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«LA IDENTIDAD CANARIA SE DEFIENDE EJERCIÉNDOLA»

La propuesta de reconocer la identidad canaria como un derecho básico abre un debate que merece más profundidad que una disputa partidista. Nuestra identidad existe en la lengua cotidiana, la memoria aborigen, las fiestas, la música, los oficios, la relación con el mar y las formas comunitarias de entender la vida. Pero convertirla en una declaración jurídica solo tendrá sentido si se traduce en protección y conocimiento.

La identidad no puede utilizarse para excluir. Canarias siempre ha sido lugar de encuentros, migraciones y mezclas. Defender lo propio no exige levantar una frontera emocional contra quien llega. Una cultura segura de sí misma es capaz de recibir influencias sin desaparecer y de compartir su patrimonio sin convertirlo en mercancía vacía.

El primer espacio de defensa es la educación. Muchos estudiantes conocen acontecimientos lejanos y apenas pueden explicar la historia de su municipio, el significado de un topónimo o la riqueza de la tradición oral. Incorporar contenidos canarios no significa encerrarse en las islas. Significa ofrecer un punto de partida desde el que comprender el mundo.

También debemos proteger a quienes mantienen viva la cultura. Artesanos, músicos, escritores, investigadores, narradores orales y colectivos vecinales realizan un trabajo que suele depender de convocatorias irregulares y entusiasmo personal. No basta con invitarlos a una celebración institucional. Necesitan espacios, continuidad y una remuneración digna.

La identidad se juega igualmente en el territorio. Un paisaje destruido, un yacimiento abandonado o un barrio transformado sin memoria representan pérdidas culturales. No podemos defender símbolos mientras permitimos que desaparezcan los lugares que les dan sentido. Patrimonio y planificación deben hablarse.

Conviene huir, además, de una identidad congelada. Canarias no es una postal antigua. La creación contemporánea, la vida urbana, la tecnología y las experiencias de los jóvenes también forman parte de lo canario. Una cultura viva cambia sin romper el hilo con quienes estuvieron antes.

Reconocer un derecho puede ofrecer herramientas, pero la identidad no se conserva únicamente en un boletín oficial. Se conserva hablándola, investigándola, enseñándola y tratándola con respeto. La mejor defensa de lo canario no consiste en repetir que somos diferentes, sino en conocer por qué lo somos y decidir colectivamente qué queremos transmitir.

Vidal Bolaños, escritor y comunicador

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