La existencia de depósitos de telurio al sur de Canarias vuelve a situar las aguas próximas al archipiélago en el centro de intereses estratégicos entre España y Marruecos. El mineral resulta relevante para determinadas tecnologías y para la transición energética. Sin embargo, cuando se habla de recursos submarinos, los canarios corremos el riesgo de aparecer como simples espectadores de decisiones adoptadas muy lejos de las islas.
El fondo marino no es una cantera vacía. Alberga ecosistemas poco conocidos y procesos que la ciencia continúa estudiando. La minería a gran profundidad puede provocar impactos difíciles de predecir y aún más difíciles de reparar. Antes de hablar de beneficios económicos, debemos conocer qué se arriesga, qué tecnología se utilizaría y quién asumiría la responsabilidad si aparecen daños.
La discusión tiene además una dimensión política. Las delimitaciones marítimas, las relaciones con Marruecos y los intereses del Estado no pueden tratarse a espaldas de Canarias. El Gobierno autonómico, las universidades y la sociedad civil deben participar con información suficiente. La cercanía geográfica no otorga automáticamente la propiedad, pero sí convierte al archipiélago en parte directamente afectada.
La transición ecológica tampoco puede basarse en repetir bajo el mar los errores cometidos en tierra. Necesitamos minerales para fabricar tecnología, pero esa necesidad no justifica cualquier extracción. Hablar de energía limpia mientras se destruyen ecosistemas desconocidos sería desplazar el problema y pintar de verde una actividad con consecuencias oscuras.
Canarias posee capacidad científica para contribuir al debate. Nuestros investigadores conocen el océano y pueden exigir estudios independientes, datos abiertos y seguimiento. Las decisiones no deben depender únicamente de informes financiados por quienes esperan obtener rentabilidad. La ciencia pública es una garantía frente a la prisa y la presión geopolítica.
También necesitamos saber cómo se repartirían los posibles beneficios. Demasiados proyectos prometen riqueza al territorio y terminan dejando empleo temporal, impactos duraderos y ganancias concentradas. Si algún día se plantea una explotación, deberá demostrar utilidad pública, retorno para Canarias y garantías ambientales extraordinarias.
El telurio puede ser estratégico, pero el mar lo es aún más. Alimenta, regula el clima, define nuestra cultura y conecta las islas con el mundo. No puede convertirse en un tablero donde otros disputen recursos mientras Canarias observa desde la orilla. La primera riqueza que debemos asegurar es la capacidad de decidir con conocimiento y proteger lo que no podrá recuperarse.
Vidal Bolaños, escritor y comunicador
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