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«COSTAS DE TELDE, EL SILENCIO TAMBIÉN CONTAMINA»

Cuando la ciudadanía pide respuestas y las administraciones (todas) responden con incertidumbre. «Meses después de los episodios de contaminación, las preguntas siguen flotando sobre el litoral teldense y las respuestas continúan hundidas en el silencio administrativo más vergonzoso.»

Porque lo que voy a plantear a continuación no es solo un problema medioambiental. Es, sobre todo, una cuestión de transparencia democrática, de salud pública y de respeto hacia una ciudadanía que lleva meses esperando respuestas.

Hay mareas que dejan espuma en la orilla y otras que dejan preguntas sin respuesta. Las primeras desaparecen con el viento; las segundas permanecen durante meses, erosionando algo mucho más importante que la propia costa: “la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.”

A finales de 2025, y posteriormente en enero de 2026, las costas de Telde, recordaran que fueron escenario de episodios de contaminación marítima que provocaron una profunda preocupación social.

Vecinos, pescadores, deportistas náuticos, organizaciones ecologistas y ciudadanos en general contemplamos con inquietud cómo aparecían indicios evidentes de una alteración del entorno marino cuya naturaleza, alcance y consecuencias nunca han sido aclarados de forma satisfactoria.

Ha pasado el tiempo. Mucho más tiempo del razonable y, sin embargo, las preguntas esenciales continúan flotando sobre el mar de Telde como restos de un naufragio administrativo. ¿Qué sustancia llegó al litoral? ¿De dónde procedía exactamente? ¿Quién o quiénes fueron responsables? ¿Se realizaron análisis completos e independientes? ¿Es completamente seguro consumir pescado capturado en estas aguas? ¿Por qué la información facilitada a la ciudadanía ha sido tan escasa?

En una sociedad democrática estas preguntas deberían haber obtenido respuesta hace meses. No porque los ciudadanos tengamos derecho a conocer todos los detalles técnicos de una investigación compleja, sino porque tenemos derecho a saber qué ocurrió en su entorno, qué riesgos existieron y qué medidas se adoptaron para evitar que vuelva a repetirse.

“El derecho a saber”

La transparencia institucional no es una concesión graciable de la Administración. Es una obligación y cuando se produce un episodio de contaminación que afecta al dominio público marítimo-terrestre, la información debe fluir con rapidez, claridad y rigor. No basta con emitir comunicados genéricos, anunciar investigaciones cuyos resultados nunca se conocen o limitarse a afirmar que la situación está bajo control.

Precisamente cuando existe alarma social, es cuando más necesario resulta ofrecer datos verificables, informes accesibles y explicaciones comprensibles para la población; porque el vacío informativo nunca permanece vacío mucho tiempo cuando faltan explicaciones aparecen los rumores, máxime cuando se retrasan las respuestas y surge la desconfianza o cuando el silencio se prolonga demasiado, y la ciudadanía empieza a sospechar que alguien intenta eludir responsabilidades.

“Una cadena de administraciones, una ausencia de responsables”

Lo más preocupante de este asunto es que, transcurridos meses desde aquellos tristes episodios, parece haberse instalado una especie de “limbo administrativo”, donde todas las instituciones han intervenido, pero ninguna ha ofrecido una explicación concluyente y todo apunta a que se acerquen las elecciones para culparse los unos a los otros, con el tan típico “cobarde refugio dialectico del… “¡Y tu más!

Cabildos, ayuntamientos, organismos autonómicos, autoridades estatales y administraciones con competencias en materia medioambiental, han participado de una forma u otra en el seguimiento del problema, pero, o todos se sienten culpables o no me explicó tanto secreto.

Sin embargo, mi percepción y la de muchos ciudadanos de Telde, es que la responsabilidad se ha diluido entre despachos, informes y procedimientos poque efectivamente nadie tiene la conciencia tranquila, y cuando todos son responsables, termina pareciendo que nadie lo es.

La protección del medio ambiente exige coordinación administrativa, pero también exige rendición de cuentas. Si hubo una fuente contaminante, la ciudadanía tiene derecho a conocerla. Si hubo negligencias, deben señalarse. Si existen limitaciones técnicas para determinar el origen exacto, también debe explicarse con honestidad.

Lo inaceptable es que el paso del tiempo se convierta en una estrategia para que las preguntas pierdan actualidad, porque la actualidad desaparece, la verdad, no.

“La salud pública no admite zonas grises”

Existe además una cuestión especialmente sensible; el mar no es únicamente un espacio natural. Es también una fuente de recursos económicos y alimentarios.

