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«A NOVENTA AÑOS DEL ALZAMIENTO NACIONAL»

Hace ya 90 años de que en julio de 1936 España se inició la Guerra Civil, en un país que contaba con una población de menos de 25 millones de habitantes, predominantemente rural, joven y con una esperanza de vida que rondaba los 50 años. Ya no existe memoria viva de quienes siendo adultos la protagonizaron pero hay todo tipo de documentos y registros históricos que acreditan que la contienda comenzó con el autodenominado Alzamiento Nacional, la insurrección de parte de los mandos militares contra la Segunda República apoyada por la Iglesia Católica y los sectores más reaccionarios. Y, posteriormente, por las potencias fascistas de Europa.

Un fallido golpe de Estado que derivó en tres años de sangriento conflicto armado que causó violencia, ajustes de cuentas y asesinatos en ambos bandos (unos 50,000 en la zona republicana y más de 100,000 en la Nacional) y centenares de miles de muertos en el campo de batalla (entre 150.000 y 200.000). Sumando las muertes por ejecuciones, sufrimientos, hambrunas y condiciones forzadas de trabajo y confinamiento en la inmediata posguerra, en total, se calcula que perdieron la vida unas 540.000 personas. Así mismo, se estima que, inicialmente, entre 450.000 y 500.000 personas de las zonas republicanas abandonaron el país. De ellas se exiliaron, definitivamente, entre 200.000 y 300.000.

También está constatado que además de bélico, el conflicto fue social, religioso, territorial y de género, pues, durante su avance y tras finalizar la guerra en 1939, la dictadura franquista impuso su ideología, prohibió toda disidencia, incluso religiosa, silenció y expropió a los vencidos, reprimió las culturas y lenguas de las nacionalidades y anuló las conquistas feministas de la república.

Además, en 1975, año de la muerte de Francisco Franco, el caudillo de España “por la gracia de Dios”, los condicionantes y amenazas que rodearon el cambio de régimen y la “Transición Democrática” provocaron que se priorizara la estabilidad a costa del desvelamiento de la verdad de la dictadura, la justicia con los perseguidos y la reparación de las iniquidades. En ese momento, la población total de España rondaba ya los 35 millones y medio de habitantes, de los que solo alrededor de 10 millones de personas, los nacidos entre 1939 y 1957, habían nacido durante el franquismo y eran ya mayores de edad en su final.

Por lo que sólo los miembros de esas generaciones de posguerra, que ahora tienen entre 69 y 87 años, tienen actualmente plena experiencia de cómo se vivía en ese periodo. El resto de los 50 millones de habitantes del estado español tienen muy poco o ningún conocimiento de cómo fue la vida durante la dictadura franquista. Entre otros motivos, porque no se legisló la primera ley de memoria histórica hasta 2007 y hubo que complementarla en 2022 para poder retirar los monumentos y los distintivos franquistas, exhumar fosas comunes y reconocer a las víctimas. Aun así, con resultados incompletos e insuficientes por la oposición de los sectores conservadores.

Hoy, en Occidente, el auge de organizaciones extremadamente reaccionarias, ocasionado por el debilitamiento de los Estados sociales tras décadas de neoliberalismo y de crisis económicas, alimenta relatos distorsionados que exaltan los regímenes autoritarios, enaltecen la violencia y desacreditan las democracias. En España, además, ese revisionismo tergiversa la Guerra Civil y la dictadura, desde luego, por claros intereses políticos, como son deslegitimar los estados del bienestar y los logros sociales progresistas y para evitar revisar un pasado que vincula élites, patrimonios y legados al franquismo y que transitaron a la Democracia “blanqueados”.

Frente a ello, los archivos históricos son clave para establecer hechos verificables y contextualizarlos. Pero no son suficiente: hace falta rigor institucional, decisiones políticas y testimonios veraces para evitar que los descendientes de las clases que se beneficiaron de la dictadura y de las desregulaciones neoliberales precipiten al conjunto social de una más que inaceptable situación actual de injusticia y desamparo generalizados a otra de represión cruenta y manipulación extrema. Entonces y ahora, lo que necesitamos es más democracia, no más tiranía.

Xavier Aparici Gisbert, filósofo y experto en gobernanza y participación

Un comentario

  1. …que pesadez,que pesado,que pesadilla…que vida tan aburrida incluso en verano la de estos rojos (hambre y piojos) perdiste la guerra pues jodete coño,pero dejanos en paz ya, carajo y sobre todo déjate de vomitar sobre las nuevas generaciones amargado de las narices…no sabes hablar de más nada….seguro eres de los que prefería que el mundial lo ganará Argentina y además falseas los datos y además eres un cobarde,como buen rojo…por eso perdieron la guerra,esa es la verdadera causa…valientes y mucho con las monjas y los sacerdotes,pero la sola presencia de un legionario y te lo haces en los pantalones,anda ya paliza que aburres a las moscas,desaparici ya.

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