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LA HUELGA MÉDICA EN CANARIAS: EL ARTE DE FASTIDIAR AL PACIENTE EN NOMBRE DE SUS DERECHOS

La deshumanización de la sanidad pública alcanza límites preocupantes: los médicos reclaman mejores condiciones, la Administración no resuelve el conflicto y los enfermos terminan pagando las consecuencias.

Hay algo que empieza a resultar verdaderamente indignante en la sanidad pública canaria: que los pacientes, aquellos que necesitan atención, diagnóstico y tratamiento, se hayan convertido en los grandes perjudicados de una guerra entre médicos, sindicatos y responsables políticos.

Y lo peor es que algunos parecen haber perdido de vista lo más importante: detrás de cada cita médica hay una persona, no un número de expediente.

Ahora circula una campaña titulada «Yo apoyo a mi médico», acompañada de una página web donde se explican las 18 reivindicaciones del colectivo y se invita a los ciudadanos a respaldar la huelga con un simple clic.

Muy bien. Los médicos tienen derechos, merecen condiciones laborales dignas y nadie debería trabajar agotado, especialmente cuando tiene en sus manos la salud de otras personas.

Pero permítanme una pregunta: ¿quién apoya al paciente al que le suspenden una consulta después de llevar tres, cuatro o seis meses esperando?

¿Quién le devuelve el tiempo perdido? ¿Quién le garantiza que su enfermedad no empeorará mientras espera una nueva cita? ¿Quién se responsabiliza de su angustia?

LA DESHUMANIZACIÓN TAMBIÉN PUEDE LLEVAR BATA BLANCA

Durante años hemos escuchado hablar de la humanización de la sanidad. Se organizan jornadas, congresos, campañas institucionales y discursos donde la palabra «paciente» aparece acompañada de términos como empatía, sensibilidad y atención personalizada.

Pero llega la huelga y, para determinados enfermos, toda esa teoría se viene abajo.

Imaginen a una persona mayor que lleva meses esperando una consulta con el especialista. Ha soportado dolores, incertidumbre y noches sin dormir. Por fin llega el día señalado, se desplaza hasta el centro sanitario y, al llegar a la ventanilla, recibe una respuesta tan sencilla como desesperante:

«El médico está de huelga. Ya le llamaremos para darle otra cita».

¿Y ahora qué?

¿Tiene que regresar a su casa, seguir sufriendo y esperar otros tres meses?

¿Eso es humanizar la sanidad?

El derecho a la huelga existe y debe respetarse. Pero también existe una obligación moral de proteger a quienes dependen de un servicio tan esencial.

Y esa responsabilidad no desaparece cuando se cuelga la bata.

LOS ENFERMOS NO PUEDEN SER LA MONEDA DE CAMBIO

Los sindicatos médicos aseguran que sus reivindicaciones no son solamente económicas. Reclaman mejores condiciones, descansos, estabilidad, reconocimiento profesional y una organización asistencial que permita atender mejor a los ciudadanos.

Algunas de esas exigencias son perfectamente razonables.

Pero también debemos preguntarnos si los mecanismos de presión elegidos resultan proporcionados cuando las consecuencias recaen sobre personas enfermas.

Porque una cosa es reivindicar derechos laborales y otra muy distinta es asumir con aparente normalidad que una consulta esperada durante meses pueda desaparecer del calendario.

No todos los médicos actúan de la misma manera. Muchos siguen atendiendo con una profesionalidad y humanidad extraordinarias, incluso en condiciones difíciles. Sería injusto olvidarlo.

Pero tampoco podemos cerrar los ojos ante una realidad: cuando se pierde la sensibilidad hacia el sufrimiento del enfermo, la medicina pierde una parte esencial de su razón de ser.

LOS SERVICIOS MÍNIMOS NO RESUELVEN EL SUFRIMIENTO DE QUIEN ESPERA

Los convocantes insisten en que durante la huelga están garantizados los servicios mínimos.

Por supuesto. Y menos mal.

Pero mantener los servicios mínimos no significa garantizar toda la asistencia programada.

Para un paciente que lleva meses esperando una prueba diagnóstica, la suspensión de su cita no es una incidencia administrativa. Puede significar semanas adicionales de incertidumbre, dolor o retraso en el tratamiento.

Hay una pregunta que deberían hacerse tanto los sindicatos como la Administración:

¿Aceptarían con la misma tranquilidad que les aplazaran durante meses una prueba médica urgente para un familiar suyo?

Quizá entonces algunos entenderían que detrás de cada cita cancelada hay una historia humana.

Y conviene recordar un dato estremecedor: según informó el propio Gobierno de Canarias, entre diciembre de 2025 y abril de 2026 las anteriores jornadas de huelga médica provocaron el aplazamiento de 57.299 consultas, 1.496 intervenciones quirúrgicas y 2.906 pruebas diagnósticas.

