La frase pronunciada por el presidente del PP de Canarias, Manuel Domínguez González, asegurando públicamente que “el presidente del PP en Canarias soy yo y no he dado ninguna orden” sobre un posible acuerdo electoral con Onalia Bueno para el Cabildo de Gran Canaria, ha sido interpretada en numerosos círculos políticos como algo más que una simple aclaración. En realidad, muchos ven en esas palabras un claro mensaje interno dirigido al propio PP de Gran Canaria y a quienes ya empiezan a mover fichas de cara a las elecciones de 2027.
Porque en política, cuando un líder regional sale a recordar públicamente quién manda, rara vez el mensaje va dirigido a la oposición. Normalmente es un aviso interno. Y en este caso, todo apunta a que el destinatario era una parte del PP grancanario que ya había comenzado a dejar caer públicamente posibles acuerdos o entendimientos políticos con la alcaldesa de Mogán.
El debate, además, no es solo político. También tiene un importante componente territorial. Hay quienes entienden dentro y fuera del partido que, aunque Manuel Domínguez sea el máximo dirigente autonómico del PP, la realidad política de Gran Canaria debería decidirse principalmente desde Gran Canaria y por los propios grancanarios.
No deja de ser cierto que Manuel Domínguez nació en Caracas, Venezuela, aunque su trayectoria política y residencia están vinculadas a Tenerife, concretamente a Los Realejos. Y precisamente por eso, algunos sectores consideran que debería existir libertad suficiente para que los dirigentes y afiliados de Gran Canaria decidan quién puede ser la mejor persona para liderar el cartel electoral al Cabildo, ya sea Onalia Bueno u otra figura política que conecte con la realidad de la isla.
Porque en el fondo, este episodio vuelve a poner sobre la mesa un viejo debate histórico en Canarias: el equilibrio de poder entre Tenerife y Gran Canaria. Cada vez que desde la dirección regional se intenta marcar la línea política de otra isla, resurgen voces reclamando autonomía política insular y mayor capacidad de decisión propia.
Pero hay otro elemento que muchos no pasan por alto. Y es que, por encima incluso del presidente regional del PP, está Madrid. Es la dirección nacional del Partido Popular la que, llegado el momento, terminará decidiendo cuál es la mejor estrategia para recuperar el peso político del PP en Gran Canaria.
Y ahí es donde algunos dirigentes y simpatizantes populares consideran que el PP grancanario ha ido perdiendo protagonismo durante los últimos años. Hay quienes sostienen que Manuel Domínguez ha concentrado demasiado poder político en Tenerife, dejando a Gran Canaria en una posición secundaria dentro del organigrama regional del partido.
Una situación que, según esas voces críticas, habría debilitado al PP de Gran Canaria, históricamente considerado uno de los grandes graneros de votos del Partido Popular en Canarias. Por eso, cada vez son más quienes defienden que si el PP quiere volver a ser competitivo en Gran Canaria deberá permitir que la isla recupere voz propia, liderazgo propio y capacidad para decidir quién debe encabezar el proyecto político insular de cara a 2027.
Si el señor Domínguez quiere seguir hundiendo al PP de Gran Canaria, los sufridos afiliados populares de la isla tendrán que empezar a movilizarse y pedir directamente al PP de Madrid que permita al PP grancanario decidir quiénes deben ser sus candidatos. Porque una cosa es la autoridad orgánica regional y otra muy distinta convertir a Gran Canaria en una sucursal sin capacidad de decisión propia.
Claro que también el presidente de la gestora en Gran Canaria tendrá que defender esa posición con claridad. La amistad personal o política entre unos y otros es una cosa; reclamar lo que sea más beneficioso para el partido en Gran Canaria es otra muy distinta.
Porque, quizá, lo que realmente molesta a Manuel Domínguez no es solo el debate sobre Onalia Bueno, sino que esa posibilidad haya nacido como propuesta desde Gran Canaria y de alguien que, además, podría tener más relación directa con Alberto Núñez Feijóo que el propio Domínguez.
Y mientras tanto, los afiliados del PP de Gran Canaria empiezan a hablar. Algunos ya lo dicen sin rodeos: “La balanza política está escorada a Tenerife y así seguirá siendo. A Manolo Domínguez le interesa mantener al PP de Gran Canaria muerto”.
Una frase dura, sí, pero que resume el malestar de una parte de la militancia grancanaria, cansada de ver cómo la isla pierde peso interno mientras Tenerife sigue acumulando poder orgánico, institucional y estratégico dentro del PP canario.
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