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«SEÑOR PEÑA, TELDE NO NECESITA TANTAS EMOCIONES INSTITUCIONALES, NECESITA SOLUCIONES»

La reflexión del alcalde sobre los 675 años de historia de Telde contrasta con las preguntas que siguen planteando sus vecinos sobre la contaminación de Melenara, los barrios olvidados, el asfaltado, las empresas públicas y la transparencia municipal. Una crítica política que también nace de la decepción de quien creyó en sus promesas de cambio.

Señor alcalde, Juan Antonio Peña:

Después de leer su extensa y emotiva reflexión sobre la visita del Gobierno de Canarias a Telde, uno termina con la sensación de haber asistido a una película histórica, con banda sonora, lágrimas contenidas y un protagonista profundamente emocionado. Solo faltó que aparecieran los títulos de crédito.

¡Qué capacidad para emocionarse ante una reunión institucional y qué poco espacio dedica en este relato a los problemas cotidianos de los ciudadanos!

Nos cuenta que miró a los ojos al presidente Fernando Clavijo, que sintió el peso de 675 años de historia, que habló desde el corazón y que dio las gracias cuando las cámaras estaban apagadas.

Precioso, señor Peña. Verdaderamente conmovedor.

Pero permítame una pregunta: ¿cuándo piensa mirar con esa misma intensidad a los ojos de los vecinos que siguen esperando soluciones?

Porque mientras usted contempla emocionado las paredes de la Casa Condal, muchos ciudadanos contemplan una realidad bastante menos poética.

Melenara ha vuelto a sufrir cierres al baño por contaminación. El Mercado Municipal continúa esperando su anunciada reapertura. El aparcamiento de San Gregorio sigue siendo motivo de preguntas. Y los vecinos de numerosos barrios quieren saber cuándo llegarán las mejoras que necesitan.

Y HABLEMOS DE LA PARDILLA, SEÑOR ALCALDE

La Pardilla sigue siendo, para muchos de sus vecinos, un pueblo sin la libertad de movimientos que merece, condicionado por problemas de accesibilidad y comunicaciones que dificultan la vida cotidiana.

Un pueblo que también pertenece a Telde, aunque a veces parezca que no figura en el mapa de las grandes emociones institucionales.

¿También miró usted a los ojos a esos vecinos? ¿Les explicó cuándo podrán disfrutar de las mismas condiciones que otros barrios de la ciudad?

Y hablando de igualdad, resulta curioso comprobar cómo unas calles reciben el esperado asfalto mientras otras continúan prácticamente como estaban.

¿Con qué criterios se decide qué calles se asfaltan primero y cuáles siguen esperando? ¿Existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda?

Porque esa es precisamente la sensación que puede instalarse entre los vecinos cuando las actuaciones municipales no van acompañadas de explicaciones claras, prioridades públicas y calendarios conocidos.

Una ciudad no puede avanzar a dos velocidades dependiendo del barrio donde viva cada ciudadano.

FIESTAS PARA UNOS, EXIGENCIAS PARA OTROS

Y ya que hablamos de igualdad, convendría aclarar otro asunto.

¿Por qué se celebran determinadas fiestas en espacios públicos que suscitan quejas por la falta de control, mientras empresarios que aseguran cumplir las normas denuncian sentirse sometidos a una vigilancia mucho más rigurosa?

¿Se aplican los mismos criterios a todos? ¿Se inspecciona con idéntico rigor una actividad organizada en la vía pública que un establecimiento privado?

Porque si existen normas, deben cumplirse por todos. Y si hay empresarios que consideran que están sufriendo un trato desigual, lo procedente es aclararlo con hechos, expedientes y criterios objetivos.

Las normas no pueden ser un traje a medida: exigentes para unos y flexibles para otros.

La actividad económica necesita seguridad jurídica, respeto y reglas iguales. No puede instalarse entre quienes generan empleo la sensación de que unos disfrutan de facilidades mientras otros tienen que superar un auténtico recorrido de obstáculos administrativos.

EMPRESAS PÚBLICAS: ¿DÓNDE ESTÁ LA TRANSPARENCIA?

Tampoco podemos olvidarnos de las empresas públicas municipales.

Señor Peña, tanto hablar de confianza institucional debería llevarnos también a hablar de transparencia.

¿Dónde están las explicaciones completas sobre la gestión, los gastos, los contratos y las decisiones de las empresas públicas municipales?

¿Disponen los ciudadanos de información clara, accesible y actualizada sobre cómo se administra su dinero?

Porque la transparencia no consiste en publicar fotografías de reuniones, sino en facilitar documentación, rendir cuentas y responder a las preguntas incómodas.

Especialmente cuando hablamos de dinero público.

