Su pronóstico favorable a las posibilidades del PSOE exige algo más que seguridad ante los micrófonos.
Escuchando a Iván Redondo, parece el más listo de la clase. Habla de los microdatos de las encuestas conocidas y del CIS con tal seguridad que da la impresión de manejar una información reservada, una clave que los demás no consiguen descifrar.
Y aparece una pregunta inevitable: ¿está trabajando para su antiguo jefe o simplemente está defendiendo su interpretación electoral? En la información examinada no consta una relación profesional actual con Pedro Sánchez que permita afirmar lo primero. Su pasado en La Moncloa justifica el escrutinio, pero no demuestra un encargo presente.
Redondo concede al PSOE alrededor de un 50 % de posibilidades de ser primera fuerza y describe una competición mucho más ajustada que la reflejada por varias estimaciones publicadas. Su argumento combina disputa provincial, crecimiento de Vox y movilización de la izquierda.
Pero ¿qué datos concretos sostienen ese diagnóstico? ¿Con qué ponderaciones? ¿Bajo qué previsión de participación? Si la conclusión procede de encuestas accesibles, debe poder explicarse para que otros puedan contrastarla. Invocar los microdatos no cierra el debate: lo abre.
Tampoco sería riguroso afirmar que nadie encuentra señales favorables al PSOE. La cuestión es si esas señales tienen fuerza suficiente para sostener el empate que Redondo anticipa. Una posibilidad electoral no se convierte en el escenario más probable por repetirla con convicción.
Hay un argumento atendible: Sánchez podría superar a Feijóo si Vox debilita al PP, aunque la suma de las derechas mantuviera una mayoría. Ser el partido más votado y conseguir gobernar son dos cosas distintas. Confundirlas puede producir un titular triunfal y una lectura política equivocada.
En Canarias sucede algo parecido. La proyección nacional examinada asigna un diputado a Coalición Canaria, pero no demuestra que Teodoro Sosa vaya a obtener un escaño por Las Palmas. La alianza con Primero Canarias es una apuesta política cuyo rendimiento necesita medirse. Las siglas se suman en una candidatura; los votos no se transfieren por decreto.
Redondo puede acertar. También puede equivocarse. Lo que corresponde es exigirle la misma transparencia que a cualquier analista, sin convertir su trayectoria en garantía ni en prueba de una intención oculta.
La campaña todavía no ha comenzado oficialmente y aquí estaremos, atentos a los próximos datos demoscópicos y a esa remontada que el exjefe de Gabinete de Pedro Sánchez asegura distinguir con tanta claridad. Veremos si las nuevas mediciones respaldan su lectura o si su seguridad iba por delante de la evidencia.
Porque la pregunta no es solo si trabaja para Sánchez. Es si sus conclusiones se sostienen cuando se aparta el nombre de quien las pronuncia y se ponen los datos encima de la mesa.
Juan Santana Hernández, Periodista y Locutor.
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