La nueva concentración en El Cubillo confirma que el conflicto laboral sigue enquistado y que la imagen de normalidad que intenta vender el gobierno municipal empieza a hacer aguas por todas partes.
En Telde hay señales que no fallan. Una de ellas es ver a los funcionarios concentrándose otra vez a las puertas del edificio municipal de El Cubillo, entre las 11:00 y las 12:00 horas, como quien ficha ya no para entrar a trabajar, sino para recordarles a sus gobernantes que siguen existiendo. Porque en esta ciudad, por lo visto, para que te escuchen no basta con presentar escritos, reclamar por los cauces oficiales, insistir desde la representación sindical o apelar al sentido común. No. Aquí hay que salir a la calle. Y si puede ser varias veces, mejor, no vaya a ser que en algún despacho aún no se hayan enterado de que hay un conflicto laboral bastante serio.
La plantilla del Ayuntamiento de Telde se ha vuelto a concentrar dentro de unas movilizaciones que llevan meses repitiéndose sin que la Administración haya dado una respuesta efectiva a sus reivindicaciones. Y esto ya no es un detalle, ni una anécdota, ni un pequeño roce laboral de esos que luego se maquillan con una foto, una nota de prensa y dos frases de compromiso institucional. Esto ya es un síntoma. Y además de los gordos. De esos que retratan a un gobierno local mejor que cualquier campaña de propaganda.
Porque cuando los trabajadores de una administración tienen que protestar una y otra vez para reclamar que se les pague lo que se les debe, que se aplique la subida salarial que corresponde, que se abonen horas extraordinarias atrasadas desde 2022, que se mejore el estado de las instalaciones municipales, que se convoquen las OPEs, que se incorpore al personal funcionario en prácticas y que, por una vez, se cumpla íntegramente el convenio colectivo vigente, lo que hay no es una incidencia. Lo que hay es un monumental suspenso en gestión interna.
Pero seguramente ahora tocará escuchar alguna explicación con perfume técnico, de esas que traducidas al castellano corriente vienen a decir: “Sí, todo está fatal, pero no es culpa de nadie”. Que es uno de los grandes milagros de la política local: pasan los meses, se enquistan los problemas, crece el malestar, se repiten las protestas… y al final resulta que no hay responsables, no hay autocrítica y, si te descuidas, hasta hay quien pretende venderlo como un proceso natural de diálogo. Diálogo, por cierto, tan intenso que la plantilla tiene que manifestarse con frecuencia para ver si alguien baja de una vez del pedestal administrativo.
Lo verdaderamente admirable es la capacidad del Ayuntamiento para convertir lo excepcional en costumbre. En cualquier otro lugar, que los funcionarios se concentren de forma continuada sería motivo de alarma política, reuniones urgentes y soluciones rápidas. En Telde no. En Telde corre el riesgo de convertirse en parte del paisaje. Cualquier día lo meten en la guía local: casco histórico, playas, patrimonio y, de 11:00 a 12:00, concentración de la plantilla municipal en El Cubillo. Tradición, cultura y desgobierno, todo en el mismo folleto.
Las demandas, además, no son precisamente marcianas. No están pidiendo una nave espacial, ni una estatua en la plaza de San Juan, ni una concejalía de los milagros. Están reclamando el abono de la subida salarial del 0,5% de 2024, la aplicación del 2,5% de 2025, el pago de las horas extraordinarias adeudadas —con atrasos que alcanzan 2022, meses pendientes de 2024, todo 2025 y lo transcurrido de 2026—, la mejora urgente de unas instalaciones que en muchos casos no reúnen condiciones adecuadas, la agilización de las OPEs ante la falta grave de personal, la toma de posesión inmediata del funcionariado en prácticas y el cumplimiento del convenio colectivo. Vamos, lujos asiáticos. Caprichos de ricos. Exigencias desproporcionadas de una plantilla que, según parece, todavía no ha entendido que en la Telde oficial pedir que se cumpla lo acordado puede sonar casi ofensivo.
Desde Intersindical Canaria y UGT se denuncia que la situación sigue enquistada por la inacción de la Administración, generando un escenario laboral insostenible que afecta directamente al funcionamiento de los servicios públicos. Y aquí llegamos al gran hallazgo de esta historia: resulta que si tienes a la plantilla quemada, mal atendida, con pagos pendientes, con falta de personal, con instalaciones deficientes y con acuerdos incumplidos, luego los servicios públicos se resienten. Inesperado. Sorprendente. Una revelación solo comparable a descubrir que si no echas gasolina, el coche no arranca.