Y aquí surge otra pregunta: ¿qué sucede con las explicaciones pendientes sobre determinados asuntos relacionados con Gestel y con la gestión de recursos municipales?

Señor alcalde, no basta con proclamar transparencia. Hay que practicarla, también cuando los documentos que se solicitan o las preguntas que se formulan resultan políticamente incómodos.

MELENARA: MENOS DISCURSOS Y MÁS RESPUESTAS

Pero hay un asunto que merece algo más que un párrafo, señor alcalde: Melenara.

Póngase a trabajar y díganos qué está pasando en Telde.

Explique qué se sabe de los episodios de contaminación, qué análisis se han realizado, qué administraciones están interviniendo y qué medidas concretas se están adoptando para evitar nuevos cierres.

¿De dónde proceden los vertidos que preocupan a los vecinos? ¿Se ha podido identificar su origen? ¿Qué actuaciones se han realizado y cuáles están pendientes?

Si todavía no se conoce la causa, dígalo claramente. Pero explique también qué se está haciendo para encontrarla.

Porque los ciudadanos tienen derecho a conocer lo que está sucediendo en su litoral.

Los comerciantes, los hosteleros, los vecinos y quienes acuden a nuestras playas necesitan certezas.

La reiteración de episodios de contaminación exige información pública, coordinación entre administraciones y medidas eficaces.

Y también exige que quienes tienen responsabilidades políticas expliquen qué han hecho, qué están haciendo y qué piensan hacer.

Porque Melenara no necesita otro discurso emotivo. Necesita respuestas.

¿DÓNDE ESTÁ AQUEL MUCHACHO QUE QUERÍA CAMBIAR TELDE?

Y ahora permítame recordarle algo, señor Peña.

¿Se acuerda de aquel muchacho que, desde los bancos de la oposición, quería cambiarlo absolutamente todo en Telde?

Aquel joven concejal que reclamaba explicaciones, cuestionaba la gestión municipal y exigía respuestas a quienes gobernaban.

Aquel que parecía tener soluciones para tantos problemas y que prometía una manera diferente de hacer política.

Pues bien, señor Peña, ahora es usted el alcalde.

Ahora tiene la responsabilidad de gobernar, de impulsar soluciones, de coordinar a su equipo y de rendir cuentas ante los ciudadanos.

Haga, aunque sea por una vez, lo que exigía aquel muchacho desde la oposición.

Recupere aquella energía, aquella insistencia y aquellas ganas de cambiar las cosas.

Pero esta vez no para señalar desde el otro lado del salón de plenos, sino para asumir las responsabilidades que le corresponden desde la Alcaldía.

Porque la pregunta es inevitable:

¿Dónde está aquel Juan Antonio Peña que quería cambiar Telde? ¿Era una convicción política o aquello era puro teatro?

Ahora tiene la oportunidad de demostrarlo con hechos.

No se trata de negar las actuaciones que se hayan impulsado ni las inversiones anunciadas. Bienvenidas sean todas las mejoras.

Pero los anuncios deben transformarse en realidades, con presupuestos, plazos y resultados comprobables.

Porque gobernar no consiste en emocionarse contando la historia de Telde, sino en trabajar para resolver los problemas de quienes viven en ella.

LAS CÁMARAS SE APAGAN, PERO LOS PROBLEMAS CONTINÚAN

También nos habla usted de lealtad institucional.

Magnífico concepto.

Pero la primera lealtad de un alcalde debe ser hacia sus vecinos, incluidos aquellos que discrepan de sus decisiones o le exigen explicaciones.

Y, por cierto, señor Peña, no deja de resultar curioso que dedique tantos párrafos a explicarnos lo que ocurrió cuando desaparecieron las cámaras.

Para ser un momento tan íntimo, reservado y alejado del foco mediático, ha terminado usted convirtiéndolo en una auténtica superproducción literaria.

Nos dice que quiere que esta etapa sea recordada como aquella en la que Telde recuperó la confianza.

La historia, señor alcalde, no la escriben las publicaciones de Facebook ni los discursos de agradecimiento.

La escriben los hechos.

Y los hechos deberán demostrar si aquella reunión sirvió para mejorar la vida de los teldenses o si simplemente fue una jornada de fotografías, felicitaciones y discursos solemnes.

675 años de historia merecen respeto.

Pero los ciudadanos que viven hoy en Telde también merecen respuestas.

Los vecinos de La Pardilla merecen soluciones. Los de las calles pendientes de asfaltado merecen explicaciones. Los empresarios merecen igualdad de trato. Los ciudadanos merecen transparencia en las empresas públicas.

Y quienes sufren problemas en sus barrios merecen algo más que palabras bonitas.

Porque Telde no puede convertirse en una ciudad donde las fiestas tengan siempre protagonismo y los problemas se queden esperando detrás del escenario.

