Se apaga una de esas voces que no solo informaban, sino que marcaban el rumbo. Se nos va José Antonio Pardellas, y con él se marcha una forma de entender el periodismo que hoy, más que nunca, parece en vías de extinción.
Gallego de origen, canario por convicción, Pardellas fue mucho más que un periodista. Fue un puente entre territorios, un defensor incansable de las islas y, sobre todo, un ejemplo de coherencia en una profesión donde no siempre es fácil sostenerla. Su compromiso con Canarias no fue impostado ni oportunista: fue profundo, constante y honesto.
Su trayectoria, amplia y diversa, resulta casi imposible de resumir sin caer en la injusticia de dejar fuera capítulos esenciales. Pero hay algo que sí se puede afirmar sin matices: fue maestro. Maestro en el sentido más amplio de la palabra. De los que enseñan sin imponer, de los que guían con el ejemplo, de los que dejan huella sin necesidad de levantar la voz.
Pardellas fue también un referente radiofónico imprescindible, una voz reconocible y respetada que dejó sello propio en las ondas canarias. Exdirector de Radio Nacional de España en Canarias, impulsó aquella coletilla tan recordada de “una menos en Canarias”, convertida ya en parte de la memoria sonora del Archipiélago. Su trayectoria fue reconocida con premios de enorme prestigio, entre ellos un Premio Ondas y el Premio Canarias de Comunicación, distinciones que solo confirmaron lo que la profesión ya sabía: que José Antonio Pardellas no fue uno más, sino uno de los grandes.
Comprometido con los temas de Canarias, se convirtió en testigo de excepción de la vida social, política y cultural de las islas, manteniendo siempre una máxima que hoy debería escribirse en la puerta de todas las redacciones: informar con rigor. Y no era una frase vacía. Era un principio que aplicaba cada día, incluso cuando el viento soplaba en contra o cuando lo fácil era mirar hacia otro lado.
En tiempos donde la prisa, el titular hueco y el ruido parecen ganar terreno, su figura se agiganta aún más. Porque representaba justo lo contrario: pausa, profundidad y responsabilidad.
Su pérdida no es solo la de un profesional respetado. Es la de un referente moral. Un golpe para la comunicación en Canarias, para quienes compartieron micrófono, redacción o conversación con él, y para quienes, sin haberle tratado de cerca, aprendieron de su forma de estar en este oficio.
Hoy toca despedir al periodista, pero también al compañero, al amigo, al hombre cercano que supo ganarse el respeto y el cariño de todo un Archipiélago.
Hasta siempre, maestro.
Tu legado no se apaga: se queda en cada periodista que aún cree que contar la verdad merece la pena.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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