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SEÑOR OJEDA: ¿QUÉ HAN HECHO DURANTE ESTOS TRES AÑOS?

El asesor del Alcalde de Telde que trabaja con el Grupo Popular describe los obstáculos que sufre Telde, pero deja pendiente la principal explicación: qué ha hecho el gobierno al que asesora para resolverlos.

El artículo de Claudio Ojeda sobre la lentitud de las licencias urbanísticas merece una reflexión. Porque una cosa es explicar los problemas de la Administración y otra, bastante distinta, responder por la gestión de quienes llevan cerca de tres años gobernándola.

Señor Ojeda: el diagnóstico está escrito. Faltan técnicos, faltan medios jurídicos, sobran demoras y los expedientes recorren un laberinto administrativo. Pero después de leer su exposición, la pregunta sigue intacta: ¿qué han hecho ustedes durante este mandato y qué soluciones concretas han recibido los ciudadanos?

Usted escribe desde su condición de asesor del grupo Popular en el Ayuntamiento, una formación que participa en el gobierno municipal. Esa posición exige acompañar las reflexiones con un balance. El vecino que espera una licencia necesita saber cuánto se ha reducido la espera, cuántos expedientes pendientes se han resuelto y qué medidas tienen fecha de aplicación.

Explicar que la maquinaria no funciona, después de años formando parte del equipo que debe hacerla funcionar, resulta insuficiente.

Los funcionarios necesitan medios; los responsables políticos deben explicar cómo los han procurado. En eso su propio texto ofrece un punto de partida razonable: no se puede exigir indefinidamente más esfuerzo a unos técnicos sobrecargados. Precisamente por eso cabe preguntar cuándo se detectaron esas carencias, qué refuerzos se solicitaron y qué resultados han dado.

Ahora conocemos, por su relato, que se ha estudiado una posible colaboración con el Colegio de Arquitectos. La propuesta merece ser examinada. Pero entre estudiar una posibilidad y conseguir que un ciudadano obtenga su licencia en un plazo razonable hay una distancia que se mide en decisiones, recursos y ejecución.

¿Existe ya un calendario? ¿Hay una propuesta de convenio? ¿Qué trámites permitiría agilizar y cuándo se notarían sus efectos?

Una reunión puede ser el comienzo de una solución. Convertirla en motivo de reconocimiento político antes de mostrar resultados parece precipitado. Que Iván Sánchez conozca la materia por su profesión de arquitecto hace todavía más pertinente pedirle concreción.

El ejemplo de los aparcamientos de San Gregorio tampoco despeja las dudas. Según explica usted, Vías y Obras y Fomentas llevan más de un año completando informes y documentación. Presenta ese atasco como demostración de la complejidad administrativa. Pero para los ciudadanos también plantea una cuestión de gestión: ¿qué se ha hecho durante ese tiempo para desbloquearlo?

Si el nombramiento de un jefe de servicio permitiría avanzar, corresponde explicar en qué situación está ese nombramiento y qué falta para culminarlo. Los vecinos necesitan fechas y compromisos comprobables. La expresión «permitiría avanzar» ofrece una expectativa; todavía no ofrece un resultado.

También merece una explicación pública la dedicación del concejal y su compatibilidad con la actividad profesional privada. Señor Ojeda, su artículo destaca la condición de arquitecto de Iván Sánchez como una ventaja para abordar estos problemas. Esa experiencia también hace pertinente exigir transparencia sobre cómo se separan sus responsabilidades públicas de sus intereses profesionales.

Si su despacho ha presentado proyectos ante el Ayuntamiento durante este mandato, sería conveniente conocer los plazos y criterios aplicados a esos expedientes y compararlos con otros equivalentes. Sin documentación no cabe afirmar que hayan recibido trato preferente, pero sí exigir información que permita comprobar la igualdad de trato.

La rapidez administrativa debe estar al alcance de todos los ciudadanos. Publicar datos sobre los tiempos de resolución ayudaría mucho más que cualquier intercambio de reproches.

También procede explicar qué dedicación efectiva ha prestado el concejal al Ayuntamiento y cómo ha organizado sus responsabilidades. Para valorar esa dedicación hacen falta hechos y resultados. Con una ciudad pendiente de actuaciones importantes, esa rendición de cuentas debería formar parte de cualquier balance político.