Son cifras que no deberían permitir dormir tranquilamente a ningún responsable sanitario.

¿Y LA CONSEJERÍA DE SANIDAD? ¿DÓNDE ESTÁ SU RESPONSABILIDAD?

Sería demasiado fácil cargar toda la culpa sobre los médicos.

La Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias tiene una responsabilidad política y administrativa que no puede eludir.

Si existen problemas estructurales, falta de profesionales, agendas imposibles y conflictos laborales prolongados, corresponde a sus responsables negociar, organizar los recursos y ofrecer soluciones.

Lo que resulta inaceptable es que médicos y Administración mantengan un pulso mientras los pacientes esperan resignados.

Unos reivindican, otros negocian, otros anuncian reuniones y todos explican sus razones.

Pero el enfermo continúa mirando el teléfono esperando que alguien le llame.

Y cuando finalmente consigue una nueva cita, debe cruzar los dedos para que no vuelva a suspenderse.

¿Este es el modelo de sanidad pública que debemos aceptar en Canarias?

ANTES DE PEDIR APOYO, DEMUESTREN EMPATÍA

La campaña de apoyo a los médicos utiliza una frase emotiva: «Cuando un médico se va, perdemos todos».

Es verdad.

Pero también deberíamos añadir otra:

«Cuando un paciente se queda sin atención, también perdemos todos».

Los médicos merecen respeto, pero los pacientes también. Los profesionales necesitan descansar, pero los enfermos necesitan ser atendidos. Los sindicatos tienen derecho a reivindicar mejoras, pero los ciudadanos tienen derecho a exigir que sus problemas de salud no queden relegados a un segundo plano.

La sanidad pública no puede convertirse en un escenario donde se libra una batalla laboral y política mientras quienes financian el sistema con sus impuestos terminan siendo los grandes olvidados.

Y aquí quiero ser especialmente claro.

No cuestiono el derecho a la huelga. Cuestiono la falta de sensibilidad que puede llegar a rodear sus consecuencias. Cuestiono que parezca más importante explicar una reivindicación que ofrecer una solución inmediata al enfermo perjudicado.

UNA REFLEXIÓN FINAL

Señores médicos, señores sindicatos y señores responsables de la Consejería de Sanidad:

Antes de pedir a los ciudadanos que apoyen una huelga, piensen en quienes están sufriendo sus consecuencias.

Piensen en los mayores, en los pacientes oncológicos, en las personas con enfermedades crónicas y en quienes esperan conocer el resultado de una prueba médica.

No todos pueden pagar una consulta privada. No todos pueden esperar indefinidamente. Y no todos tienen fuerzas para seguir soportando retrasos.

La medicina no puede perder su humanidad detrás de una pancarta, de una reivindicación económica o de un despacho político.

Porque cuando un médico reclama sus derechos, merece ser escuchado.

Pero cuando un paciente enfermo pide atención, merece algo más importante: una respuesta.

Y mientras unos y otros discuten, negocian y convocan nuevas movilizaciones, miles de ciudadanos siguen esperando que alguien se acuerde de ellos.

La pregunta no es solamente quién defiende a los médicos. La pregunta que deberíamos hacernos todos es mucho más dolorosa: ¿quién demonios defiende a los pacientes?

Juan Santana, periodista y locutor de radio

3 respuestas

  1. Argumentación sólida y conclución incuestionable,las consecuencias las soportan los pacientes, no los médicos ni los políticos.
    La sinergia entre algunos médicos y políticos llevan en una carrera desbocada hacia el engrosamiento de las cajas de la sanidad privada y de las aseguradoras que ven como la inoperancia del político obliga al sacrificio,nada barato,de las familias para socorrer al familiar enfermo .
    Además la concertación público privada desvía fondos que no se utilizan en potenciar y ampliar lo público,mala cosa cuando los manipuladores de la caja publica desvían a determinados poderes económicos lo aportado vía cotizaciónes e impuestos.

  2. Me parece lamentable y malintencionado este artículo. Le agradecería que leyera las reivindicaciones y se pusiera en la piel de los médicos, los grandes ignorados y explotados de la sanidad. Si se valora la sanidad pública tal como la conocemos, deben apoyar este cambio.

  3. Hay servicios mínimos( por cierto, sobredimensionados) y servicios que no se tocan como urgencias u oncologia.
    Si seguimos con las mismas condiciones, tenga usted en cuenta que seguirá la huida masiva hacia otros países/ medicina privada. Le aseguro que no hay ser humano que resista la sobrecarga que tenemos, en paralelo a la responsabilidad. Supone, por ejemplo, operar una cabeza después de 24 horas sin descaso. Usted, querido periodista, se dejaría??

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