Pero eso sí, luego nos llenamos la boca con la defensa de lo público. Qué bonito queda eso. Defender lo público en el discurso y dejar a los trabajadores públicos haciendo concentraciones para reclamar lo básico. Es casi poesía institucional. Una especie de teatro político donde unos hablan de compromiso, diálogo y responsabilidad mientras otros, al otro lado del telón, siguen esperando nóminas completas, condiciones dignas y soluciones que no llegan jamás. Telde no gobierna, Telde interpreta. Y lo hace con una mezcla de improvisación, demora y cara de “aquí no pasa nada” que ya merecería un premio, seguramente subvencionado, posado y con foto oficial.
Lo más sarcástico del asunto es que después vendrán los mismos de siempre a preguntarse por qué hay malestar, por qué la ciudad va a trompicones o por qué el Ayuntamiento transmite esa sensación de agotamiento permanente. Pues muy sencillo: porque un Ayuntamiento también se mide por cómo trata a quienes lo sostienen por dentro. Y cuando ni siquiera su propia plantilla se siente atendida, lo que falla no es solo la relación laboral; falla el modelo entero.
En Telde llevamos demasiado tiempo asistiendo al noble arte de gobernar a base de titulares sonrientes y problemas en diferido. Todo se anuncia, todo se vende, todo se promete. Luego llega la realidad, se planta en la puerta de El Cubillo con pancartas, y estropea la escenografía. Qué falta de respeto la de la realidad, siempre empeñada en arruinar el relato oficial.
Y a lo mejor el equipo de gobierno, con el alcalde Juan Antonio Peña al frente, debería empezar a recordar una cosa muy sencilla que a veces la soberbia institucional hace olvidar: los funcionarios también votan. Y sus familias, también. Igual convendría tomar nota antes de seguir tratando este conflicto como si fuera una molestia pasajera o un ruido de fondo sin consecuencias. Porque cuando una administración se distancia de su propia plantilla, no solo deteriora el funcionamiento interno del Ayuntamiento; también empieza a cavar su propio desgaste político a pie de calle, en los barrios, en las casas y en las urnas.
Así que sí, si alguien quiere saber si en Telde las cosas van bien o mal, que no mire las notas triunfalistas ni los mensajes de autobombo. Que mire a los funcionarios. Que escuche sus protestas. Que observe cómo las concentraciones se han vuelto frecuentes. Ahí está el termómetro verdadero. Y marca fiebre alta.
Porque cuando una administración deja que sus conflictos se pudran, no demuestra calma, demuestra desidia. Cuando ignora durante meses a su plantilla, no transmite firmeza, transmite soberbia. Y cuando los trabajadores tienen que salir a la calle una y otra vez para reclamar lo que les corresponde, el problema ya no es sindical: el problema es político. Muy político.
En resumen, Telde ha conseguido algo extraordinario: convertir la protesta de sus funcionarios en el recordatorio más puntual del calendario municipal. Y eso, aunque algunos no lo quieran admitir, es una forma bastante eficaz de hacer oposición… contra uno mismo.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
Artículos Relacionados
- RAMOS: "TELDE SUFRE EL PEOR GOBIERNO EN DÉCADAS"
El líder socialista y secretario general de Telde Alejandro Ramos Guerra en declaraciones a Paco…


3 respuestas
Como trabajadora del ayuntamiento de Telde no me queda más que felicitarlo por este gran artículo, ha hecho una radiografía exacta de lo que está sucediendo. No es de recibo que después de tantos meses sigamos reclamando algo que por derecho nos corresponde y teniendo que acudir a los juzgados a reclamar algo que nos pertenece. Aqui nadie está pidiendo aumentos, ni nada fuera de lo común solo pedimos lo que nos pertenece. Cualquier trabajador reclama lo que le corresponde y una cosa es un retraso puntual y otra es que se vulneren nuestros derechos y eso a nadie le gusta y vemos como pasan los meses los años y se actúa como si nada sucediera. Es tanta la desidia, las excusas que al final de nuestro bolsillo hemos tenido que denunciar ante la justicia para que se nos pague lo que se nos adeuda.
No me queda más que darle la enhorabuena por un artículo que se podría decir más alto pero no más claro.
Estas elecciones más que ganarlas Ciuca las perdiò NC, con las constantes concentraciones de la Policía Local. Eso les hizo un daño debastador. Es un deja vu? Ahí lo dejo!
hay lo que hay es mucho Gandul y sólo vivir del cuento jajajaja a trabajar coño enchufados