El borrador del nuevo Plan de Movilidad Urbana Sostenible plantea eliminar cientos de plazas de estacionamiento, restringir el tráfico en San Gregorio y San Juan, cobrar por aparcar y destinar más de 14 millones de euros a movilidad peatonal y bicicletas.
El Ayuntamiento de Telde pone sobre la mesa una profunda transformación de la movilidad del municipio que amenaza con complicar todavía más el día a día de miles de vecinos que dependen del vehículo privado para trabajar, comprar, acudir a consultas médicas o simplemente desplazarse entre barrios.
El nuevo Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS), actualmente en fase de información pública, dibuja un escenario con menos espacio para los coches, restricciones de acceso al casco histórico, estacionamiento regulado de pago, eliminación masiva de plazas y una inversión global estimada en 17,7 millones de euros.
Sobre el papel, el Ayuntamiento habla de sostenibilidad, movilidad peatonal y reducción de emisiones. Sobre el asfalto, sin embargo, el plan puede traducirse en algo mucho más sencillo para numerosos ciudadanos: menos aparcamiento, más restricciones y mayores dificultades para llegar al centro de Telde.
201 plazas menos entre San Gregorio y San Juan
Uno de los aspectos más controvertidos del documento afecta directamente a San Gregorio y San Juan.
Solo en San Gregorio se contempla la eliminación de 191 plazas de estacionamiento durante una primera fase de implantación de la denominada Zona 0 Emisiones.
En San Juan desaparecerían otras diez.
En total, 201 aparcamientos menos en dos de las zonas administrativas, comerciales y de servicios más importantes del municipio.
El documento municipal intenta compensar esta pérdida señalando hacia el futuro aparcamiento del Palacio de la Cultura, donde se anuncian más de 1.200 plazas.
La cuestión es cuándo estará plenamente disponible esa alternativa, en qué condiciones funcionará y qué ocurrirá mientras tanto con comerciantes, trabajadores, residentes y usuarios que diariamente necesitan acceder al casco.
Porque eliminar aparcamientos es inmediato sobre un plano. Crear alternativas reales y eficaces suele resultar bastante más complicado.
Un centro cada vez más difícil para el coche
El PMUS propone convertir progresivamente buena parte de San Gregorio en una zona de acceso restringido.
El objetivo pasa por limitar la circulación de vehículos que no pertenezcan a residentes o servicios autorizados, implantar plataformas únicas y continuar avanzando hacia una peatonalización más amplia.
El Ayuntamiento pretende transformar el área comercial en una especie de gran centro comercial al aire libre.
Una idea atractiva sobre el papel que, sin una política eficaz de aparcamientos y transporte público, puede terminar consiguiendo precisamente el efecto contrario: alejar a consumidores del comercio tradicional y empujarlos hacia grandes superficies donde aparcar sigue siendo fácil y gratuito.
No sería precisamente la mejor noticia para una Zona Comercial Abierta que lleva años reclamando actividad, accesibilidad y clientes.
Juan Carlos I, León y Castillo y otras calles, bajo restricciones
Las medidas también alcanzan calles estratégicas como Juan Carlos I, Conde de la Vega Grande, Don Esteban, Comandante Franco, Placetilla, Licenciado Calderín, Doramas, Pérez Camacho, León y Castillo o Julián Torón.
Primero llegarían las restricciones de acceso.
Después podrían llegar nuevas peatonalizaciones.
El modelo plantea, por tanto, cambiar de raíz la circulación tradicional por el casco histórico sin que todavía esté demostrado que las alternativas de transporte público puedan absorber una reducción tan importante del tráfico privado.
Y ese es uno de los grandes agujeros del propio plan.
El propio documento reconoce que la guagua “no es competitiva”
Resulta especialmente llamativo que se pretenda reducir drásticamente el uso del vehículo privado cuando el propio diagnóstico municipal admite que actualmente el transporte público no ofrece una alternativa suficientemente competitiva.
El ejemplo incluido en el PMUS resulta demoledor.
Un recorrido entre el centro de Telde y Las Remudas puede realizarse en aproximadamente diez minutos en coche.
En transporte público puede alcanzar los 34 minutos.
A ello se suman frecuencias que en determinadas líneas pueden llegar a una hora o incluso superar ese intervalo.
Es decir, el mismo documento que plantea dificultar el uso del coche reconoce que el vecino todavía no dispone de una alternativa equivalente en tiempo y comodidad.
Primero se castiga al vehículo y después, teóricamente, ya llegarán las soluciones.
Más de 14 millones para peatones y bicicletas
De los 17,7 millones de euros previstos para el conjunto del PMUS, aproximadamente 9,2 millones se destinarían a movilidad peatonal y otros 5,6 millones al impulso de la bicicleta.
Más del 83% del presupuesto quedaría concentrado en ambas partidas.
Entre las medidas figura la creación de un sistema municipal de bicicletas eléctricas con 105 unidades distribuidas inicialmente entre 21 estaciones.
También se proyecta una red ciclista de 24,6 kilómetros.
La apuesta resulta especialmente significativa cuando el propio diagnóstico reconoce que actualmente la bicicleta representa apenas el 0,3% de los desplazamientos realizados en Telde.
La previsión municipal es elevar esa cifra hasta el 3% en 2030.
Mientras tanto, el 70,7% de los desplazamientos actuales se realizan en vehículo privado.
Una diferencia que deja una pregunta evidente: ¿se está diseñando la movilidad pensando en cómo se desplazan realmente los ciudadanos o en cómo se pretende que se desplacen dentro de cuatro años?
