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«EL PATIO DEL OLVIDO: CUANDO LA EDUCACIÓN FÍSICA SE CONVIERTE EN UNA UTOPÍA EN LAS PALMAS DE GRAN CANARIA»

Hay imágenes que no necesitan explicación. Canchas agrietadas, canastas oxidadas, bancos inutilizables, maleza creciendo donde deberían correr alumnos… y, como símbolo perfecto del abandono, una palmera caída pudriéndose junto a la pista. No es un solar abandonado. No es una instalación clausurada. Es el patio y las instalaciones deportivas del IES Primero de Mayo, a escasos metros del CC La Ballena, en Las Palmas de Gran Canaria.
 
Y esto, según denuncian, no es de ayer. Ni de la semana pasada. Ni de un curso escolar complicado. Esto lleva casi diez años así.
 
Diez años en los que unos 600 alumnos de ESO y Bachillerato han visto cómo su derecho a practicar deporte —sí, un derecho básico dentro del sistema educativo— se convertía en papel mojado. Porque aquí no es que no haya balones. Es que no hay cancha. No hay condiciones. No hay dignidad.
 
Educación Física… sin física ni educación
 
La asignatura existe en el horario, pero no en la realidad. Y eso no es un fallo administrativo, es un fracaso institucional. Porque cuando un centro educativo no puede garantizar algo tan básico como que sus alumnos se muevan, hagan deporte o descarguen energía de forma saludable, lo que está haciendo es empujarles justo hacia lo contrario.
 
Luego nos sorprendemos de los conflictos entre alumnos, de la tensión, de los encontronazos. ¿Qué esperan? ¿Que 600 jóvenes se queden quietos, sentados y disciplinados en un entorno que transmite abandono, dejadez y desprecio?
 
El mensaje que reciben es claro: “Esto es lo que hay para ustedes”.
 
El código postal también educa… o condena
 
Porque no estamos hablando de cualquier zona. Estamos hablando de un barrio donde viven familias con dificultades económicas. Y aquí es donde la crítica se vuelve más incómoda: ¿esto pasaría en un centro de otra zona más acomodada de la ciudad?
 
La respuesta, aunque no guste, es bastante evidente.
 
Aquí no solo hay abandono, hay desigualdad. Una desigualdad que no se mide en libros o profesores, sino en algo más básico: el estado del entorno en el que estudian los alumnos. Porque el patio también educa. Y este patio lo que enseña es resignación.
 
La Consejería mira hacia otro lado
 
Mientras tanto, la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, dirigida por Hipólito Alejandro Suárez Nuez, Poli Suárez, parece instalada en una cómoda indiferencia.
 
Ni actuaciones urgentes.
Ni soluciones visibles.
Ni explicaciones contundentes.
 
Pero eso sí, discursos, planes, fotos y promesas no faltan. Porque en política educativa, como en tantas otras cosas, hay una diferencia enorme entre lo que se dice y lo que se pisa. Y aquí, si pisan estas canchas, lo que se encuentran no es un espacio educativo… es un escenario de abandono.
 
Y conviene recordar algo: hablamos de un responsable público que además se perfila como posible candidato a la Alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria. Mientras algunos sueñan con alcaldías, hay alumnos que ni siquiera pueden correr en una pista en condiciones.
 
El silencio incómodo de quienes siempre hablan
 
Y hay una pregunta que muchos ciudadanos tampoco se explican: ¿dónde está ese equipo de concejales que todos los días critica al gobierno municipal de Carolina Darias? ¿Cómo es posible que un asunto de esta gravedad, con unas instalaciones deportivas en estado lamentable y cientos de alumnos afectados, no haya sido denunciado con la misma energía con la que se denuncian otros temas?
 
Quizás la respuesta esté en una incomodidad política evidente: este asunto apunta directamente a la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, dirigida por Poli Suárez, secretario general del PP en Canarias. Y claro, una cosa es criticar a Carolina Darias todos los días y otra muy distinta es molestar al jefe político con un problema tan feo, tan visible y tan difícil de maquillar.
 
Porque aquí no se trata de hacer oposición de escaparate. Se trata de defender a los alumnos. Y si una cancha destrozada, una palmera podrida, bancos oxidados y 600 jóvenes sin instalaciones deportivas dignas no merecen una denuncia pública, entonces el problema no solo está en el patio del instituto. También está en el silencio calculado de quienes miran para otro lado cuando el abandono tiene carné de partido.
 
Por ello, sería necesario que el grupo del Partido Popular en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria dé un paso al frente y actúe con coherencia política: instar al gobierno municipal que preside Carolina Darias a exigir, de manera firme y urgente, a la Consejería de Educación que dirige Poli Suárez la solución inmediata de este problema. Porque aquí no caben excusas ni equilibrios partidistas. Si de verdad se defiende a la ciudadanía, se defiende también a estos alumnos.
 
Una década de abandono no es un descuido, es una decisión
 
Que esto lleve diez años así no es casualidad. No es mala suerte. No es burocracia. Es una cadena de decisiones —o de no decisiones— que han permitido que un centro educativo se deteriore hasta este nivel.
 
Y cuando una administración permite eso durante una década, ya no estamos ante un problema técnico. Estamos ante una responsabilidad política directa.
 
La pregunta incómoda
 
La pregunta no es si esto se va a arreglar.
La pregunta es: ¿por qué no se ha arreglado ya?
 
Porque mientras los informes se redactan, los presupuestos se discuten, las competencias se reparten y algunos calculan a quién conviene señalar y a quién no, hay generaciones de alumnos que han pasado por ese centro sin conocer lo que es una instalación deportiva digna.
 
Y eso no se recupera.
 
Porque al final, esto no va de canchas rotas. Va de prioridades rotas. Y cuando las prioridades fallan, lo que se rompe no es el suelo… son las oportunidades.
 
Juan Santana, periodista y locutor de radio

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