Ante el relevo previsto en la dirección insular, la presidenta del Parlamento de Canarias se despide de sus compañeros con agradecimiento, cariño y una llamada a ganar las elecciones. Su mensaje reivindica una trayectoria y una lealtad que sigue intacta.
Hay despedidas que dicen más de una persona que muchos discursos pronunciados desde una tribuna. La de Astrid Pérez a sus compañeros del Partido Popular de Lanzarote tiene esa fuerza: la de quien ve cerrarse una etapa fundamental de su vida y, aun así, encuentra palabras para agradecer, animar y ponerse a disposición de los demás.
«Ha sido un placer trabajar con todos y cada uno de ustedes», afirma en el mensaje dirigido a sus compañeros. Después resume una vida de responsabilidades: dieciocho años al frente del partido y cinco como secretaria general, según su propio balance. Veintitrés años que ella define como «superintensos». Una palabra breve para tanto tiempo, tantas campañas y tantas batallas compartidas.
La despedida llega ante el relevo previsto en la dirección insular. La reunión del Comité Ejecutivo y la Junta Directiva Autonómica del próximo miércoles, 23 de septiembre, incluye el nombramiento de una Comisión de Gobierno Transitoria para Lanzarote, según ha publicado SER Lanzarote y el periódico Diario de Avisos.
El nombre administrativo resulta frío. Lo que se cierra detrás de él tiene rostro, historia y sentimientos.
Porque Astrid Pérez merece algo más que quedar reducida al último episodio de una disputa interna. Su trayectoria forma parte de la historia del PP lanzaroteño y de su presencia en las instituciones. Fue alcaldesa de Arrecife y es presidenta del Parlamento de Canarias. Son responsabilidades que permiten medir la dimensión política de una dirigente cuyo recorrido trasciende ampliamente la organización insular. Su etapa al frente del Ayuntamiento y su llegada a la Presidencia de la Cámara están recogidas en su trayectoria pública.
Se puede discutir una decisión, discrepar de una gestión o defender una renovación. Lo que resulta difícil de justificar es hacer balance de tantos años sin reconocer el trabajo de quien estuvo al frente.
El PP de Lanzarote que afrontará la siguiente etapa también se construyó durante su presidencia. Con equipos, con militantes, con candidatos y con una dirigente que asumió durante casi dos décadas la responsabilidad de dar la cara. Los logros de una organización son colectivos; reconocerlos exige recordar a quienes contribuyeron a hacerlos posibles.
Ella lo hace en su despedida. Agradece el respaldo recibido y atribuye a sus compañeros parte de las oportunidades que ha tenido. En el momento de repasar sus responsabilidades, comparte el mérito. Ese gesto merece ser subrayado.
También merece atención la parte humana. Veintitrés años de dedicación política ocupan mucho más que una agenda. El tiempo que se entrega al partido sale de algún lugar: del descanso, de la vida personal, de las horas que podrían compartirse en casa. Ese coste, que las familias conocen mejor que los organigramas, rara vez figura en los balances internos.
Una reunión puede resolver un relevo en una tarde. La entrega acumulada durante tantos años merece una memoria bastante más larga.
Pero lo más significativo del mensaje es lo que Astrid Pérez propone para después. Sigue hablando en primera persona del plural. Sigue diciendo «vamos». Sigue situando la victoria del Partido Popular de Lanzarote como objetivo.
«No nos van a debilitar», sostiene, antes de animar a sus compañeros a salir fortalecidos y acudir «a por todas».
En esas palabras hay orgullo y determinación. Cabe leer también el esfuerzo de quien quiere mantener en pie un proyecto compartido cuando su propia etapa al frente está a punto de terminar. Su despedida no anuncia una ruptura con el PP: ofrece disponibilidad para seguir colaborando.
«Estoy a su disposición para lo que consideren conveniente».
Pronunciar eso ante un relevo tiene un valor político evidente. La lealtad se demuestra también cuando cambia el lugar que uno ocupa.
Y entonces llega el cierre más cercano, el que desarma cualquier solemnidad: «Un abrazo enorme, que les quiero un huevo».
Es el lenguaje del afecto entre compañeros. La despedida de alguien para quien tantos años de partido han significado también relaciones personales, confianza y una parte importante de su vida.
Astrid Pérez continúa presidiendo el Parlamento de Canarias y su mensaje expresa voluntad de seguir trabajando por las mismas siglas. La nueva etapa del PP lanzaroteño tendrá sus responsables y sus decisiones. También tendrá una deuda de reconocimiento con quienes ayudaron a construir el camino hasta aquí.
Podrán cambiar la dirección. Lo que ninguna comisión transitoria puede hacer es borrar los años entregados.
Y antes de pasar página, un partido que aspire a estar a la altura de su gente debería saber decir dos palabras: gracias, Astrid.
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