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TOMÁS ARENCIBIA: «LA ONU, LA OMS Y LAS NARCOS-FARMACÉUTICAS» (PRIMERA PARTE)

El presupuesto de la ONU proviene de pagos obligatorios de los 193 Estados miembros para el presupuesto ordinario -según la riqueza y la capacidad económica de cada país (PIB)-, de cuotas separadas destinadas exclusivamente a financiar las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (Cascos Azules); y de fondos que los gobiernos aportan libremente, para Agencias clave de ayuda humanitaria como UNICEF o el Programa Mundial de Alimentos (PMA) que se financian al 100% de forma voluntaria, destacando Estados Unidos como el mayor contribuyente histórico, aportando el 22% del presupuesto ordinario total.
 
 
La OMS cuenta con una estructura financiera muy particular, ya que la mayor parte de su dinero no proviene de cuotas fijas sino de:
– Contribuciones fijadas (menos del 20%): Son las tasas oficiales que los países pagan por el hecho de ser miembros. También se calculan según el PIB nacional.
– Contribuciones voluntarias (más del 80%): El grueso de la financiación procede de donaciones de gobiernos, otras agencias de la ONU, ONGs y el sector privado. 
 
Estos fondos suelen estar vinculados a programas de salud muy específicos definidos por el donante, siendo sus mayores financiadores el Gobierno de Estados Unidos y, en el ámbito privado, la Fundación Bill y Melinda Gates, que es el segundo mayor contribuyente de todo el organismo.
 
                          

 
En la ONU: ESPAÑA como Estado miembro asume una cuota obligatoria al presupuesto ordinario calculada según su PIB. 
 
Adicionalmente, el Gobierno español canaliza fondos específicos para ayuda humanitaria mediante agencias como UNRWA o el Programa Mundial de Alimentos.
 
En la OMS: ESPAÑA realiza sus aportaciones mediante compromisos plurianuales estructurados a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
 
A diferencia de la ONU, donde los Estados marcan el rumbo político casi en su totalidad, la OMS al depender de fondos externos para más del 75-80% de su presupuesto básico, se abre la puerta a que corporaciones y fundaciones privadas generen expectativas de ventaja y dilemas estructurales -aunque el capital privado, permita financiar a gran escala campañas de erradicación de enfermedades específicas, como la polio o la malaria, que de otro modo carecerían de fondos suficientes-. 
 
Además, las fundaciones filantrópicas (como la Fundación Bill y Melinda Gates) aportan el dinero condicionado a un proyecto específico… Esto significa que la agenda de salud mundial no siempre la dictan las necesidades sanitarias de los países más vulnerables, sino los intereses de los propios donantes, creando un conflicto de intereses con las farmacéuticas …
 

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