Y hay algo más que resulta difícil de entender, señor Ojeda: ese tono de quien viene ahora a dar lecciones sobre cómo debe funcionar el Ayuntamiento. Usted también tuvo responsabilidades municipales. Su trayectoria como concejal merece el mismo examen que hoy propone para los problemas de Telde.

Antes de presentar recetas, sería conveniente que explicara qué resolvió durante aquella etapa, qué asuntos dejó pendientes y qué errores reconoce. La experiencia sirve para orientar cuando viene acompañada de autocrítica. Invocarla como autoridad exige aceptar también las preguntas incómodas sobre el propio balance.

También podría explicar cómo y por qué terminó su etapa como representante municipal. Esa pregunta no presupone ninguna irregularidad: reclama un relato completo de una trayectoria que forma parte del debate político.

Lo que resulta poco convincente es aparecer ahora como profesor de una asignatura sobre la que también debe rendir cuentas. Telde necesita soluciones y memoria: para examinar a quienes gobiernan y también a quienes los asesoran.

Lo más llamativo de su reflexión llega cuando traslada las prioridades al próximo mandato. Licencias más ágiles, vivienda social y revisión del planeamiento aparecen como compromisos que deberían recoger los futuros programas electorales.

Señor Ojeda, ¿y el mandato actual?

¿Acaso esas necesidades acaban de aparecer? ¿Tiene que esperar el ciudadano a otra campaña para escuchar de nuevo que ahora sí habrá una Administración eficaz?

La política municipal corre el riesgo de convertirse en una prórroga permanente: durante el mandato se explican las dificultades y al llegar las elecciones se promete resolverlas en el siguiente. El vecino pone la paciencia; el calendario político pone la nueva fecha.

Y ante la posibilidad de que Iván Sánchez aspire a la Alcaldía, la pregunta resulta todavía más pertinente: ¿con qué balance de gestión pretende pedir una responsabilidad mayor?

A juicio de quien firma, lo expuesto en su artículo no acredita una gestión a la altura de las necesidades descritas. Antes de solicitar la confianza para dirigir toda la ciudad, corresponde explicar qué se ha conseguido en el área que ya se tiene encomendada.

Y convendría despejar otra incógnita: ¿ofrecería una dedicación exclusiva al Ayuntamiento o plantearía compatibilizar la Alcaldía con su actividad profesional? Dicho con claridad: ¿también se propone una Alcaldía a tiempo compartido? Los ciudadanos merecen conocer ese compromiso antes de votar.

Su artículo acierta cuando recuerda que detrás de cada licencia hay una familia, una empresa o un proyecto de vida. Precisamente por eso, el retraso merece algo más que una explicación comprensiva. Quien gobierna debe mostrar qué ha cambiado gracias a su intervención.

No se exige resolver en tres años todos los problemas acumulados de Telde. Se exige acreditar avances, reconocer lo que no se ha conseguido y asumir responsabilidades sin refugiarse permanentemente en la complejidad del procedimiento.

Antes de presentar los deberes del próximo mandato, presenten el balance de este.

¿Cuántas soluciones han llegado a los ciudadanos? ¿Cuánto tiempo han ganado quienes esperaban? ¿Qué compromisos se han cumplido?

Ese es el artículo que falta, señor Ojeda. Porque Telde ya conoce sus problemas. Lo que necesita conocer son los resultados de quienes tienen la responsabilidad de ayudar a resolverlos.

JUAN SANTANA HERNANDEZ, Periodista y Locutor

Un comentario

  1. Telde . La Ciudadad del abandono

    Titulado : Torear al ciudadano

    _ Se caracteriza por darle al pueblo una serie de capotazos
    Para luego girarnos .

    ! Para que solo veamos una parte ! La que ( Claudio Ojeda ) quiere que veamos

    Toreándonos … Troleándonos
    Su muleta . La labia

    Dirigiendonos.
    Para  seguir engañándonos  

    Esto ya es un clásico . En tauromaquia política se llama

    Torear al ciudadano

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