El 22 de octubre se publicó en el BOE una orden ministerial que concede a Altamarena, S.A. la ocupación de 12.622 metros cuadrados de dominio público marítimo-terrestre en la playa del Matorral, en Pájara, Fuerteventura. Son treinta años, prorrogables otros treinta, y sin canon.
Según informa Diario de Fuerteventura, esos terrenos corresponden al propio hotel, construido sobre un antiguo saladar, una zona húmeda costera. No estamos ante una nueva parcela de arena adjudicada para levantar otro complejo. Estamos ante la consolidación, por seis décadas y gratis, de lo que se hizo sobre un ecosistema que ya no existe.
Lo que se perdió y lo que se blinda
Un saladar no es un solar vacío que no vale nada, es un humedal costero, un espacio de alto valor ecológico que amortigua, filtra y alberga vida, y que en el Archipiélago hemos ido perdiendo a base de piche y cemento. Que se construyera encima fue una decisión de otra época, y tenemos que apechugar con ella, lo que toca discutir hoy es qué hacemos con ese legado. ¿Continuamos igual o empezamos el cambio?
La respuesta ha sido legitimarlo. Treinta años de ocupación, prorrogables otros treinta, sin que la empresa pague un euro de canon por usar un bien que es de todos. Se ampara en la disposición transitoria primera de la Ley de Costas, que regula los terrenos que fueron privados antes de 1988 y que el deslinde acabó incorporando al dominio público. Es LEGAL, y precisamente porque es legal conviene preguntarse a quién sirve una ley que convierte un error territorial en un uso casi perpetuo y gratuito.
Quién decide
La orden la firma la Dirección General de la Costa y el Mar, en el Ministerio para la Transición Ecológica, en Madrid. No la toma el Cabildo de Fuerteventura, ni el Ayuntamiento de Pájara, ni el Gobierno de Canarias.
Y ojo, que Canarias ya gestiona parte de su litoral desde el traspaso de 2023. Pero lo que de verdad pesa, las concesiones de este tipo, los límites del dominio público y el canon, se lo quedó el Estado español. Nos pasaron lo del día a día y se reservaron lo importante pa ellos. Así que seguimos siendo una autonomía que presume de competencias y que no controla plenamente ni su propia costa.
Podemos opinar, podemos alegar, podemos quejarnos, pero la última palabra se firma siempre fuera. Los partidos estatales (PP, PSOE, Vox, Podemos, Sumar, etc.), del color que sean, no pueden poner el Archipiélago por delante del Estado español, porque su estructura orgánica no se lo permite, y los hechos, legislatura tras legislatura, lo confirman.
Las consecuencias, mientras tanto, las soportamos aquí. El agua que se gasta, el suelo que se ocupa, las carreteras saturadas, la vivienda que se evapora cuando todo se vuelve negocio vacacional, el acceso a la orilla que se estrecha un poco más. El beneficio es privado y, en este caso, sin ninguna contraprestación para la tierra que lo sufre.
Otro modelo
Por eso en Liberación Canaria no queremos seguir administrando este modelo, queremos cambiarlo, con propuestas concretas.
- Una moratoria turística inmediata, para frenar un crecimiento que consume territorio, agua, energía y vivienda a un ritmo que un Archipiélago limitado no puede sostener. Lo del saladar ya no tiene vuelta atrás, la moratoria sirve pa que no se repita.
- Un impuesto por pernoctación cuyo dinero se quede aquí y vaya a servicios públicos, a proteger el territorio y a diversificar la economía. Quien se beneficia de nuestro entorno tiene que contribuir a conservarlo.
- Una apuesta real por la economía azul, el sector primario, la industria, la tecnología, la investigación y las energías limpias, para dejar de poner todos los huevos en la misma cesta del turismo y vivir siempre con el agua al cuello. Diversificar es la clave.
- Control canario sobre nuestras costas, nuestro mar y sus recursos. Sin capacidad de decisión, cualquier plan que hagamos es una sugerencia que Madrid puede archivar.
No es acabar con el turismo
Que quede claro, pa que nadie nos ponga en la boca lo que no hemos dicho, no se trata de acabar con el turismo, sino de dejar de someter Canarias a sus intereses. Menos crecimiento, más valor y más riqueza permaneciendo en nuestra tierra.
Nuestro litoral no puede ser gratuito para las grandes empresas y ajeno para el pueblo canario. El saladar del Matorral ya no volverá. Lo que sí podemos decidir es que la próxima vez que se hable de nuestra costa, se haga desde aquí, con nosotros sentados a la mesa, y que lo que genere este sector, se quede en el país.
Esa es la diferencia entre administrar un modelo ajeno y construir uno propio
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