La palabra karma que en el budismo japonés, se conoce como gō (業)se ha popularizado tanto en nuestra cultura que con frecuencia se utiliza para describir una especie de premio o castigo cósmico: “eso es karma”, solemos decir cuando alguien recibe las consecuencias de sus actos. Sin embargo, este uso se aleja bastante de su significado original. En la tradición budista, el karma no es un sistema de recompensas y castigos, ni una condena impuesta desde fuera. Es, más bien, la ley de causa y efecto aplicada a nuestras acciones, pensamientos e intenciones.
Por ello, el Dalái Lama advierte sobre una interpretación errónea muy extendida: atribuir todo lo que nos ocurre al karma pasado y adoptar una actitud de resignación. Resulta fácil pensar: “Esto me sucede por mi karma, no hay nada que pueda hacer”. Sin embargo, esta visión nos convierte en espectadores pasivos de nuestra propia vida. El verdadero sentido del karma no es justificar la impotencia, sino despertar la responsabilidad. Aunque las acciones pasadas influyen en las circunstancias presentes, no determinan por completo nuestro futuro. Cada pensamiento, cada decisión y cada acción consciente generan nuevas causas que acabarán produciendo nuevos efectos.
Cambiar el karma no significa borrar el pasado, sino transformar el presente. La atención consciente, la reflexión, la compasión, la disciplina y las acciones constructivas son herramientas que nos permiten crear nuevas condiciones para la vida. La pregunta deja de ser “¿por qué me ocurre esto?” y pasa a ser “¿qué puedo hacer hoy para sembrar mejores causas?”.
En la vida cotidiana esto puede verse con claridad. Imaginemos a una persona que reacciona siempre con enfado cuando recibe una crítica. Con el tiempo, esa actitud genera discusiones, distancia y conflictos en sus relaciones. Una comprensión superficial del karma la llevaría a pensar que está destinada a vivir rodeada de problemas. Sin embargo, una comprensión más profunda le invita a observar las causas que está creando. Si aprende a escuchar, a responder con serenidad y a desarrollar empatía, empezará a generar una dinámica distinta. Poco a poco, los resultados cambiarán porque también han cambiado las causas.
Lo mismo sucede en la práctica de las artes marciales. Un alumno puede sentirse frustrado porque no progresa tan rápido como otros y convencerse de que carece de talento o de que su situación está marcada por un karma desfavorable. Pero el karma no es una sentencia inamovible. Cada entrenamiento realizado con perseverancia, humildad y atención crea nuevas causas. Cada corrección aceptada, cada repetición consciente y cada esfuerzo sostenido siembran las condiciones para un desarrollo futuro. La habilidad, la confianza y la estabilidad mental no aparecen de forma repentina; son el fruto de innumerables acciones acumuladas a lo largo del tiempo.
Desde esta perspectiva, el karma no es una fuerza que nos castiga por el pasado, sino una enseñanza que nos recuerda que el futuro se construye en el presente. Como en la vida y como en el dojo, cada acción es una semilla. Y en cada semilla existe siempre la posibilidad de una transformación.
En los lazos del budō,
PedroUnryū
Artículos Relacionados
- Más Por Telde pide más transparencia al Ayuntamiento
Más Por Telde exige al Ayuntamiento más transparencia y solicita que les proporcionen varios documentos…
- QUINTA COLUMNA: Más allá del periodismo...
Dicen, cuentan, se escucha por los callejones del frío San Juan, que cierta periodista de…
- Más quejas de baches en Telde
Aunque no se lo crean, esto está en el barrio Los Llanos de Jaraquemada del…