Muchos vecinos de Telde se preguntan si el pescado capturado en estas aguas puede consumirse con total tranquilidad. Y esa duda, por sí sola, ya constituye un fracaso comunicativo de las administraciones.

Si los análisis concluyen que no existe riesgo, debe afirmarse con claridad y publicarse la documentación correspondiente y dejarse de “machangadas” e intentar tratar a la ciudadanía, como si todos fuéramos alumnos de la LOGSE socialista; “progres sí, pero burros hasta decir basta”

Si existen recomendaciones o limitaciones, deben difundirse igualmente, pues la incertidumbre prolongada perjudica por igual a consumidores, pescadores y comerciantes. Nadie gana cuando faltan explicaciones.

“El silencio también tiene consecuencias”

Quizá lo más grave de todo no sea la contaminación producida entonces, sino la erosión institucional que provoca ahora la ausencia de respuestas. Las sociedades modernas se construyen sobre una relación de confianza entre gobernantes y gobernados. Esa confianza exige transparencia, especialmente cuando ocurren sucesos que afectan al medio ambiente y a la salud colectiva.

Cada día que pasa sin aclaraciones suficientes aumenta la sensación de que los ciudadanos solo son necesarios para pagar impuestos o depositar una papeleta electoral, que por cierto aprovecho la ocasión para manifestar una vez más,   que la mía en  estas próximas elecciones, tanto para Ayuntamiento de Telde  como para Cabildo de Gran Canaria, será en blanco, pero no, por no  recibir información completa sobre asuntos tan graves como estos  que afectan directamente a la vida cotidiana de Telde y mucho menos para mí,  que no dejo de ser “una mosca cojonera´”  como me llamó una edil de la actual corporación que forma el ayuntamiento de Telde, pues por el contrario, solo soy un humilde viejo lobo de mar y maúro de Telde  y pienso que  esta percepción resulta tan nociva para la democracia como cualquier vertido al ecosistema marino.

Lo me cansaré de repetir hasta las nuevas elecciones, que los actuales partidos políticos en el poder local, no merecen ninguno mi confianza; unos por traidores y mentirosos y otros por cobardes y mirar hacia otro lado cuando han surgido problemas. Ya casi prefiero para que me gobiernen en el futuro, “la tropa de talibanes de Pancho Villa”, que, aunque aquello era un verdadero caos, al menos me hacían reír.

“El mar merece respuestas”

Los hombres y mujeres de la mar sabemos que una derrota mal tomada termina convirtiéndose en un peligro para toda la navegación; por eso, cuando algo ocurre a bordo, se investiga, se documenta y se corrige.

Las administraciones públicas deberían actuar con la misma filosofía marinera. No puede existir un episodio de contaminación significativo sin una explicación pública exhaustiva.  No puede mantenerse indefinidamente la incertidumbre sobre sus causas. No puede pedirse confianza mientras se niega información.

Los ciudadanos de Telde no reclamamos privilegios. No exigimos imposibles. No pedimos más que aquello que nos corresponde por derecho, que es tan simple como el conocer la verdad, toda la verdad, y sobre todo, conocerla cuanto antes.

 “Como conclusión añadiré que…”

Las manchas aparecidas en el mar podrán haber desaparecido de la superficie, pero la sombra de la duda sigue flotando sobre las costas de Telde, y mientras no se expliquen con claridad las causas, los responsables y las consecuencias de aquellos episodios, la sensación será inevitable, pues el problema no terminará cuando se disipó la contaminación visible, sino cuando acabe el silencio, sobre ya sospechoso silencio. ¿Qué ocultan?

Porque en una democracia madura, tan preocupante como un vertido es la falta de explicaciones sobre ese vertido.

Y porque, al final, el mar, la mar, siempre acaba devolviendo a la orilla aquello que algunos intentan mantener oculto bajo las aguas o en sus bolsillos, que…¡Casos se han dado!

Pónganse las pilas ediles municipales, y no añadan un fracaso más a esta pobre gestión que han desarrollado en estos últimos cuatro años.

No me vengan ahora con presumir de celebraciones de fiesta y carnavales, porque lo primero son las cosas de comer y cumplir con las promesas de campaña que nos hicieron en su día, que no voy a enumerarlas hoy aquí, porque no quiero “volver a calentarme” que, a mi edad, ya no resulta nada bueno para la salud y me consta que más de uno se ha quedado jeringado de por vida, que … ¡Casos se han dado”

¡Qué cosas!

Julio César González Padrón, Marino Mercante y escritor

 

 

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