Jinámar también perdería aparcamientos
El recorte de estacionamientos tampoco se limita al casco.
En la GC-100, a su paso por Jinámar, el plan plantea eliminar un carril de circulación en determinados tramos para ganar espacio para las aceras.
En otra actuación, las aceras pasarían de unos 95 centímetros a 3,38 metros.
La consecuencia volvería a ser la misma: desaparición de plazas.
En este caso, 92 aparcamientos.
Sumadas a las 201 previstas inicialmente en San Gregorio y San Juan, las actuaciones descritas elevan considerablemente el impacto sobre el estacionamiento disponible en el municipio.
Y además, zona azul y verde
Por si eliminar plazas y restringir accesos fuera poco, el Ayuntamiento también contempla recuperar el estacionamiento regulado mediante una zona ORA.
El sistema diferenciaría plazas verdes para residentes y plazas azules de rotación.
Los conductores procedentes de fuera de la zona tendrían que pagar previsiblemente mediante una aplicación móvil, mientras los residentes dispondrían de un abono anual vinculado a la matrícula del vehículo.
El control podría realizarse mediante coches equipados con cámaras para leer matrículas.
En otras palabras: menos aparcamientos gratuitos y más estacionamiento sometido a regulación y pago.
Una combinación que difícilmente será recibida con entusiasmo por quienes diariamente se desplazan al centro para trabajar, comprar o realizar gestiones.
Aparcamientos disuasorios… en el futuro
El PMUS intenta compensar las restricciones mediante la creación de aparcamientos disuasorios situados alrededor de las zonas centrales y a unos cinco minutos a pie.
En principio serían gratuitos.
También podrían incorporar arbolado, videovigilancia, cargadores eléctricos y espacios para bicicletas.
Pero nuevamente aparece el mismo problema: muchas de las restricciones están claramente dibujadas mientras buena parte de las alternativas siguen planteadas como proyectos futuros.
Y para cualquier ciudadano que necesita aparcar todos los días existe una enorme diferencia entre una plaza que desaparece y un aparcamiento que algún día podría construirse.
El Ayuntamiento quiere que el coche pase del 70,7% al 55%
El objetivo político del plan resulta claro.
Actualmente el vehículo privado concentra el 70,7% de los desplazamientos realizados por residentes de Telde.
El Ayuntamiento pretende reducir ese porcentaje hasta un máximo del 55% en 2030.
Para conseguirlo se plantea reducir aproximadamente un 20% los kilómetros recorridos por vehículos y evitar unas 9.700 toneladas anuales de emisiones de CO₂.
El objetivo ambiental puede resultar legítimo.
La discusión está en cómo se pretende conseguir.
Porque una cosa es ofrecer un transporte público rápido, frecuente, barato y eficaz hasta lograr que el ciudadano abandone voluntariamente el coche.
Y otra muy diferente es hacer cada vez más incómodo utilizarlo para obligar al vecino a buscar alternativas.
Una línea circular que todavía no existe
El plan contempla también una nueva línea circular de transporte público que podría conectar San Gregorio, El Calero, Las Huesas, Salinetas, Melenara, Taliarte, La Garita, Las Remudas y San Juan.
La previsión es que pueda atender hasta al 70% de la población con frecuencias máximas de 30 minutos.
La propuesta puede ser positiva.
Pero sigue siendo eso: una propuesta.
Mientras las restricciones sobre el coche aparecen detalladas con calles, plazas eliminadas y zonas de acceso limitado, muchas de las mejoras del transporte colectivo continúan pendientes de desarrollo.
Hasta taxis subvencionados ante la falta de guaguas
El documento llega incluso a estudiar la implantación de taxis a demanda subvencionados en aquellos núcleos donde mantener una línea regular resulte complicado.
Entre ellos aparecen El Palmital, La Gavia, García Ruiz, Las Goteras, Los Hornos del Rey, Lomo Blanco, Las Haciendas, Lomo Salas y la urbanización de Ojos de Garza.
Una medida que también confirma la realidad que vive buena parte del municipio: existen todavía barrios con importantes carencias de transporte público mientras se diseña un modelo destinado a reducir el uso del vehículo particular.
Telde debe decidir ahora si quiere una movilidad realista o diseñada desde un despacho
El PMUS todavía no es definitivo.
El documento se encuentra en información pública durante 45 días hábiles desde este 1 de septiembre y puede recibir observaciones y alegaciones.
Precisamente por ello, este es el momento para que vecinos, comerciantes, empresarios, trabajadores y colectivos afectados estudien con lupa lo que se pretende hacer.
Telde necesita mejorar sus aceras, su transporte público, la accesibilidad, la seguridad vial y la conexión entre barrios.
Lo que resulta mucho más discutible es que esa transformación tenga que hacerse eliminando cientos de aparcamientos, restringiendo calles, cobrando por estacionar y confiando en que el ciudadano sustituya masivamente el coche por bicicletas que actualmente apenas representan el 0,3% de los desplazamientos.
La sostenibilidad no debería convertirse en una excusa para hacer más difícil la vida diaria de quienes no tienen otra alternativa que utilizar su vehículo.
Antes de quitar aparcamientos, Telde debería garantizar alternativas.
Antes de cerrar calles, debería disponer de un transporte público realmente competitivo.
Y antes de gastar 17,7 millones de euros en cambiar la forma en la que los ciudadanos deben moverse, quizá convendría preguntarles cómo necesitan realmente moverse.
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