Aquí se celebra todo: los aniversarios, las tradiciones, los acontecimientos institucionales y hasta el paso de las horas.

Y está bien celebrar.

Pero también estaría bien que las explicaciones públicas fueran tan frecuentes como los festejos.

Celebremos el aniversario, por supuesto. Agradezcamos las visitas institucionales y respetemos la representación que merece nuestra ciudad.

Pero no confundamos la solemnidad de un acto con el balance de una gestión.

SEÑOR PEÑA, NO SE LO TOME COMO ALGO PERSONAL

Y ahora quiero terminar con una reflexión que va mucho más allá de la crítica política.

No se tome usted estas palabras como algo personal. No tengo nada contra usted como persona. Mi crítica está dirigida a su gestión como alcalde de Telde.

Simplemente quiero expresar una decepción que comparto con quienes, como yo, hace ahora cuatro años creíamos que, por fin, alguien llegaría dispuesto a cambiar el rumbo de nuestra ciudad.

Yo también llegué a creer en aquel joven político que, desde la oposición, hablaba de una Telde diferente, de transparencia, de soluciones y de recuperar el orgullo de vivir en nuestra tierra.

Creía sinceramente que Telde volvería a ser aquella ciudad que conocimos años atrás. Una ciudad con vida, con oportunidades, con sus barrios atendidos, con sus calles cuidadas y con una administración cercana a sus ciudadanos.

Una ciudad de la que pudiéramos volver a sentirnos orgullosos, no solamente por sus 675 años de historia, sino por su presente y por las oportunidades que ofreciera a las generaciones futuras.

Pensé que aquel muchacho tenía la ilusión, la voluntad y la determinación necesarias para conseguirlo.

Y no tengo inconveniente en reconocerlo públicamente.

Yo también creí que Juan Antonio Peña podía representar una nueva etapa para Telde.

Por eso, señor alcalde, estas palabras no nacen del enfrentamiento personal.

Nacen de la decepción de quien tuvo esperanza.

De quien creyó que esta vez las cosas podían ser diferentes.

De quien pensó que las promesas formuladas desde la oposición se convertirían en soluciones cuando llegara la responsabilidad de gobernar.

Y precisamente porque tuve aquella esperanza, hoy me siento con el derecho de preguntar qué ha ocurrido con aquel proyecto de cambio.

No me preocupa que un alcalde se emocione.

Me preocupa que los ciudadanos pierdan la ilusión.

Y créame, señor Peña, resulta mucho más triste perder la confianza en quien uno creyó que podía cambiar las cosas que discrepar de quien nunca despertó esa esperanza.

Todavía está a tiempo de demostrar que aquel muchacho de la oposición no era un personaje construido para una campaña electoral.

Que sus palabras eran sinceras.

Que sus compromisos eran reales.

Y que aquella voluntad de transformar Telde sigue existiendo.

Pero para demostrarlo hacen falta hechos.

MENOS EMOCIONES Y MÁS GESTIÓN

Y termino devolviéndole sus dos palabras favoritas de aquella jornada: muchas gracias.

Muchas gracias por compartir sus emociones, señor alcalde.

Ahora, si no es mucha molestia, menos literatura institucional, menos protagonismo y más explicaciones sobre los problemas de Telde.

Póngase a trabajar.

Cuéntenos qué está pasando en nuestra ciudad y qué soluciones está impulsando su Gobierno.

Explíquenos qué ocurre con Melenara, con los barrios, con las calles pendientes de asfaltado, con las empresas públicas, con la transparencia y con tantos compromisos que continúan siendo motivo de preocupación.

Y, sobre todo, recuerde a aquel joven político que desde la oposición reclamaba cambios, transparencia y responsabilidad.

Porque si todo aquello era sincero, ahora es el momento de demostrarlo.

Y si solo era teatro político, los ciudadanos tienen derecho a preguntárselo.

Las cámaras se apagan, las autoridades se marchan y los discursos se olvidan.

Pero los vecinos siguen aquí.

Con sus problemas.

Con sus preguntas.

Y esperando soluciones.

Y para eso, señor Peña, no hacen falta otros 675 años.

Telde necesita un alcalde que, además de emocionarse con su historia, dé respuestas a su presente.

Y yo, señor Peña, sigo esperando que aquel muchacho en el que creí hace cuatro años aparezca algún día en el despacho de la Alcaldía.

Porque sería una verdadera lástima que aquella esperanza de cambio terminara siendo solamente un bonito recuerdo de la oposición.

Y no olvide algo, señor Peña: la mayor decepción de un ciudadano no es descubrir que un político no puede hacerlo todo. Es descubrir que aquel que prometía cambiarlo todo, cuando llega al poder, tiene cada vez más dificultades para explicar qué ha cambiado realmente.

Juan Santana, periodista y locutor de radio

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