Otra vez Canarias convertida en punto de recepción, contención y gestión de problemas que llegan de fuera. Un día la presión migratoria; otro, una alerta sanitaria internacional con un crucero marcado por el hantavirus atracando en Tenerife. Y mientras tanto, la política canaria vuelve a responder con la misma mezcla de teatralidad, resignación y propaganda identitaria.
Porque aquí está la contradicción central: nunca hubo tantas proclamas sobre “defender Canarias” y, al mismo tiempo, nunca pareció tan evidente la impotencia política del archipiélago.
Canarias vive desde hace años una sensación creciente de periferia, las decisiones importantes llegan empaquetadas desde fuera y las instituciones isleñas actúan demasiadas veces como simples gestoras de consecuencias. La ciudadanía observa cómo las islas soportan una presión migratoria constante, saturación de servicios, tensiones sociales y episodios extraordinarios que se resuelven siempre bajo una lógica de contingencia permanente.
Ante esto el nacionalismo oficial parece instalado en un cómodo simbolismo de escaparate: mucha épica verbal, mucha indignación ritual y muy poca capacidad real de alterar nada. Un nacionalismo pacato, burocrático y subsidiado, que confunde declaraciones altisonantes con soberanía efectiva.
El episodio del hantavirus ha servido para retratar ese vacío. Algunos intentaron convertir una operación sanitaria internacional en una especie de drama colonial improvisado. Pero no todo desacuerdo con Madrid es colonialismo, ni toda gestión de emergencia constituye una humillación nacional. A veces simplemente hay mala coordinación, opacidad administrativa y dirigentes más preocupados por el relato que por la autoridad política real de Canarias.
El problema de fondo no es un barco. Tampoco una crisis concreta. El problema es la percepción cada vez más extendida de que Canarias funciona como territorio periférico de sacrificio: frontera migratoria de Europa, plataforma logística atlántica y espacio turístico intensivo, pero con escasa capacidad para decidir sobre cuestiones que afectan directamente a su estabilidad social y territorial.
Y ahí aparece la gran pregunta incómoda: ¿para qué sirve un nacionalismo que no logra traducir su discurso identitario en poder político efectivo? ¿De qué sirve la retórica patriótica si, cuando llegan las crisis, las islas siguen dependiendo de decisiones tomadas a miles de kilómetros?
Defender Canarias exige algo más difícil que ondear símbolos: exige competencia, autoridad institucional, planificación y capacidad de negociación real. Lo otro es puro nacionalismo de garrafón: estética rebelde para administrar obedientemente la periferia.
Canarias Informativa
Artículos Relacionados
- ESTE ES EL TELDE DE CHABOLAS QUE DEJA NUEVA CANARIAS, COALICIÓN CANARIA Y MÁS POR TELDE
La imagen fue tomada este mismo sábado en La Garita (Telde), por un reportero de…
- COALICIÓN CANARIA SE OLVIDA DEL 'MASPALOMAS COSTA CANARIAS'
CC se olvidó de advertir a la corporación sureña de San Bartolomé de Tirajana de…
- EL 'NACIONALISMO TRANS' DE NUEVA CANARIAS Y COALICIÓN CANARIA
Nueva Canarias y Coalición canaria ejercen la "transpolítica" en nuestro país. Se nos muestran como…


Un comentario
Deprimente CC, no hay liderazgo batalla abierta entre Clavijo y Pablo. Este último, solo vive de imagen y foto, pero no da soluciones. Solo hay que ver a los enchufados de Telde en el Gobierno de Canarias.