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«CUANDO NUESTRAS RAÍCES DEJAN DE PEDIR PERMISO»

La unión de Los Sabandeños y la Joven Orquesta de Canarias demuestra que la cultura isleña puede ocupar los grandes escenarios sin renunciar a su identidad.

Por Vidal Bolaños

Durante mucho tiempo, la cultura canaria ha tenido que justificar su presencia fuera del archipiélago. Nuestras músicas, palabras y tradiciones fueron presentadas con frecuencia como productos exóticos, complementos turísticos o manifestaciones menores frente a una cultura considerada más universal.

Sin embargo, lo universal no nace únicamente en las grandes capitales. También puede surgir en una plaza de pueblo, en una isa transmitida entre generaciones, en un timple, en una voz popular o en las composiciones inspiradas por el paisaje de las islas.

El próximo 26 de septiembre, la Joven Orquesta de Canarias y Los Sabandeños compartirán el escenario de la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música de Madrid. Bajo la dirección de Víctor Pablo Pérez, el programa reunirá tradición popular, música sinfónica y diferentes generaciones de intérpretes.

El concierto, titulado Raíces Sinfónicas. Gran Fiesta Canaria, también contará con el pianista Juan Floristán e incluirá obras como Noches en los jardines de España, de Manuel de Falla, y versiones orquestales de Vals canariote y Campanas de Las Palmas, compuestas por Camille Saint-Saëns durante su relación con Canarias. .

La Joven Orquesta de Canarias representa el talento emergente de las islas. Los Sabandeños, con más de seis décadas de trayectoria, forman parte de nuestra memoria musical. La unión de ambos proyectos no debería contemplarse únicamente como un concierto extraordinario, sino como una imagen de lo que puede conseguirse cuando tradición y juventud dejan de tratarse como realidades enfrentadas.

Conservar el patrimonio no significa repetirlo sin cambios hasta convertirlo en una pieza inmóvil. Una tradición permanece viva cuando es capaz de dialogar con el presente, aceptar nuevas formas y llegar a personas que no vivieron su nacimiento.

Los jóvenes músicos canarios necesitan conocer las obras y expresiones culturales de su tierra. También deben tener libertad para reinterpretarlas, mezclarlas y llevarlas hacia nuevos lenguajes. Si únicamente les pedimos que reproduzcan el pasado, la cultura terminará perdiendo capacidad creadora.

El concierto también recupera la relación de Saint-Saëns con Canarias. Resulta significativo que determinadas piezas inspiradas en las islas necesiten ser redescubiertas y orquestadas tanto tiempo después. Nuestro patrimonio musical continúa escondiendo obras, nombres e historias que deberían ocupar mayor espacio en la enseñanza y en la programación cultural.

Canarias ha producido escritores, músicos, pintores, cineastas y creadores capaces de dialogar con el mundo. Sin embargo, todavía existe una tendencia a valorar más aquello que llega desde fuera que lo que nace cerca. Un artista canario puede trabajar durante años sin reconocimiento y comenzar a ser considerado importante solamente cuando triunfa en Madrid, Barcelona o cualquier escenario internacional.

Esa mirada debe cambiar. La proyección exterior es necesaria, pero el reconocimiento debería comenzar dentro de las propias islas. Nuestros teatros, auditorios, medios de comunicación y centros educativos tienen la responsabilidad de acercar la creación canaria a la ciudadanía.

También resulta imprescindible garantizar que la cultura llegue a todas las islas. No debería concentrarse únicamente en las capitales o en los grandes recintos. La gira de la JOCAN y Los Sabandeños tendrá actuaciones previas en Tenerife, Fuerteventura y La Palma, antes de viajar a Barcelona y Madrid.

La fragmentación territorial no puede convertirse en una condena cultural. Los habitantes de las islas no capitalinas tienen el mismo derecho a disfrutar de propuestas de calidad. Para ello hacen falta circuitos estables, movilidad para los artistas y presupuestos que no dependan exclusivamente de acontecimientos puntuales.

El encuentro entre la JOCAN y Los Sabandeños demuestra que la cultura canaria no necesita disfrazarse para ocupar un gran escenario. Puede presentarse con sus sonidos, su historia y su identidad, dialogando de igual a igual con el repertorio sinfónico.

Canarias no debe acudir a Madrid como quien pide permiso para ser escuchada. Acude con una tradición musical que pertenece a su pueblo, con jóvenes capaces de interpretar al máximo nivel y con una memoria que continúa evolucionando.

Nuestras raíces no son cadenas que nos sujetan al pasado. Son el punto desde el que podemos crecer. Y cuando encuentran espacio, formación y confianza, dejan de pedir permiso para comenzar a ocupar el lugar que siempre les correspondió.

Vidal Bolaños, escritor y comunicador

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