Vecinos critican la acumulación de residuos y vandalismo en el Sitio de Interés Científico y la caída del vallado del yacimiento arqueológico.
La playa de Tufia, en Telde, se ha convertido en uno de los arenales más visitado del municipio. Sus características casas de color azul y blanco, el mar cristalino y la riqueza de su fauna marina, han hecho que cada vez sean más las personas que se acercan hasta la zona, sobre todo los aficionados al submarinismo. Pero más allá del atractivo turístico, Tufia alberga también espacios de gran valor natural e histórico. Tras los aparcamientos se encuentran el Sitio de Interés Científico de Tufia, con una franja litoral protegida de 54,1 hectáreas, y el yacimiento arqueológico, dos enclaves fundamentales para conocer el patrimonio del municipio. A pesar de los carteles que informan a los visitantes de que se trata de una zona protegida y recuerdan la prohibición de arrojar residuos, el estado actual del entorno refleja una situación muy diferente. La zona acumula papeles, excrementos, escombros y restos de materiales que deterioran un espacio de especial valor ambiental e, incluso, sentimental para los vecinos.
Las 54 hectáreas del Sitio de Interés Científico de Tufia se extienden entre el aparcamiento principal de la playa y el acceso al arenal de Aguadulce. Este espacio protegido destaca por sus dunas fósiles y por albergar especies de flora amenazada, como el chaparro canario y la piña de mar, dos pequeños arbustos endémicos de las islas más orientales que crecen habitualmente en zonas costeras.
Carteles informativos
Antes de adentrarse en esta zona, varios carteles informan a los visitantes de que se encuentran en un área protegida y recuerdan la importancia de conservar el entorno. Incluso uno de ellos pide expresamente no arrojar papeles ni basura al suelo. Sin embargo, la realidad que se encuentran quienes recorren el lugar resulta muy diferente: justo al lado de la señalización se acumulan restos de excrementos, papeles, toallitas e incluso ropa interior. A ello se suman varios trozos de ladrillos, bloques y una gran acumulación de residuos similares a un vertido de escombros, sobre la que incluso ha comenzado a crecer vegetación.
«A veces salimos a pasear a los animales y nos encontramos a personas desnudas haciendo sus necesidades»
Pero la situación no termina ahí. La valla que protege el espacio del yacimiento arqueológico permanece caída, lo que permite que, aunque la puerta principal del recinto esté cerrada, cualquier persona pueda acceder al interior por uno de los laterales sin apenas dificultad. Este enclave destaca por sus antiguas viviendas trogloditas excavadas en la roca volcánica y por sus construcciones de piedra tosca con formas circulares y cruciformes, elementos que forman parte del patrimonio histórico de la zona.
Los vecinos de las viviendas situadas en los alrededores alertan de que la valla permanece en el suelo desde hace alrededor de tres o cuatro meses y aseguran que, durante este tiempo, varias personas han accedido al yacimiento a través de este punto. Además, denuncian la existencia de actos vandálicos y señalan que en más de una ocasión operarios del Cabildo de Gran Canaria han tenido que acudir para sustituir parte del vallado, después de que se realizaran agujeros y aberturas utilizadas como vías de entrada al recinto.
Baños químicos
«Esto siempre está lleno de basura y de gente haciendo sus necesidades», explica Pino, una de las vecinas que ha vivido toda su vida en la zona y que ha sido testigo del aumento de visitantes y turistas en los últimos años. Según relata, gran parte de los residuos y excrementos que se acumulan en el área protegida proceden de personas que acuden a practicar submarinismo en el entorno, ya que «no tienen dónde cambiarse ni hacer sus necesidades» y terminan utilizando esta zona para ello.
«Un vecino, que vive junto a la playa, sale con una bolsa de basura para recoger los residuos»
Por este motivo, los vecinos reclaman que «desde el Ayuntamiento» o «desde la administración que tenga las competencias» se instale un baño químico en la zona, con el objetivo de evitar que los visitantes sigan utilizando el espacio protegido como lugar para hacer sus necesidades. «Sabemos que aquí no hay baños, pero a veces salimos a pasear a los animales y nos encontramos a personas desnudas haciendo sus necesidades», recalca Pino.
Ante esta situación, en ocasiones son los propios vecinos quienes actúan por iniciativa propia. «Uno de ellos, que vive junto a la playa, sale con una bolsa de basura para recoger los residuos que encuentra a lo largo del camino, imagínate», remata la vecina.
Elena Montesdeoca; laprovincia.es
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