El deterioro del clima público y el uso de estrategias basadas en el anonimato y la desinformación no han logrado romper la confianza ciudadana, pero sí dejan una huella preocupante en la convivencia y la calidad democrática del municipio.
En el contexto político actual, no es extraño observar cómo la conversación pública en distintos ámbitos se ha ido deteriorando, alejándose del contraste de ideas para derivar en dinámicas de confrontación vacía. En Valsequillo de Gran Canaria, sin embargo, esta realidad no es nueva. Lleva años produciéndose y lo digo con conocimiento de causa, tras haber tenido responsabilidades de gobierno y desde la posición actual en la oposición. La vida institucional en nuestro municipio ha dejado de ser, en muchos casos, un espacio de intercambio constructivo para convertirse en una dinámica donde el ruido sustituye al contenido y la descalificación desplaza a la propuesta.
Perfiles anónimos y no tan anónimos en redes sociales, que actúan de forma reiterada en el espacio público digital, han intentado marcar el rumbo de la conversación en Valsequillo. No estamos ante una crítica legítima, sino ante otra cosa: una forma de actuar que se organiza de manera coordinada que distorsiona la realidad y persigue desgastar. No hay propuestas, no hay alternativa, no hay voluntad de construir, sino una reiteración sistemática de mensajes que buscan desacreditar al adversario, todo ello desde una preocupante sensación de impunidad y la degradación progresiva del debate público.
El propósito de estas dinámicas resulta evidente: generar ruido, sembrar dudas y construir un relato negativo constante que traspasa la crítica para adentrarse en el terreno de la difamación, llegando incluso a ridiculizar y desacreditar la imagen pública de los representantes institucionales. No se trata de hechos aislados, sino de una práctica sostenida en el tiempo, reconocible por la ciudadanía que han observado cómo estos comportamientos se repiten bajo los mismos patrones.
Un episodio reciente contribuyó a evidenciar esta forma de actuar. La publicación de un artículo, inicialmente destinado a la web municipal, por parte del actual alcalde de Valsequillo, Juan Carlos Hernández, responsable también del área de Comunicación municipal y líder de Asamblea Valsequillera, terminó apareciendo por error en un diario digital vinculado a su propio entorno político. Este hecho puso de relieve la existencia de una red plataformas digitales que no parecen orientadas a informar con rigor, sino a amplificar mensajes de carácter destructivo, si bien el propio alcalde reconoció públicamente que fue él quien lo publicó y asumió el error. Sin embargo, tras ese “renuncio”, el diario digital fue reconvertido y presentado como un medio de comunicación convencional, en un intento de diluir su línea editorial y su verdadera finalidad.
Pese a todo, hay un elemento que permanece inalterable. La ciudadanía de Valsequillo de Gran Canaria ha demostrado, en cada cita electoral, que sabe distinguir entre el ruido y la realidad, respondiendo con criterio, memoria y responsabilidad, y manteniendo su confianza mayoritaria en ASBA. En este contexto, conviene recordar que la reciente moción de censura no fue una decisión adoptada directamente por la ciudadanía en las urnas, sino en el ámbito institucional, en una dinámica planteada como un “ahora o nunca” que, desde una lectura política, proyecta más una estrategia de posicionamiento de cara a la próxima cita electoral que una respuesta al mandato ciudadano.
Este matiz no es menor. Independientemente de la gestión realizada, con aciertos y desaciertos, como ocurre en cualquier etapa, debe ser siempre la ciudadanía quien determine el rumbo a través de las urnas. No todo vale en la acción pública, y menos aun cuando determinadas prácticas contribuyen a deteriorar no solo la calidad del discurso, sino también la imagen del propio municipio.
Desde ASBA nunca se ha recurrido a este tipo de estrategias, como demuestra una trayectoria basada en el trabajo, la cercanía y el respeto institucional, alejada de la confrontación estéril que tanto daño hace a la convivencia.
Porque ese es otro de los efectos que no siempre se mide. Las personas que están detrás de estas dinámicas también forman parte del propio municipio, son vecinos del municipio, lo que hace aún más preocupante el impacto que estas prácticas tienen sobre la convivencia y la imagen colectiva del pueblo. Cuando el clima público se degrada hasta estos niveles, lo que se ve afectado no es únicamente la confrontación política, sino la percepción de un Valsequillo que merece ser reconocido por sus valores, su convivencia y su capacidad de construir desde el respeto, preservando esa paz social que nos costó recuperar.
Por todo ello, resulta necesario reivindicar un cambio en la forma de hacer política, recuperando el valor del intercambio de ideas, las propuestas y la responsabilidad. El ruido no construye Valsequillo. La verdad, las propuestas y la responsabilidad, sí. La crítica es imprescindible en democracia, pero debe ser útil, honesta y constructiva; todo lo demás queda fuera de ese marco. Y la ciudadanía, afortunadamente, ha demostrado que sabe distinguirlo.
Francisco M. Atta Pérez, portavoz de ASBA
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