A juzgar por algunas respuestas a mi artículo, antes de convocar otra reunión de negociación habrá que abrir una ventana. Hace falta aire. Hemos pasado de discutir guardias, descansos y condiciones laborales a diagnosticar mi supuesta mediocridad con una rapidez que ya quisieran para sí las listas de espera.
Propongo un tranquilizante estrictamente literario: dos dosis de calma, una cucharada de sentido del humor y lectura completa antes de responder. Sin receta. El único efecto secundario previsto es descubrir que una crítica sindical no constituye una agresión a toda la profesión médica.
Mi respeto a los médicos no obliga a aplaudir todas las decisiones de sus representantes. Reconocer avances en una propuesta del Gobierno tampoco me convierte en portavoz de la Consejería. Parece sencillo, pero algunos necesitan que se lo expliquen con prospecto.
En los textos recibidos hay párrafos repetidos literalmente. Puede ser un borrador compartido o un copiar y pegar especialmente aplicado. Desconozco quién los escribió. Pero tanta coincidencia hasta en las comas merece un reconocimiento a la coordinación editorial. Eso sí: repetir una descalificación no la convierte en una prueba.
Vayamos al fondo, que los pacientes no están esperando una competición de adjetivos.
Las reivindicaciones sobre descansos, estabilidad y seguridad merecen respuestas. También las mejoras anunciadas merecen una valoración. UGT ha defendido un preacuerdo con avances en guardias, descansos y carrera profesional. Su respaldo no lo convierte en una maravilla indiscutible, pero tampoco permite tratarlo como una servilleta vacía. Hay que explicar qué mejora, qué falta y qué garantías necesita.
Hay tres hechos que invitan a reflexionar.
Primero: los sindicatos médicos han aplazado los paros nacionales tras la convocatoria electoral. Según su explicación, al decaer el proyecto de Estatuto Marco y quedar pendiente un nuevo Gobierno, cambia el escenario de negociación. No han renunciado a sus demandas; han adaptado su estrategia. El calendario también cuenta cuando se decide esperar.
Segundo: UGT considera aprovechable el preacuerdo canario, mientras CESM y SEMCA lo consideran insuficiente. Esa diferencia exige comparar propuestas. Firmar no significa automáticamente vender a los trabajadores, como convocar una huelga tampoco garantiza tener razón en todo.
Tercero: durante estos meses se han alcanzado acuerdos autonómicos. En la Comunidad Valenciana, CESM-CV firmó en julio un pacto cuyo desarrollo llegó a la Mesa Sectorial en septiembre. En Aragón, sindicatos y Administración acordaron en mayo suspender la huelga autonómica y abrir un periodo de negociación. Son situaciones distintas, pero demuestran que pactar mejoras y seguir defendiendo reivindicaciones son actividades compatibles.
Negociar requiere acercar posiciones. Si cada parte entra con sus exigencias talladas en piedra y sale con las mismas tablas bajo el brazo, aquello será una exposición de esculturas, pero una negociación, bastante poco.
Y aparece una pregunta incómoda: ¿por qué anunciar una huelga indefinida el mismo día en que, según el director del SCS, estaba prevista otra reunión para negociar? Adasat Goya sostiene que los sindicatos no acudieron. Esa es su versión; corresponde a los convocantes explicar qué ocurrió y por qué consideraron insuficiente continuar por esa vía.
Al Gobierno le corresponde acreditar recursos, plazos y capacidad de cumplimiento. A los sindicatos, concretar qué compromisos permitirían alcanzar un acuerdo. El ciudadano necesita conocer las diferencias reales, no recibir dos comunicados donde cada parte se declara inocente de todo.
También conviene precisar que el conflicto nacional y los autonómicos tienen interlocutores y reivindicaciones diferentes. Canarias es la única comunidad donde persiste una convocatoria autonómica. Cuestionar la estrategia sindical exige ese mismo rigor que reclamamos a quienes nos contestan.
¿Y la política? Claro que se puede examinar el aprovechamiento electoral de un conflicto sanitario. Los partidos no dejan de hacer cálculos porque el asunto lleve bata. Pero una cosa es vigilar ese aprovechamiento y otra atribuir su dirección a una persona sin pruebas.
No dispongo de pruebas de que Román Rodríguez esté detrás de estos comentarios o dirija esta protesta. Su trayectoria y sus posiciones pueden someterse a crítica, pero una sospecha no debe presentarse como un hecho. Tampoco el enfado de sus defensores demuestra nada: ponerse nervioso no es una confesión.
Ahora bien, reclamar respeto mientras se reparte desprecio es una especialidad difícil de homologar. Si mi artículo contiene un error, se señala, se documenta y se corrige. Llamarme mediocre no añade un euro a una guardia ni un minuto al descanso de nadie.
Y, sobre todo, piensen en los pacientes.
Piensen en quienes soportan la incertidumbre de las movilizaciones y el temor a nuevos aplazamientos de consultas, pruebas e intervenciones. Para quien espera un diagnóstico, cada día cuenta. Para quien necesita tratamiento, la paciencia no puede convertirse en una prestación obligatoria.
Con el otoño y el invierno por delante, hay que prepararse para la presión asistencial que pueden traer los virus respiratorios. Precisamente por eso, Gobierno y sindicatos deben redoblar el esfuerzo para alcanzar un acuerdo: propuestas concretas, compromisos cumplibles y voluntad de acercamiento.
Defender unas condiciones dignas para los médicos y proteger la atención a los pacientes son responsabilidades que deben avanzar juntas. El agotamiento profesional perjudica a la asistencia; prolongar un conflicto también tiene consecuencias. Resolverlo exige atender ambas realidades.
Que nadie confunda esta exigencia de responsabilidad con pedir a los médicos que renuncien a sus derechos. Se trata de exigir a quienes negocian que hagan todo lo posible por encontrar una salida y expliquen, con documentos, qué la está impidiendo.
Así que calma. Menos intercambio de reproches y más soluciones. El paciente no puede seguir esperando a que todos terminen de explicarnos por qué la culpa siempre es del otro.
Ni píldora azul ni píldora roja. Hoy toca la píldora amarilla, como el semáforo: prudencia antes de acelerar, documentos antes de acusar y negociación antes de darlo todo por perdido.
Y el sarcasmo, si es posible, después de las comidas. Que en ayunas algunos lo toleran regular. Lo que los pacientes ya no deberían tener que digerir es otro desacuerdo sin salida. Lo que toca es pensar en los pacientes con más de 6 huelgas médicas este año.
Juan Santana Hernandez, Periodista y Locutor
Artículos Relacionados
- EL PLAN GENERAL DE TELDE TENDRÁ QUE SEGUIR ESPERANDO
El Ayuntamiento está a la espera de que los informes preceptivos den luz verde al…
- SAN JOSÉ DE LAS LONGUERAS EN TELDE SIGUE ESPERANDO SU REHABILITACIÓN
En febrero del 2021 se comunicó que iban a pintarse las 496 viviendas que componen…
- Unidos sigue esperando la invitación a la Mesa de Prevención de Desahucios
UxGC sigue esperando la invitación a la Mesa de Prevención de Desahucios. La coalición electoral lamenta…


