alcalde con dinero público, en los pasillos ni en las tertulias interesadas. Recordemos que un juzgado obligó al digital La Actualidad de Telde a rectificar una información falsa sobre Suárez, al considerar irresponsable vincularlo con una trama de corrupción nacional sin pruebas.

Y aquí conviene detenerse. Porque en política hay una diferencia enorme entre fiscalizar y triturar. Entre investigar y lapidar. Entre preguntar por la gestión pública y construir una condena social antes de que hable un juez. En Telde se ha confundido demasiadas veces la crítica con la ejecución pública. Y con Héctor Suárez algunos han querido practicar directamente la defenestración.

La tercera vida es la del resistente dentro del fango. En el caso de las obras de emergencia de agua ejecutadas en 2022, Suárez declaró como investigado y defendió ante la jueza la legalidad y necesidad de aquellas actuaciones, alegando que respondían a una situación de urgencia para garantizar el abastecimiento a vecinos afectados. La causa sigue abierta y, precisamente por eso, lo decente es no dictar sentencia desde un micrófono sucio por la corrupción, desde una tribuna política populista de Peña, o desde una página subvencionada con dinero público.

Pero el poder no siempre espera a la justicia. A veces le basta con el ruido. Y el ruido, bien administrado, funciona como una condena paralela.

La cuarta vida de Suárez aparece cuando, pese a todo, sigue haciendo preguntas. La última, especialmente incómoda sobre la posible compatibilidad del concejal del PP Iván Sánchez, responsable de Vías y Obras y arquitecto de profesión, con su actividad privada en Telde. El debate estalló cuando Suárez recuperó una cuestión planteada un año antes sobre proyectos particulares supuestamente firmados por Sánchez y tramitados ante el propio Ayuntamiento. Suárez sostuvo que existía el expediente 213/2024, presentado el 2 de enero de 2024 y aprobado por la Junta de Gobierno el 7 de noviembre de ese año.

Suárez acusó al alcalde Juan Antonio Peña de faltar a la verdad en el pleno al negar previamente esa realidad, mientras señalaba que el expediente recogía una licencia de obra mayor conforme a un proyecto del arquitecto Iván Sánchez, figurando además como director de obra. Y aquí está el fondo político del asunto, Héctor no estaba pidiendo una hoguera pública. Estaba pidiendo explicaciones. Algo tan básico como saber si un concejal con responsabilidades públicas en el Ayuntamiento puede actuar al mismo tiempo como técnico privado en expedientes que acaban circulando por la misma institución. Eso no es atacar. Eso es fiscalizar. Eso es oposición.

La quinta vida es la del político que, en vez de recibir respuestas, recibe ataques personales. En el pleno, Iván Sánchez respondió a las preguntas de Suárez con alusiones a su situación judicial y con una frase especialmente grave al decir que Héctor Suárez habría “arrastrado” a funcionarios municipales con sus decisiones. Esa afirmación provocó la reacción inmediata del edil no adscrito, que además ha decidido poner el asunto en manos de sus servicios jurídicos por considerar que afecta a su honor, su imagen pública y su trayectoria institucional.

El problema no es solo la frase. El problema es el método. Cuando un concejal pregunta por expedientes, compatibilidades y responsabilidades políticas, el Gobierno debe responder con documentos, transparencia y argumentos. No con insinuaciones. No con ataques personales. No con ese viejo recurso de intentar manchar al mensajero para que nadie mire el mensaje.

La sexta vida de Héctor Suárez es la de la soledad. Porque mientras el Gobierno de Telde vive instalado en la propaganda, las fotos, las visitas, los titulares fáciles y la política de escaparate, la oposición institucional parece muchas veces anestesiada. Hay partidos que hacen oposición de baja intensidad, oposición de nota de prensa ocasional, oposición de trámite. Suárez, con todas sus contradicciones y con todas las causas que tendrá que aclarar donde corresponda, está haciendo lo que otros no hacen: incomodar.

Y por eso molesta.

Molesta porque pregunta. Molesta porque no se ha ido. Molesta porque no pide permiso. Molesta porque conoce la administración por dentro. Molesta porque cuando habla de expedientes no habla de oídas. Molesta porque no ha aceptado el papel de cadáver político que algunos le tenían reservado.

Y la séptima vida es la más peligrosa para sus adversarios, la del político que, después de haber sido cesado, expulsado, señalado, judicializado y atacado en pleno, sigue sentado allí, en el salón de plenos, recordándole al Gobierno que Telde no es una finca privada ni una agencia de colocación.

Héctor Suárez no es un santo, ni falta que hace. La política no necesita santos. Necesita concejales que pregunten, que documenten, que incomoden y que no se arrodillen ante el poder de turno. Y hoy, guste más o guste menos, Héctor Suárez representa la oposición más real, más incómoda y más efectiva que tiene Telde.

Por eso han intentado defenestrarlo tantas veces.

Y por eso sigue más vivo que nunca políticamente.

Florentino López Castro, formado en periodismo por la Universidad Internacional Isabel I de Castilla y es director de ONDA GUANCHE

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