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«EL SOBREENDEUDAMIENTO NO ES SOLO UN PROBLEMA DE NÚMEROS»

El aumento de fórmulas de pago aplazado, créditos rápidos y compras desde el móvil ha hecho que endeudarse sea más sencillo que comprender las consecuencias. La educación financiera vuelve a ocupar espacios informativos, pero el sobreendeudamiento no puede explicarse únicamente como falta de responsabilidad personal. También nace de salarios insuficientes, alquileres elevados, emergencias y publicidad diseñada para convertir el impulso en una cuota.

Las aplicaciones presentan el crédito como una operación limpia y casi invisible. Un toque basta para fraccionar una compra, y la suma de pequeñas mensualidades puede superar la capacidad real de una familia. El problema aparece cuando coinciden recibos, intereses y un imprevisto. Entonces una decisión aparentemente pequeña se convierte en una cadena difícil de romper.

Canarias combina bajos salarios con costes elevados en vivienda, cesta de la compra y transporte. Muchas personas no se endeudan para adquirir lujos, sino para cubrir gastos cotidianos o llegar a final de mes. Pedirles simplemente que organicen mejor su presupuesto ignora una parte importante de la realidad.

Eso no elimina la necesidad de formación. Comprender la TAE, los intereses de demora, los seguros asociados y el coste total permite decidir mejor. Esta educación debería impartirse en centros escolares, asociaciones y servicios sociales, con ejemplos cercanos y sin lenguaje bancario incomprensible.

Las entidades financieras y plataformas también tienen responsabilidades. Evaluar la solvencia no puede ser un trámite automático orientado a aprobar la operación. La publicidad debe explicar riesgos con la misma claridad con la que anuncia facilidades. Prestar a quien previsiblemente no podrá devolver no es inclusión financiera; es construir un problema.

Cuando la deuda ya existe, la persona necesita asesoramiento temprano y sin juicio moral. La vergüenza provoca silencio y retrasa la búsqueda de ayuda. Los servicios de consumo y mediación deben contar con recursos para negociar, detectar abusos y evitar que una dificultad temporal termine en exclusión.

Hablar de sobreendeudamiento es hablar de economía, pero también de salud mental, relaciones familiares y dignidad. Una sociedad responsable enseña a decidir, regula a quien presta y protege a quien cae. No todo se resuelve con una calculadora cuando el origen del desequilibrio está en una vida que cuesta más de lo que permite ganar.

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