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«EL VALOR INVISIBLE QUE SOSTIENE NUESTRAS CALLES»

Cada 3 de noviembre, con la llegada de la festividad de San Martín de Porres, conocido cariñosamente como «Fray Escoba» y patrono de la limpieza pública, se nos presenta la ocasión perfecta para mirar de frente una labor tan cotidiana como imprescindible. Salimos a la calle, transitamos aceras despejadas, respiramos un entorno cuidado y, con demasiada frecuencia, olvidamos que detrás de ese orden hay un equipo humano.

San Martín de Porres nos dejó una máxima hermosa y profunda: «Todo, incluso barrer, raspar verduras… podría ser una oración, si se ofreciera a Dios». Esa dignidad del trabajo manual, de lo humilde pero transformador, es la que abanderan cada madrugada los operarios de la limpieza viaria y la recogida de residuos. No importa si azota el frío, si llueve con fuerza o si el calor aprieta en pleno verano; ellos están ahí, sosteniendo la higiene, la salud pública y la estética de nuestra ciudad.

Vivimos de prisa, transitando calles que asumimos limpias cada mañana sin detenernos a pensar en el engranaje invisible que lo hace posible. El trabajo de los operarios de la limpieza pública, de la recogida de residuos y del mantenimiento urbano es uno de los pilares más esenciales y a menudo más invisibles de nuestra sociedad.

Cuando exigimos calles impecables, se nos olvida con frecuencia exigir y demostrar respeto hacia la persona que empuja el carrito o vacía el contenedor. La labor de limpieza no es un trabajo secundario; es salud pública, es bienestar colectivo y es civismo en estado puro. Hacer honor a San Martín de Porres significa entender que cada bolsa de basura bien depositada en su sitio, cada respeto al horario y, sobre todo, cada saludo y cada reconocimiento cotidiano hacia estos operarios y operarias, es la mejor manera de honrar su patronazgo.

Reconocer su labor en su día no debería ser un gesto protocolario de una sola jornada al año, sino un ejercicio permanente de empatía ciudadana. Cuidar el espacio común, reciclar con conciencia y facilitar su trabajo diario es, al fin y al cabo, la mejor manera de decirles gracias.

Hoy, en el día de su patrono, va mi aplauso más sincero para quienes limpian las huellas de nuestra prisa y mantienen viva, con escoba en mano, la dignidad de lo colectivo.

María Inmaculada González Calderín concejala de Limpieza Viaria y Recogida de Residuos Sólidos

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