Carolina Darias llegó a la alcaldía con la vitola de exministra estrella del sanchismo, presentada como la gran solución para modernizar la ciudad. Sin embargo, a falta de apenas un año para las elecciones municipales de 2027, la sensación en muchos barrios es justamente la contraria:
La manifestación celebrada frente a las Oficinas Municipales de Las Palmas de Gran Canaria no fue una protesta cualquiera. No fue la típica concentración que termina en una foto, un comunicado y un “todo va bien” desde el despacho institucional. Lo de ayer fue algo mucho más serio: el síntoma evidente de que buena parte de la ciudad ha dejado de creer en la gestión de Carolina Darias y en el modelo político que lleva gobernando la capital durante demasiados años.
Bajo el lema “Por la ciudad que nos merecemos”, vecinos de distintos barrios volvieron a salir a la calle cansados de vivir entre promesas, suciedad, inseguridad, obras eternas y servicios públicos que cada día funcionan peor. Y mientras la ciudad protesta, el gobierno municipal sigue instalado en la propaganda institucional y en la política de escaparate.
La portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento capitalino, Jimena Delgado, fue contundente al interpretar el mensaje lanzado por los ciudadanos: los barrios han perdido la confianza en Carolina Darias y en sus socios de gobierno. Y viendo cómo está la ciudad, resulta difícil llevarle la contraria.
Porque la realidad no se tapa con notas de prensa ni con campañas de imagen. Ahí están los vecinos de La Isleta reclamando seguridad y movilidad digna. Ahí están los comerciantes y residentes de Schamann, obligados a salir a la calle después del asesinato de Vicente Reyes para exigir más presencia policial. Ahí están Las Torres, Tafira y tantos otros barrios que sienten que el Ayuntamiento vive completamente desconectado de la vida real.
Mientras tanto, los sindicatos de Policía Local y Bomberos llevan meses denunciando falta de personal, carencias de medios y un deterioro alarmante de servicios esenciales. Pero el gobierno municipal parece más preocupado en vender megaproyectos futuristas que en resolver lo básico: limpiar calles, garantizar seguridad y mantener espacios públicos dignos.
La paradoja es demoledora. Carolina Darias llegó a la alcaldía con la vitola de exministra estrella del sanchismo, presentada como la gran solución para modernizar la ciudad. Sin embargo, a falta de apenas un año para las elecciones municipales de 2027, la sensación en muchos barrios es justamente la contraria: una ciudad agotada, abandonada y atrapada en una gestión que vive más pendiente del titular político que del ciudadano que paga impuestos.
Y en medio de ese desgaste empieza a emerger con fuerza la figura de Jimena Delgado. La portavoz popular se ha convertido, guste más o guste menos, en una de las pocas voces constantes de oposición frente al relato oficial del Ayuntamiento. Mientras otros desaparecen entre silencios estratégicos o cálculos partidistas, Delgado ha logrado situarse en el centro del debate político municipal, fiscalizando proyectos, denunciando la degradación de servicios y poniendo voz al creciente malestar vecinal.
Cada vez son más los que dentro y fuera del Partido Popular ven en ella a la futura candidata popular a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria. Y si la situación actual de la ciudad continúa deteriorándose, nadie descarta que pueda convertirse en una alternativa real de gobierno.
Especialmente llamativa resulta la crítica realizada por Delgado al proyecto del Paseo Guiniguada de la Cultura y las Artes Canarias, una actuación rodeada de dudas y sombras que ya incluso ha provocado la reacción del Colegio Oficial de Arquitectos de Gran Canaria, reclamando actas, informes y criterios de valoración que no han sido publicados.
Que hasta el propio Colegio de Arquitectos tenga que pedir explicaciones formales sobre un proyecto de esta magnitud dice mucho de cómo se están haciendo las cosas en la capital grancanaria. Transparencia selectiva, participación limitada y decisiones de largo alcance tomadas por un gobierno que, según reflejan las protestas vecinales, parece haber perdido gran parte de su crédito político.
La pregunta que empieza a recorrer la ciudad ya no es si existe malestar. Eso es evidente. La verdadera pregunta es cuánto tiempo más podrá sostenerse un gobierno municipal que promete grandes transformaciones mientras los ciudadanos siguen esquivando basura, soportando obras interminables y reclamando algo tan revolucionario como vivir en una ciudad limpia, segura y bien gestionada.
Porque al final, por mucho marketing político que se haga, la calle siempre termina hablando. Y en Las Palmas de Gran Canaria, la calle empieza a hablar demasiado alto para que nadie pueda seguir mirando hacia otro lado.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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