Hace apenas unos días, el alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, aparecía radiante en redes sociales, invitando a los vecinos del municipio a disfrutar de lo que él mismo calificaba como “los mejores hinchables del mundo”, instalados en la explanada del Parque Comercial La Mareta. Un vídeo lo mostraba saltando con entusiasmo, conversando con los promotores y haciendo una intensa promoción de este centro de ocio temporal.
Pero lo que no enseñó la cámara fue lo que vendría después. Una mujer ha denunciado públicamente una aparatosa caída en uno de esos hinchables, que le provocó una fractura de hombro de gravedad. Según ha declarado la lesión requerirá una operación quirúrgica urgente esta misma semana.
Hasta aquí, el drama físico. Pero el emocional, y sobre todo el institucional, comienza justo después del golpe.
La afectada relata que, tras el accidente, nadie acudió a socorrerla. No había personal sanitario. No había ningún responsable capacitado en primeros auxilios. No había ni rastro de un protocolo de emergencia. Con el hombro roto y apenas pudiendo moverse, tuvo que arrastrarse por sus propios medios hasta la entrada para pedir ayuda.
“¿Y si esto le hubiese pasado a un niño? ¿Dónde está la responsabilidad? ¿Dónde está el cuidado que se presume en un espacio que promueve el Ayuntamiento?”, se pregunta con indignación.
¿Publicidad sí, seguridad no?
Lo grave no es solo la caída, sino el abandono. La falta total de previsión en una instalación cuya promoción ha sido impulsada por el propio alcalde, con vídeos, palabras y entusiasmo. Pero ¿comprobó Juan Antonio Peña que el recinto contaba con las mínimas medidas de seguridad? ¿Pidió informes? ¿Solicitó un protocolo? ¿Exigió la presencia de personal formado en emergencias? Porque si no lo hizo, no solo promocionó, sino que expuso a cientos de familias a un riesgo innecesario.
La mujer herida alza la voz no solo por ella, sino por todos los que acuden al parque confiando en que todo está controlado. “No podemos permitir que se normalice que el negocio esté por encima de la seguridad de las personas. Al menos debería haber alguien con conocimientos en primeros auxilios. Es lo mínimo.”
La comparación que duele… y revela
Paradójicamente, a escasos minutos de La Mareta, en la Hoya del Cubillo, otros feriantes llevan semanas ofreciendo atracciones con todas las medidas de seguridad exigidas por ley. Tienen vigilantes, personal formado, protocolos, seguros. Todo en regla. Y, curiosamente, allí no ha ido el alcalde, ni ha hecho un solo vídeo, ni una mención en redes sociales.
Es decir: la instalación segura es ignorada, y la que termina con una mujer rota, aplaudida y promovida desde la Alcaldía.
El silencio que duele más que el golpe
Hasta el momento, el alcalde Juan Antonio Peña no ha emitido ninguna declaración sobre este grave suceso, a pesar de haber sido uno de los principales valedores públicos de estas instalaciones. La herida no solo es física. Es la sensación de desamparo, de negligencia, de que nadie miró lo que había detrás del colorido.
Y es que, en Telde, hay golpes que se sienten más allá del cuerpo. Golpes que nacen del olvido, la improvisación y el uso del ocio como espectáculo, sin revisar qué hay debajo del trampolín.
Juan Santana, periodista y locutor de radio


