El Obispado debe aclarar si conocía y autorizó una intervención en la que un responsable público anunció, dentro de una celebración religiosa, una actuación financiada con el dinero de todos los ciudadanos.
Lo sucedido durante la solemne misa en honor a la Virgen del Carmen, celebrada en la iglesia de San Gregorio de Telde, merece una explicación. No solamente por parte del vicepresidente del Cabildo de Gran Canaria y consejero de Presidencia, Teodoro Sosa, sino también del párroco y del propio Obispado de Canarias.
Durante la acción de gracias, todavía dentro de la celebración religiosa, Teodoro Sosa tomó la palabra ante cientos de fieles para anunciar que el Cabildo financiará la restauración de la histórica imagen de la Virgen del Carmen. La noticia fue recibida con una prolongada ovación dentro del templo. TeldeActualidad
La restauración de la imagen es una magnífica noticia. Nadie discute la necesidad de proteger una talla de enorme valor religioso, histórico y sentimental para San Gregorio y para el conjunto de Telde.
Pero una cosa es la importancia de la restauración y otra muy diferente el lugar elegido para anunciarla.
¿Era necesario convertir una misa en el escenario de un anuncio institucional? ¿No podía haberse comunicado antes, después de la procesión, en la plaza, mediante una rueda de prensa o a través de una nota oficial del Cabildo?
El dinero no es de Teodoro Sosa
Conviene dejar algo muy claro: Teodoro Sosa no anunció una donación realizada con su dinero particular. No entregó sus ahorros ni asumirá personalmente el coste de la restauración.
Anunció una actuación que será financiada con dinero público, procedente de los impuestos de todos los ciudadanos de Gran Canaria: creyentes y no creyentes, votantes de su partido y votantes de cualquier otra formación política.
Por tanto, Teodoro Sosa no es el benefactor particular de la Virgen del Carmen ni el héroe que llega a San Gregorio para salvar su patrimonio. Es un responsable político que administra recursos públicos y que tiene la obligación de emplearlos correctamente.
Utilizar el ambiente emocional de una iglesia llena, la devoción de los fieles y la solemnidad de una misa para presentar una inversión pública resulta profundamente oportunista. Durante unos minutos, Sosa pudo aparecer ante los presentes como el hombre que personalmente había conseguido la restauración, cuando el dinero no saldrá de su bolsillo, sino del presupuesto de una institución pública.
Una persona que realiza una donación con su propio patrimonio puede decidir cómo anunciarla, aunque dentro de una iglesia siempre debería prevalecer la humildad. Pero un político no puede apropiarse simbólicamente de una actuación financiada por todos para recibir una ovación en medio de una celebración religiosa.
El aplauso de los fieles no convierte en adecuado el lugar elegido. Al contrario, la emoción del momento hace todavía más cuestionable la escena, porque aquellas personas habían acudido a venerar a la Virgen del Carmen, no a participar en un acto de propaganda del Cabildo.
¿Qué sabía el obispo de Canarias?
El obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos, debería pronunciarse públicamente sobre lo sucedido.
¿Conocía el Obispado que Teodoro Sosa iba a intervenir durante la misa? ¿Sabía que aprovecharía la acción de gracias para anunciar una inversión pública? ¿Autorizó expresamente esa intervención? ¿Considera normal que un responsable político utilice una celebración religiosa para presentar una actuación de su institución?
Y, si el Obispado no lo sabía, ¿piensa pedir explicaciones por lo ocurrido?
También debe responder el párroco de San Gregorio, Agustín Lasso Tadeo. ¿Quién decidió entregar el micrófono a Teodoro Sosa? ¿Se conocía previamente el contenido de su discurso? ¿Era imprescindible realizar el anuncio dentro de la misa?
La pregunta resulta incómoda, pero necesaria: ¿puede un párroco permitir que una iglesia se convierta, aunque sea durante unos minutos, en un escenario de precampaña para un político que presenta como propio un compromiso pagado con dinero público?
Si mañana un dirigente de la oposición solicita intervenir durante otra misa para anunciar una iniciativa, ¿también se le permitirá hacerlo? ¿Podrán otros cargos públicos utilizar las celebraciones religiosas para presentar subvenciones, restauraciones y obras públicas?
La Iglesia no puede abrir sus puertas solamente a determinados políticos para que promocionen su gestión ante una comunidad de fieles. Si lo hace, pierde su necesaria independencia y corre el riesgo de quedar utilizada como decorado electoral.
Las normas de la Iglesia establecen límites
La intervención de Teodoro Sosa no fue técnicamente una homilía, porque se produjo durante la acción de gracias. Pero eso no elimina el problema: fue un discurso institucional con contenido político introducido dentro de una celebración religiosa.
Las normas de la propia Iglesia establecen que la homilía durante la misa está reservada al sacerdote o al diácono y nunca puede ser pronunciada por un laico. También indican que, cuando excepcionalmente un laico deba ofrecer alguna instrucción o testimonio, resulta preferible que lo haga fuera de la celebración y que esa posibilidad no se convierta en una costumbre.
La instrucción vaticana Redemptionis Sacramentum señala, además, que la misa no debe relacionarse con acontecimientos políticos o mundanos ni utilizarse como un acto de ostentación. Vaticano
Por eso, el Obispado debe aclarar si considera compatible con estas normas que un consejero anuncie una inversión pública dentro de una misa y reciba posteriormente el aplauso de los asistentes.
No se está cuestionando que las administraciones colaboren en la conservación del patrimonio religioso. Esa colaboración es necesaria y forma parte de la protección de nuestra historia y nuestra cultura. Lo que se cuestiona es que un político utilice el templo como escaparate para anunciar esa colaboración y obtener reconocimiento personal.
Propaganda con incienso
Lo sucedido provoca vergüenza, no por la restauración de la Virgen del Carmen, que debe ser celebrada, sino por la utilización política de una ceremonia que tenía que estar dedicada a la fe y a la devoción.
Teodoro Sosa podía haber anunciado el compromiso en muchos lugares. Eligió hacerlo dentro de una iglesia llena, ante cientos de personas y en uno de los momentos más emotivos de las fiestas. Ningún salón de prensa ofrece la solemnidad, la emoción y el aplauso que garantiza un templo repleto de fieles.
La iglesia de San Gregorio no es el salón de plenos del Cabildo. El altar no es un atril institucional. La acción de gracias no puede convertirse en un espacio publicitario. Y la Virgen del Carmen no debe ser utilizada como fondo para engrandecer la imagen de ningún político.
El Obispado de Canarias tiene la obligación de explicar qué sucedió y de establecer límites claros para que algo así no vuelva a repetirse. Porque si se permite que la política entre de esta manera en una misa, mañana tendremos a cada dirigente anunciando subvenciones y obras públicas entre el Evangelio y la bendición final.
La restauración de la Virgen del Carmen es una buena noticia. Utilizarla para convertir a un político, durante unos minutos, en el héroe de una celebración pagada con el dinero de todos es algo completamente diferente.
Eso no es devoción. Es propaganda con incienso.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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