Onda Guanche y Canarias Informativa vuelven a demostrar el valor de unos medios independientes que, con el apoyo de las redes sociales, ponen sobre la mesa los problemas que afectan a los ciudadanos y obligan a las administraciones a rendir cuentas.
Hay ocasiones en las que una noticia sirve para informar. Otras veces sirve para incomodar. Y algunas, las verdaderamente importantes, consiguen ambas cosas y terminan obligando a quienes administran lo público a salir de su silencio, ofrecer explicaciones y contar a los ciudadanos qué están haciendo con un problema que llevaba demasiado tiempo delante de sus ojos.
Lo ocurrido con las aguas fecales del Barranco Real de Telde constituye un buen ejemplo del papel que siguen desempeñando los medios libres, independientes y cercanos a la calle.
Porque esta historia no empezó ayer.
El pasado 5 de abril, Canarias Informativa ya publicaba que las aguas fecales llevaban más de una semana discurriendo por el Barranco Real y expresaba su incomprensión ante la falta de una actuación urgente. Aquella información señalaba además expresamente que Onda Guanche ya se había hecho eco días antes del problema. Es decir, la denuncia pública de lo que estaba ocurriendo comenzó varios meses antes de que ahora conozcamos todos los detalles técnicos ofrecidos por el Ayuntamiento.
Cinco meses después, el 9 de agosto, Onda Guanche y Canarias Informativa volvieron a colocar el asunto en el centro del debate público. La pregunta era elemental: ¿cómo era posible que, después de tantos meses, siguieran existiendo aguas residuales discurriendo por el barranco sin que la ciudadanía hubiera recibido una explicación suficientemente clara de lo ocurrido, de las actuaciones realizadas y de los plazos previstos para solucionar el problema?
Y entonces llegaron las explicaciones.
El Ayuntamiento de Telde ha remitido una extensa nota informativa en la que asegura que mantiene en ejecución una obra de emergencia en el Barranco Real destinada a restituir la conducción de las aguas residuales, con aproximadamente 1,7 kilómetros de nueva canalización provisional entre el entorno de Valle de Los Nueve y San José de Las Longueras. Según el propio Consistorio, la Junta de Gobierno declaró la emergencia de las obras el pasado 3 de julio.
Conviene detenerse en este dato porque el periodismo independiente también debe ser riguroso cuando los hechos introducen matices.
No sería correcto afirmar que el Ayuntamiento decidió el 10 de agosto iniciar las obras exclusivamente como consecuencia de las informaciones publicadas el día anterior. La documentación municipal sostiene que la emergencia había sido declarada el 3 de julio.
Pero tampoco puede borrarse la otra mitad de la cronología.
Las denuncias públicas son anteriores.
Mucho anteriores.
Canarias Informativa hablaba ya de este problema el 5 de abril y recordaba entonces que Onda Guanche se había hecho eco previamente de la situación. Por tanto, cuando la Junta de Gobierno adopta el acuerdo de emergencia del 3 de julio, el problema llevaba meses expuesto públicamente por medios independientes.
Y después de que el asunto vuelva a estallar mediáticamente este 9 de agosto, con enorme difusión también a través de las redes sociales, el Ayuntamiento ofrece ahora una explicación pormenorizada de actuaciones, dificultades técnicas, presupuestos, responsabilidades y soluciones futuras.
Eso también es conseguir resultados.
EL PERIODISMO NO PONE LAS TUBERÍAS, PERO PONE EL FOCO
Un periódico no repara una conducción.
Una radio no puede entrar con una excavadora en un barranco.
Una publicación de Facebook no sustituye a un ingeniero.
Pero el periodismo tiene otra herramienta extraordinariamente poderosa: la luz.
Poner luz donde existen problemas.
Preguntar donde faltan respuestas.
Recordar aquello que el paso de los meses amenaza con convertir en normal.
Y evitar que determinados asuntos desaparezcan de la agenda pública mientras el ciudadano continúa padeciendo sus consecuencias.
Eso es lo que hacen los medios cuando cumplen su verdadera función.
El Ayuntamiento explica ahora que el Barranco Real presenta unas condiciones extraordinariamente complicadas, con zonas angostas, desniveles, terreno rocoso, paredes prácticamente verticales y riesgo de desprendimientos, circunstancias que dificultan la entrada de maquinaria y obligan a extremar la seguridad de los trabajadores.
Explica también que Aguas de Telde había reparado aproximadamente 550 metros entre San José y Mayorazgo y realizado otras actuaciones en Hoya Manrique, hasta alcanzar un tramo de unos 1,6 kilómetros donde la complejidad del terreno y los riesgos hicieron necesaria una intervención especializada.
Perfecto.
Esa es precisamente la información que necesita conocer la ciudadanía.
Y ahí aparece otra de las grandes funciones de la prensa: obligar a explicar.
Porque si todas esas actuaciones se estaban desarrollando, si existía una declaración de emergencia desde el 3 de julio y si el Ayuntamiento estaba afrontando un problema de semejante magnitud, la pregunta resulta inevitable: ¿por qué muchos ciudadanos han tenido que conocer ahora, después de meses de denuncias y de imágenes circulando por las redes sociales, la verdadera dimensión de la intervención?
Gobernar también es informar.
411.698 EUROS AHORA Y MÁS DE TRES MILLONES PARA LA SOLUCIÓN DEFINITIVA
La nota remitida por el Ayuntamiento permite conocer datos de enorme relevancia.
La actuación de emergencia contempla una conducción provisional superficial de 1.725 metros, dividida en tres sectores: 87 metros de conexión de cabecera, 706 metros en Valle de Los Nueve y 932 metros en Las Longueras.
El presupuesto inicial asciende a 411.698,72 euros, incluidos los trabajos técnicos y de coordinación de seguridad.
Pero lo verdaderamente revelador es que el propio Ayuntamiento reconoce que la solución definitiva puede alcanzar inicialmente los 3.063.000 euros, incluyendo estabilización de taludes, mejora del cauce, accesos y sustitución definitiva del colector.
Estamos, por tanto, ante un problema serio.
Muy serio.
Y precisamente por eso necesitaba atención pública.
LAS REDES SOCIALES HAN CAMBIADO LAS REGLAS
Durante décadas, una administración podía confiar en que determinados problemas locales permanecieran prácticamente invisibles si no alcanzaban los grandes medios de comunicación.
Eso se acabó.
Hoy un vecino graba un vídeo.
Otro aporta fotografías.
Un medio local investiga.
Una radio pregunta.
Una publicación digital documenta.
Los lectores comparten.
Facebook, WhatsApp, Instagram, X o YouTube multiplican la información.
Y aquello que podía quedar reducido a un barranco, una calle o un barrio termina entrando en miles de teléfonos móviles.
Las redes sociales tienen enormes defectos, pero han democratizado algo fundamental: la capacidad de hacer visible aquello que antes podía permanecer oculto o reducido a unos pocos testigos.
Cuando esa potencia de difusión se combina con medios periodísticos independientes capaces de contrastar, contextualizar, preguntar e insistir, aparece una herramienta extraordinaria de fiscalización democrática.
Por eso los pequeños y medianos medios locales son tan necesarios.
No porque sean infalibles.
No porque tengan siempre razón.
Sino porque están cerca.
Porque escuchan al vecino al que nadie escucha.
Porque una fotografía enviada por un ciudadano puede convertirse en una noticia.
Porque vuelven sobre asuntos que otros consideran agotados.
Y porque no necesitan que un problema tenga dimensión nacional para considerarlo importante.
NO ES HACER OPOSICIÓN: ES HACER PERIODISMO
Existe además una peligrosa tendencia a interpretar cualquier información incómoda para un gobierno como una campaña política.
Nada más equivocado.
La prensa no está para hacer agradable la jornada de un alcalde, un concejal, un presidente o un consejero.
Tampoco está para destruirlos.
Está para preguntarles.
Para comprobar.
Para fiscalizar.
Para publicar aquello que sea de interés público.
Y para reconocer también las actuaciones cuando estas se producen.
Si el Ayuntamiento de Telde está ejecutando finalmente una obra de emergencia para solucionar el problema del Barranco Real, habrá que decirlo.
Si la complejidad técnica es enorme, habrá que explicarla.
Si los trabajadores necesitan garantías de seguridad, nadie sensato puede exigir que arriesguen sus vidas.
Y si la solución integral cuesta más de tres millones de euros y necesita proyectos, financiación y procedimientos administrativos, también debe contarse.
Pero ninguna de esas circunstancias convierte en innecesarias las preguntas formuladas durante estos meses.
Todo lo contrario.
Las respuestas que conocemos ahora demuestran hasta qué punto era necesario preguntar.
EL VALOR DE NO CALLARSE
Onda Guanche y Canarias Informativa pueden tener líneas editoriales propias, estilos diferentes y opiniones que gusten más o menos.
Eso forma parte de una sociedad plural.
Lo verdaderamente importante es otra cosa: que existan.
Que existan medios dispuestos a mirar donde otros no miran.
Que existan periodistas que sigan preguntando cuando las respuestas no llegan.
Que existan plataformas donde los ciudadanos puedan trasladar fotografías, vídeos, denuncias y problemas.
Y que las redes sociales permitan romper el viejo monopolio de la agenda informativa.
El poder, cualquier poder, funciona mejor cuando sabe que alguien está mirando.
Y una ciudad funciona mejor cuando sus gobernantes saben que una avería, un vertido, una calle abandonada, un servicio deficiente o una promesa incumplida puede terminar mañana ante miles de ciudadanos.
Eso no perjudica a la democracia.
Eso es democracia.
El episodio del Barranco Real deja además una conclusión especialmente significativa.
Si las obras estaban ya encaminadas, como asegura el Ayuntamiento, la información publicada ha conseguido que se expliquen.
Si existían dificultades técnicas, ahora conocemos cuáles son.
Si se habían invertido recursos, ahora sabemos cuánto dinero.
Si existe una solución provisional, sabemos que serán 1.725 metros.
Si hace falta una intervención definitiva, conocemos que su primera estimación supera los tres millones de euros.
Toda esa información pertenece a los ciudadanos.
Y conseguir que llegue hasta ellos también forma parte de la función de la prensa.
Por eso, cuando algunos se preguntan para qué sirven los medios libres e independientes en tiempos dominados por grandes estructuras de comunicación, gabinetes institucionales y redes sociales, la respuesta puede encontrarse estos días en el Barranco Real de Telde.
Sirven para mirar.
Sirven para preguntar.
Sirven para insistir.
Sirven para que los problemas no desaparezcan debajo de la alfombra.
Y, sobre todo, sirven para recordar algo que ningún gobernante debería olvidar:
cuando el periodismo libre habla y los ciudadanos convierten esa información en una enorme conversación pública a través de las redes sociales, el silencio institucional se vuelve mucho más difícil de mantener.
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